27.2.17

DONDE LA TIERRA SE ACABA





Dijeron: “Corred, corred, hasta que la tierra deje de existir bajo los pies”

El farero por última vez acaricia su vieja radio de lámparas, el  molino de viento que la cargaba ya no existe. El farero nunca acabó esa barca que quedaría sola entre los riscos para que el oleaje la destrozara. Nunca terminó de leer aquella novela de ballenas y tempestades que dejó olvidada, y todavía se arrepiente de no haberlo hecho.




La torre prismática con linterna y cúpula roja ya no es la que era. El anciano la mira de lejos, acompasa su macula a la distancia, ladea su cara y el faro le deja entrever los cristales de la linterna. Sus dedos pulgar e índice se escapan a otro plano del momento. Se le asoman frente a su cara; se van sobre la junta de los cristales. Son hábiles. Con entereza, están ahora pegados a esa textura plástica de la masilla para unir las zonas deterioradas. Los dedos derrochan tanta agilidad que se llevan al resto de la mano con ellos. El anciano tiene sus manos en alto, parece que intente coger el faro. Está absorto en sus recuerdos. Vuelve su vista de nuevo al oleaje que rompe bajo el faro. Sus ojos se han ido desgastando pero han percibido lo suficiente para saber que la profundidad del océano siempre ha compartido con él su fuerza y le ha revelado sus propósitos. No hubo ningún naufragio en su costa mientras él estuvo aquí.

El torrero, así le llaman al anciano, acaba aquí su historia frente al océano, esperando a que éste lo engulla para siempre. Se ha encendido la luz del faro por última vez. El aparato óptico está impecable para el momento.





-El tiempo se presenta bravío. El océano acabará levantándose con un fuerte oleaje que irá en aumento. El viento no se acunará esta vez en la costa, pero sí lo hará en altamar y arreciará tanto que se tragará la tierra. El farero prepara su último informe meteorológico, su último registro.






El océano ha dejado su huella impresa en toda la costa mientras velaba su forma como lo hace un guardián en la puerta de un castillo. Sus aguas eran mensajeras del límite; aguas comisionadas del litoral, de aquellos puertos, playas, fondeaderos y bahías. Su caldo salino corroía, nunca se alejaba, estaba cada vez más y más cerca, desmenuzaba la tierra grano a grano, capa a capa, para cubrir los fondos y edificar su reino. Construcciones de piedra volcánica. Arcos y cúpulas fosilizados a la arena vista que se cubrirían de algas y arrecifes en el tiempo. Columnas de basalto y paredes levantadas de conchas. Habrá senderos de setos de corales, madréporas; y un jardín de algas multicolores que asomaran entre los sargazos y posidonias.







El tiempo ha deshelado los glaciares hasta derretirlos por completo, poco a poco las fisuras oceánicas se han separado y han empujado las masas salinas sobre el continente, absorbiéndolo. El agua ha carcomido el mineral poco a poco. Sus burbujas de aire han  creado grietas y cavidades, perfilando a su capricho. Se caen arcos, se derrumban cuevas. Las paredes de conchas marinas, de carbonato y arcilla, se van deshaciendo. Los islotes navegan arrancados de su eje primario. Las franjas de luz, margas y argilitas rojas,  se fracturan como arco iris roto descocido del firmamento. Facies sedimentadas que se hunden para volver a sus orígenes.






El que creó descrea porque tiene el poder. Ya lo dijo el océano:-Cambiaré los tiempos y sus vientos. Mis tormentas arreciaran más y más. Me elevaré sobre la tierra hasta hacerla desaparecer,quedará enterrada en mis profundidades. 

Y que este mensaje se extienda por todo el universo. “Si el ingenio y el arte me asistieren, esparciré por cuantos mundos fueren. Mudan los tiempos y las voluntades; se muda el ser, se muda la confianza. El mundo se compone de mudanza tomando siempre nuevas calidades” Luis de Camoes.





Tu memoria desaparecerá para siempre y nunca más sabrás que estuviste en la tierra, quedará en tu mente como una radiografía de lo que fue entonces. Vuestro cuerpo se irá alargando. Los brazos y piernas se acortaran y se convertirán en aletas. Hay quién engrosará la piel y en “selkies” se convertirá y a otros les saldrán escamas como si fueran sirenas. Los pulmones se plegaran. Todo alma errante en la tierra se volverá al agua como lo hicieron delfines y ballenas






El farero espera en su cabo de espalda al monolito de piedra. Su faro alumbra su altura dejando la sombra caer al precipicio. Sobrecogidos, con miedo ausente, miran a la costa. Juntos esperan el abrazo no dado, no estrechado del océano. El viento se hace permanente, salvaje. Cambia la luz del cielo. Ya empieza a cortarse la ropa a jirones. Hay un oso polar que vaga, solitario, entre las rocas de la playa.




