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EL CALLEJÓN DEL CHICLE

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Hay un símbolo de protesta en la pared, lo dejé con mi saliva. También dejé una flor con pétalos azules y naranjas. Si alguien despega mi símbolo y mi flor encontrarán mi ADN. Es mi callejón exclusivo, por donde pasé tantos años dejando mi aliento, y mi pesar. Donde también forniqué la primera vez. Un lugar poco transitado, de paredes húmedas, hediondo y humeante. Caldos que salían pringándolo todo para luego evaporarse. Él era mi día a día, mi tránsito y mi discurrir. Ahí, mis dulces petrificados forman ahora esas flores y símbolos de paz. Del primero que fijé en esa pared, cubriéndola ya existen miles. Están a ambos lados del callejón. Cada dulce pegado a conciencia, o colgando como moco de velas. Tuve momentos en mi vida en los que digerí esa goma de mascar. Cuánto más grande era el problema, mayor era la pompa que yo hacía. Terminaba doliéndome la mandíbula. Activar mi saliva ayudaba a llevar la depresión que agarré por entonces. ...

El BOTIJO EXPRESO

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Un entremés costumbrista, popular, español. Inspirado en aquellos años cuando las vacaciones a la playa eran muy, pero que muy diferentes. Dos protagonistas. Son trabajadores mandados por la empresa para pasar unos dias en la playa y tomar unos baños, curativos. El tren, uno de esos de asientos de madera y en los que la gente sacaba la tortilla y los filetes empanados de la fiambrera, y se compartía con todos los viajeros del vagón. Eso sí, lo que no podía faltar era, el botijo para beber agua. Con la calor del viaje, el botijo la mantenía bien fresquita. Y no, nos engañemos. La verdadera aventura: era el viaje en tren. Para la gran mayoría, era una novedad. En los vagones, había gritos y bullicio y mucho, mucho humo de cigarro. Pero todavía no hemos salido. En el andén esperan nuestros dos protagonistas. Salen de Madrid y van a Murcia en el Botijo expreso. Sí, era así realmente como se llamaba el tren. Y nuestros protagonistas son: Bufete y Talegón.     —B. U...

PUNTO FINAL Y CINCO ACTOS

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1º. Sobre el tablero de la mesa redonda, cerca del borde quemado por la plancha, y junto a un plato con restos de huevo frito, ahí, queda un trozo de papel rasgado. Parece una nota. Y hay un bolígrafo roto junto a ella. Parte del tubo y la bola de tungsteno de esa punta del boli, han salido disparados hacia la estantería, chocando con una estatuilla de gato chino, para terminar, ahogados, en el desagüe del fregadero. Un fregadero colmado de sartenes y platos mugrientos. En ese trozo ajado de papel hay manchas de gasolina configurando un grabado. Las letras son zurdas, algunas impresas sobre pequeñas transparencias redondas de aceite frito, y sólo, y únicamente, pueden ser de ELLA . Un individuo en estos momentos sale colérico de esa vivienda al leer la nota. Su prisa le hace dar un portazo. Y una ráfaga de aire empuja la nota al suelo. La última frase escrita en ella se vuelca por gravidez y el punto final que está reventado, aplastado con rabia, se despega. Disparado...

AMOR PARA DOS RUEDAS Y CHAQUETA AZUL

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Mi condición de vida tiene una fecha de caducidad. La veo cada día, de lleno, cara a cara, como si estuviera dentro de las paredes de un envase de leche. Siento que habito en una especie de funda que me aprieta, tanto, que a veces me ahoga. Solo los flashes de sensualidad de algunos de mis amores me reviven. Los considero mis balizas de obra, que mientras trabajan, ponen el cartel: “prohibido pasar, algo se recupera”. Rodar con ellos es como subirme a una noria de chocolate y no parar de comérmela a bocados. Y no siempre me puedo subir a ella. Solo Elma y Javier han conseguido hacerme girar. Rodar con Elma. Fue fugaz. Consiguió lo impensable. Mi corazón latía junto a ella con un pulso acelerado, con ganas de gastar las cubiertas de goma y que el roce del tiempo apremiara la ocasión para abrazarla. Éramos fieles en todo lo que venía rodado. Elma hizo que todos los estímulos me rozaran la piel y se me fijaran como parches. A Elma la conocí sobre una bicicleta naranja. ...

LA POMPASA

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La Pompasa. Una atrevida. La llaman así porque pasa y repasa por donde se le antoja el capricho. Mira, que ahí sale, flota que te flota, despidiendo aires, la muy rechoncha. Todo el mundo la ve brillar, por toda la cara; cara que tiene mucha, cara que le sobra. Será por eso que la siguen. Y persiguen, por si alguno, la alcanza. — Ay qué caló, chiquilla, que me derrito ná ma verte. — Faito, que se acelera con la Pompasa. Esta fresca ha nacido  escamondá de un cubo y una lazada .  En una plaza cerca de la Giralda. Y si lo piensas, no hay mejor lugar. Vamos, que  ni una lata la hace sonar . ¡Ay, que se la lleva el viento, ay que se la lleva el aire! Digo que te digo. Dime lo que quieras, que esta chichirivaina se te sube a lo alto… de la Giralda. Embelesá mira la Pompasa ahora el campanario. —¿Qué pássa? Que no hay má bello alminár de mezquita ni minarete que se aprecie p´asomarse lozana el día que una nace. Ni la Kutubía de Marraké supera a mi Gi...

IGNORADA

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No me reconoces. He sido despojada de todo. Ignorada. Y aquí me hallo, con la presión de un cristal afilado en las muñecas, cuando ya mi estado de permanencia comienza a ser volátil. Volátil. Y no me reconoces. Me abrazo a mi vientre bajo estos cartones que me protegen de la noche e intento gritarle al mundo. Pero mi voz sale quebrada, tan hueca como las cáscaras de huevo que tiré hace rato. Ignorada. Todos han acortado mi vida al máximo, incluso yo misma. Yo, misma. No me reconoces. Hasta yo dudo de mi procedencia, de mis orígenes. Me siento como esa comida basura que me encuentro en el banco de una plaza, en papeleras, a orilla de una playa. Sin identidad, abandonada. Abandonada. En este instante solo despierto la conciencia de quién se apiada. El resto, mantiene la incredulidad…¡ Valientes desgraciados! Ignorada. Pero libre de caraduras y especulación. Sí, soy adultera desde mi nacimiento con la cuna madurada fuera de tiempo. Pero ahora ando acelerando...