27.4.19

LOS INHALANTES DEL CALENDARIO





Día 28

(…) Trabajar en una droguería ha sido lo mejor que he hecho. Hay mil placeres de formas y colores, diferentes tamaños y toodos ligeros: lacas, desodorantes, ambientadores. Duulces todos. Adoro los nitritos de amilo y butilo, son un amor... ¿El popper? ¿Conoces los poppers? Quién lo diría, mira la mosquita... también, esos me ponen alerta, aunque mis preferidos son las cápsulas desodorantes... ¿Oye fumas? ¿Tienes fuego? Mira… bonito, se nota que tienes pasta ¿eh? Yo colecciono encendedores… Su olor… Si quieres, podemos quedar luego, tú olor tampoco anda mal del todo... vale, ¡qué estrecha! Hay que probar… También inhalo ambientadores, cloroformo y globos de la risa. Ah, los globos de colores, hermosos e inofensivos. (…) Todo comenzó con la repostería, la culpable. Empecé a usar el sifón, óxido nitroso, esas espumas frías y calientes, de mango, frambuesa, con nata, para hacer merengue ¡Calla, que estoy! los esponjosos bizcochos y las cremas batidas…pá comerte…

Día 29

(…) ¿Cómo empecé? Bien sencillo: no hacer caso. Debemos ignorar las advertencias. En la caja pone: “Nunca respire su contenido”. “Un uso indebido puede perjudicar la salud” caso omiso. Imágenes de muerte, calaveras, rayos y demás, igual que la cajetilla de tabaco, ignorar; “Es muy tóxico, en caso de peligro llamar al control de envenenamiento” ¡lo pruebas! todo es experimentar (...) Los malos consejos hoy en día están en boga, envidia, pura envidia. Sabes, también soy un experto en globos y anestesias, aunque el éter lo suelo bolsear en vez de globearlo.., robarlo, y después, globearlo. Una calma chicha, oyes cantos de sirenas.

Día 30

(…) Mucho trapo usas tú ¿Y esto es lo que tú llamas rehabilitación? Yo no necesito a nadie. Soy diferente a todos... Bueno, ¡qué presión! Relájate mujer; ya lo cuento… Al menos hoy no tengo los ojos coloraos, ves... Empecé con el quitaesmalte de mi madre, ella me hacía callar sentándome en sus piernas mientras se pintaba las uñas; después vino el quitapintura y el quitagrasa, de mi padre, eso fue cuando le ayudaba en el taller, y un día, quité la tapadera de la gasolina, eso fue al comprarme mi primer coche. Después me casé, y claro, me enganché al refrigerante, luego vino el líquido de frenos. Tuvimos hijos. Ya después, no paré. No le hacía ascos ni a los tanques de propano de la barbacoa familiar, ni a los limpiadores de los teclados del ordenador de mi primer trabajo, el único serio, sabes (..) La mayoría de las veces me los esnifo, otras me los rocío, sí, directamente en la nariz o le saco el sabor en la boca... ¡prueba! chica se te ve como las grullas, tiesa... Coge un colocón, es euforia pura, el corazón a mil... ¿la lengua? esa te la para un rato…

Día 31

(…) ¿Quién demonios me mandaría venir aquí? Solo soy un retórico de mí mismo. Me pregunto tantas cosas... ♫ ¿Quién me puede sacar de este dulce momento, estoy parado por tener el cuerpo dentro? ♫... No, no contesto. Las preguntas las hago yo ¿sabes?, no te has enterado, jala un burro nena... Todo fue por curiosidad, comencé a ver estrellas, no lo tenía muy claro, eran unos puntos brillantes (...) ¡Sssh! alguien se aproxima por el lateral. Me gusta el placer y cuando puedo, me echo más, mira, todavía me quedan en el bolsillo del pantalón. Es polvo. Afrodisia pura... ¿quieres? Toma, coge un poco... ¿no? ahí lo dejo, por si…

El mismo día, pasando página.

