OBSESIÓN
Camille no atendía a razones. Solía ser bastante terca. Si se le metía algo en la cabeza, no paraba hasta conseguirlo. Una vez me dijo que era por lógica. Que cedería si tuviese una clara razón. Camille era una maniática. Llevaba siempre una libreta y apuntaba los pros y contras de cualquier situación que se le atravesara. Su fuerte carácter contrastaba bastante con su débil estado de salud. Quizás ahí radicase sus fuertes dolores de cabeza y que, para librarse de ellos gruñía para adentro y discutía con todo. Pero no fue su cabezonería lo que me atrajo de ella. Cuando la conocí en Perpiñán, tenía un punto de extravagancia en su forma de vestir. Y, sobre todo, en su peinado. Y no era esa la moda de entonces. Es que ella era bastante rompedora. Única en todo. También me fijé en su extrema delgadez. Siendo una criatura alta apenas pesaba sesenta kilos. Su extravagancia tocaba límites. No solo para llamar la atención, ésta formaba parte de sus obsesiones. Se teñía de azul su...