El Cabo da Roca es un sobrecogedor mirador de la costa portuguesa frente al Océano Atlántico, situado a sólo 40 km al oeste de Lisboa y a unos 18 km de Sintra. El principal atractivo de este lugar es que está ubicado en el punto más occidental del continente europeo. Este faro, de 22 metros de altura, fue el tercero instalado en la costa portuguesa y comenzó a operar en 1772. Actualmente sigue en funcionamiento, asegurando la señalización marítima entre Cabo da Roca y Ericeira, un tradicional poblado de pescadores que se encuentra hacia el norte.

Impresionante La Ponta da Piedade. Esos Acantilados rocosos de un color entre amarillo y rojizo que con la luz del sol muestran un veteado único. Rocas esculpidas por el mar de forma caprichosa con aristas que dan paso a cavernas, islotes, túneles y arcos. La fuerte erosión del océano ha creado un fantástico paisaje con pequeñas playas paradisíacas. Los acantilados de arenisca tienen unos fondos oscuros que se aprecian con el oleaje tranquilo y que contrastan con el ocre que emerge. La Ponta da Piedade, o Punta de la Piedad, está a 3km al sur de Lagos, en el extremo meridional de la bahía de Lagos en la región de Faro. 

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23.2.17

VIAJE EN FEMENINO








Este es un viaje muy especial en el tiempo. Mi tiempo. YO formo parte de él, TÚ también, y tantas personas, mujeres y hombres, que estáis por el mundo leyendo esto.

Derechos, trabajo y reivindicación. Para mí son grandes palabras todas estas porque dan paso a otras dos: INDEPENDENCIA Y LIBERTAD.


Pero en época de crisis hay paradojas en cuanto a todo esto. Los chicos y chicas de ahora están más cualificados y están peor pagados Y las chicas aún más, y tardarán más tiempo incluso en encontrar TRABAJO.







Cuenta la historia que en los momentos duros la sociedad se hace mixta 
es decir, hombres y mujeres se desenvuelven en los mismos trabajos salvando esas barreras físicas y psicológicas. Los dos tienen que ser productivos para salir adelante.






Pero, mucho me temo que esto no pueda ocurrir y no lo ha hecho todavía con los tiempos que corren ¿por qué? hay una diferencia más grande, es que uno de ellos es reproductivo. Y parece ser que no encaja mucho lo de ser PRODUCTIVO y REPRODUCTIVO a la vez.

Nunca creí que iba a llegar a decir esto: tener hijos hace parar el tiempo profesional de la mujer sí, es verdad sino ¿es que acaso la sociedad no considera la reproducción como algo improductivo?

¿Hacia dónde vamos realmente cuándo el crecimiento de la población en la mente, y no digo solo masculina, ralentiza el desarrollo económico? Y esta es una de las cuestiones más importantes por las que hay esas grandes diferencias de derechos, salarios y consideración entre los sexos. 






Hay desigualdades en todos los sectores laborales e incluso se afianza en regiones. En Andalucía, mis orígenes y donde vivo, es un ejemplo. Aquí se marcan las diferencias desde hace tiempo y poco progreso ahí al respecto. No sé en vuestras regiones o países como será.

Yo creía que la crisis iba a ayudar a conciliar vida laboral, familiar y personal y no es así ¿hace falta una acción bélica como las guerras mundiales para que hombres y mujeres desarrollen los mismos trabajos?

Sí, ha avanzado muchísimo el campo de la tecnología y de las comunicaciones pero ésta cuestión de desigualdad se ha quedado parada en el tiempo. Y no se trata de ocupar sillones, ni cargos directivos, ni tomar decisiones sino de poder desarrollar tu vida personal y profesional simplemente.







Las chicas y los chicos de ahora siguen usando su tiempo libre de forma diferente. Los roles ante el avance social siguen estando bastante diferenciados para bien y para mal. 

El "modus vivendi" de la generación de ahora tampoco está ayudando mucho a la igualdad de derechos.

Sí, hay muchos más grados académicos, masters, pero ¿hay sentido común? ¿hay más capacidad de juicio para poder afrontar la vida?

La moda y la publicidad impuesta por los medios tampoco ayuda mucho. Y es difícil huir de todo esto en un sistema manipulador que atrapa y refleja aún más si cabe la desigualdad y estereotipos que existen.
   




Y para colmo los movimientos políticos y religiosos, poderes sociales y económicos ¿acaso no creéis que van marcando cada vez más esta desigualdad?






Siguen muriendo mujeres a manos de sus parejas, se cobra menos que los varones y la brecha salarial llega, en promedio, al 27%. Se arrastra sobre los hombros de las mujeres las consecuencias de la crisis. Recorte en servicios sociales para el cuidado de enfermos, mayores y niños. Se sigue pensando que las tareas domésticas y de cuidado son trabajo que no se remunera y suma, al menos, tres horas más a la jornada laboral.