(…) ¿Qué? ¿Qué te parece una frivolidad lo que digo? No sabes el día que he tenido hoy en el Centro... Deja de controlarme, a veces te pareces a mi madre, una copa no me va a ser daño, además, son ya diez años que lo dejé. Necesito despejarme... Querido, se de prevención de recaídas no te creas, llevo años en este proyecto... ¿Obsesiva? ¡No me puedo creer que me llames obsesiva porque me implico en mi trabajo! ¡Qué patético me pareces a veces!

No me lo puedo creer, brrr… mi, propio marido… ¡¿Qué mi comportamiento ya no es competente con esa gente?!...  ekja, ekja... sniff … Cada uno profundiza en el drama de los demás como quiere…, pone, sus ilusiones… ¡qué irreverente!… esas personas… esas… personas… están solas… espiando a… a…sus fantasmas…
Yo…voy despacio… miro… y… ahí está… el Añana… el valle… je,je...

Día 1

(…) Vi la plancha de pegamento bajo el armario: una trampa para ratones. ¿Qué sádico puede crear semejante salvajada? Lo mismo podría pasar por encima las patas del gato o del perro; el pelaje se le quedaría totalmente pegado, sin movimiento alguno ¿Y si entrara una paloma por la ventana y se posara sobre ella? dejaría amordazado para siempre su plumaje ¿o si lo hiciera un delicado gorrión despistado? Todos morirían exhaustos y cansados; agónicos suplicando compasión... Esas trampas han sido lo más sanguinario que se ha inventado. Primero fueron los cepos de muelles, luego ratoneras eléctricas, pero la trampa del pegamento, la más salvaje (...) Ja, ja, ja si crees que el pegamento para ratones es macabro, te voy a hablar de perversidad, además con unos resultados de los más psicodélicos; te quedarás enganchada para siempre...

Cierre de agenda.


¿Qué miras? sí, todos los días es lo mismo y hay más casos, ni te imaginas, pero intento bajar al centro de gravedad, sabes (...)








17.4.19

LA FLECHA DE NOTRE DAME






Cruje la madera. Saltan chispas.

El pesado entramado del ático se ilumina con un rayo crepuscular gris y las fibras de celulosa crepitan; su corazón interno se deforma como una falla. Los espíritus huidos de la revolución se movilizan, dejan la guarida, aquí fueron indigentes por siglos y ahora, huyen, salen por los huecos estrechos que dejan los pasillos de las buhardillas. El ensamblaje de vigas, apenas iluminado por los ventanucos, se comienza a deformar. El humo satura el vacío.

La campana Enmanuelle enmudece mientras que el monstruo de cola larga que agarrado al tejado estuvo, ahora cae al vacío. El dragón apagado atraviesa el tétrico andamiaje, ese postizo de la renovación, del que ahora se sospecha como causa y origen. Las nubes de humo se enfilan desde el interior, salen por el orificio que ha dejado el estallido del rosetón. Caen lágrimas multicolores como bengalas apagadas, sin estelas doradas, ahora ya en el suelo los fragmentos son únicamente tizne.

La cruz latina del templo se parte,  el crucero arde como un volcán; los arbotantes de piedra ya no se sostienen como antes, quedan huérfanos de flanco. El escamado de roble de las cubiertas, ya carbonizado, agoniza en caída libre en un haraquiri desde las alturas. El arcángel flautista aupado en el remate de la nave central ha dejado de tocar, ahora hace equilibrio sobre el frontal de piedra en una enorme boca de fuego.


Imagen de los medios de comunicación durante el incendio día 15 abril



Lloran Víctor Hugo y su jorobado Quasimodo, están desolados. Arde en verdad “Notre Dame de París”. Tantos demonios en sus puertas y en sus alturas, y ahora, relegados a la ruinas que quedan. Un acto impune que ninguno de ellos ha podido presagiar. Apagado el fuego, deliberan los diablos si acaso fuese el desenlace de una provocación o tal vez una venganza, la de Júpiter mismamente, por construirse la catedral sobre su templo romano.