"El colectivo 'Ni una menos' está impulsando una iniciativa que busca que el 8 de marzo las mujeres de al menos 30 países se unan y hagan un paro contra los feminicidios, la desigualdad salarial y la explotación económica.
Esta iniciativa comenzó en Argentina, donde los feminicidios han llamado la atención de medios nacionales e internacionales. Grupos feministas de países como Australia, Bolivia, Brasil, Chile, Costa Rica, República Checa, Ecuador, Inglaterra, Francia, Alemania, Guatemala, Honduras, Islandia, Irlanda del Norte, República de Irlanda, Israel, Italia, México, Nicaragua, Perú, Polonia, Rusia, Salvador, Escocia, Corea del Sur, Suecia, Togo, Turquía, Uruguay y EEUU, han dicho que se sumarán a esta iniciativa el 8 de marzo".





15.2.17

LA HUIDA EN CUATRO NOCHES






La llamaban la ciudad roja. Fue la ciudad que durante un tiempo había despertado a la clase obrera. En ella su gente pudo romper la frontera, la que siempre había existido, la que separaba ricos y pobres. En tiempos pasados la mayoría de sus pobladores se levantaban en una orilla y vendían su fuerza de trabajo en la otra. Gente, la mayoría analfabeta, que conoció la educación, la que se ceñía con aparejos de inquietudes e hilos de creatividad. Pero poco tiempo duró este sueño agarrado a las entrañas, poco serían los ateneos libertarios. Tuvieron que huir porque se les empezaban a descolgar los hombros por abrazarse al miedo y por taparse la cara al pánico. 




A esta ciudad se le acalló el bullicio de sus calles con la huida de esta gente, su gente. Salieron a prisa como bandadas de pájaros migratorios, como estorninos despavoridos por los cartuchos de un cazador. Desde aquel día fueron desapareciendo estas aves de color.  Pasarían semanas, meses, años y algunos volverían de nuevo. Fueron pocos.  La mayoría quedaron por el camino con sus cuerpos desmenuzados entre las piedras, fundidos en el polvo. Otros emigrarían a otros lugares, para siempre, los más alejados de esta ciudad.

La ciudad peligraba quedándose tan sola. Quedaba vulnerable, desconfiada y con la puerta abierta. Una puerta de agua que la fue ahogando en humo y pólvora. Entraron por ella alianzas de poder y avanzadillas de barbarie. Camisas negras, camisas azules le atacaron por tierra, mar y aire. Una lucha desigual, uno de esos desequilibrios de balanzas, con pesas diferentes de ideales, fe y moral.





Más de cien mil almas huyendo de ella. Cuatro días con sus cuatro noches. El miedo se apoderó de toda esta gente provocando el mayor éxodo conocido hasta entonces. Muchos pueblos cercanos se unirían hasta quedar desiertos. Tal fue el miedo y la desmoralización que crearon estas alianzas enemigas que huirían casi todos despavoridos; y después, si pretendían volver, con su arrepentimiento le degollarían. La huida fue en silencio, con este cuchillo en la espalda y con los pies solapados a las piedras. La mayoría eran mujeres, niños y ancianos. Iban huyendo, susurrando y gimiendo, ahogados en rumores de moros que venían cortando cabezas a los hombres y pechos a las mujeres. Iban sobre mulos y bueyes, con maletas y bultos, unos arrastrados, otros en la cabeza. Envueltos en una manta y agarrados a un puñado de habas.  Con la cara aplastada sobre la tierra se escondían de día y caminaban de noche. Escondidos bajo puentes, tras la sombra de torres, en los túneles del tren o tirados en cunetas. Obuses a bocajarro. A primera hora de la mañana metralla de aviones y a mediodía bombardeos navales. Pocas casas para hospedarse y muchos montes pelados y cañaverales. Durmiendo en cementerios. Camiones sin llantas y aviones volando bajo, comiéndoselos. A su paso algunos árboles suicidas con horcas desesperadas y ríos ahogados con cauces reventados. Las pizarras desgranadas de la roca por la metralla y el bombardeo y los obuses seguían lapidando vidas. Pies llenos de llagas, reventados, ensangrentados y a cada paso un grito de dolor en sus sandalias de trapo. Niños gritando locos por sus familias perdidas, con el miedo abrazado a las rodillas, esperando morir ametrallados.








Un solo socorro: una ambulancia. Hacia delante, hacia atrás, recogiendo heridos y gente desmayada. La esperanza de salvar vidas de un doctor canadiense con una furgoneta y una única unidad de transfusión de sangre.
La ciudad roja se fracturó como lo hace un globo al volar alto con un temporal en contra, al final lo hace desaparecer. Sus pedazos bajo el fuego quedaran dispersos en cunetas y arroyos, en túneles, puentes y  campos de cañas. Ahí quedaron como paquetes lacrados de vida y abiertos en canal por el pánico y el terror.