Viollet-le-Duc vestido de bronce junto a los santos varones, apóstoles, evangelistas permanecen resguardados del incendio, no caen al vacío con la aguja del cimborrio, no cae el artista con su obra, esa flecha caprichosa que hizo construir de nuevo sobre el crucero catedralicio. El arquitecto siente arder con la decadencia acelerada y la ruina provocada, dejando atrás en las torres, a sus quimeras. Allí, desamparados su elefante pigmeo, el pelicano de pico engarzado y el alquimista del gorro frigio, quedan desvalidos y horrorizados hasta que un día pueda estar su creador de nuevo en las alturas. Quién iba a imaginar que le-Duc, el reformador de Notre Dame, visión y razón, el que dejara su escultura encaramada en lo más alto con los celestiales y mirando la aguja, pudiera ver abrasada entre las llamas su hermosa obra gótica.











Las quimeras mitad humano y mitad animal intentan huir, pero arden, arden sin quemarse, arden sus pezuñas, garras y picos, alas y cuernos; mientras que en el otro pasillo serpenteante, las demás criaturas grotescas se asoman, gritan desde las torres, no pueden creer lo que ven: entre llamas y humo se desmorona la flecha, cae el techo de la nave central, entretanto que las bocanadas del fuego les escupe en sus caras las bóvedas convertidas en restos de brasas incandescentes.









«Ahora hay que recuperar la obra con su calidad y esencia»  diría le-Duc. Recuperar lo que fue y la magnitud de lo que había sido. Ya estaría manos a la obra sino fuera por que ha caído su esperanza de inmortalidad. Dos tercios del tejado se han derrumbado, la armadura destruida y una parte de las bóvedas desmoronada, devoradas por las llamas, quemadas.

Calcinada queda la gran dama, oscura su alma como la noche.

Dicen que en esa negrura han visto deambular entre los restos calcinados lo que parecieran ser trasgos; otros afirman que volaban harpías sobre las ruinas.

*





Describo este momento con un gran pesar por haber visto la catedral de Notre Dame antes del incendio y así os lo he querido mostrar con estas imágenes. Tras un viaje en 2014 que estuvimos en París, subimos a Notre Dame y allí, en sus torres, pude contemplar la magnificencia de la obra; deambulé cerca de estos techos y me encontré con esas criaturas y ese brocado, ese tejado, esas figuras que rodeaban a la aguja, esa flecha maravillosa, mil detalles que ni imaginas que puede haber en las alturas. Quiero pensar que tras esta desgracia haya un signo mágico oculto entre las torres, un augurio de restauración donde no se distinga las partes añadidas de las originales y entonces, Notre Dame ahora mutilada renacerá de su propia materia tapando sus cicatrices.









11.4.19

EL TRANCE












El único sonido palpitante en la sala es la cámara fría. Fuera, un sol abre el día con un piar y un viento batiente. Ella sola. Solas, ella y yo. Dos en una sala que aguarda y es una estancia vacía. Cuatro sofás negros, cuatro sillas y por el gran ventanal hay dos palmeras, dos cipreses que asoman como postigos de centinelas. Dos más dos son cinco, porque hay un cuadro, una pintura que arrastra ese color negro de la sala, un pictograma entre cielo e infierno, rasgado en azul y que a brochazos deja salir una nube amarilla, un sesgo que se oblicua en rojo y una uve negra que se agranda, en uve de vencida.

El suelo gris de la sala se deja ondular por el calor mientras el azul del cuadro se derrama sobre el negro. Un lago escondido va tras la nube y un fuego fatuo está en espera a que pase la nave funeraria. Unas pisadas quiebran el espejismo, son los vínculos que llegan, entre ellos tantas vidas ajenas. Mientras que la vida y la muerte se abrazan, hay llantos que despiertan a esos espíritus que aguardan en este trance, el tránsito de ella entre sudario y ceniza.