La gente que consiguió llegar a otro puerto continuaría sufriendo. Seguiría sintiendo arder su cerebro con nuevos bombardeos, una pesadilla que les duraría toda la vida. Otros pasarían con odio a campos de concentración con una taza de leche y un puñado de pan seco. Serían refugiados de otras provincias, de otros países. Muchos de ellos, niños que serían adoptados temporalmente. Quedarían en barracas o embarcarían con destino incierto. La mayoría de los que deciden volver de nuevo a la ciudad,  serían encarcelados. Es el comienzo de una vida incierta llena de mentiras y miedos. Al final de tanto sufrimiento a algunos se les quitarían la vida. Fusilados. Otros quedaron para trabajar con la dignidad eclipsada de la que fue la ciudad roja.





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El 8 de febrero de 1937 comenzaría una masacre en la carretera de Málaga a Almería “La Desbandá”. Un ataque a civiles durante la Guerra Civil Española que duraría 4 días. Una multitud de refugiados andaluces, la mayoría malagueños, se calcula que unas 300.000 personas, abarrotaron la carretera N-340 (la única salida) huyendo de la leyenda negra y lo harían hacia Almería (ciudad bajo el control del Ejército Popular Republicano). Entre ellos mi madre y su familia, mi abuela embarazada. Se encaminaron a este destino. Recorrerían 200 km, los que se salvaran, porque muchos no llegaron. Le atacaron tropas nacionales apoyadas por fuerzas marroquíes, alemanas e italianas, por mar, tierra y aire; causando la muerte de muchos. Un testigo que lo relató y lo documentó en su libro, un doctor canadiense, era Norman Bethune, acompañado de Hazen Sise (autor de gran parte de estas fotografías) que dejó constancia de lo sucedido. Un episodio de la historia de España olvidado y silenciado durante muchas décadas. Una memoria recobrada en las páginas gracias a las fosas de los fusilados y a la memoria de la vieja generación que se va acallando en este siglo XXI. Los historiadores Maribel Brenes y Andrés Fernández han sacado a la luz esta historia con datos, de la penumbra bibliográfica a los hechos exactos. Se celebra este mes el 80 Aniversario de esta huida por la costa, con actos emotivos de recuerdo y grupos de personas que recorren este trayecto por la costa malagueña y granadina hasta llegar a Almería. Se considera un precedente sanguinario de episodios de locura como los de Siberia o los campos de concentración hitlerianos. 

Manifestación para despertar el olvido y las conciencias con la esperanza que no se vuelva a repetir. La mejor manera de cicatrizar las crueles heridas con la palabra libre.

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Aportación de Carmen Pinedo en su comentario:

“Hay un cuadro de Klee que se llama Angelus Novus. En ese cuadro se representa a un ángel que parece a punto de alejarse de algo a lo que mira fijamente. Los ojos se le ven desorbitados, tiene la boca abierta y además las alas desplegadas. Pues este aspecto deberá tener el ángel de la historia. Él ha vuelto el rostro hacia el pasado. Donde ante nosotros aparece una cadena de datos, él ve una única catástrofe que amontona incansablemente ruina tras ruina y se las va arrojando a los pies. Bien le gustaría detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo destrozado. Pero, soplando desde el Paraíso, una tempestad se enreda en sus alas, y es tan fuerte que el ángel no puede cerrarlas. Esta tempestad lo empuja incontenible hacia el futuro, al cual vuelve la espalda mientras el cúmulo de ruinas ante él va creciendo hasta el cielo. Lo que llamamos progreso es justamente esta tempestad” (Walter Benjamin).

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Según https://es.wikipedia.org/wiki/Angelus_Novus

El ángel representa una alegoría de la «utopía mesiánica», que se resiste al progreso y que simboliza la catástrofe interminable. El filósofo Giorgio Agamben  identifica al ángel con el hombre moderno, quien, al perder contacto con su pasado, es incapaz de encontrar su lugar en la historia.




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3.2.17

DISFRACES






Una servidora, santa, santa, como que no es. Del significado solo tengo la dedicación. Será por comodidad o por un desarreglo de nacimiento (que yo ignoro) pero saber, lo que se dice saber, me falta, pero que mucho.  Para aprender vengo siempre dispuesta a cualquier casa, rincón o donde un hueco me dejen. Si bien, y de lo poco que recuerdo, se que de niña fui con velo, no de novicia, esto lo digo sin duda. Me encantaba llevar flores de colores, rompía con ese blanco de pureza e inocencia. Después tocó llevar toga, negra (dicen que es seriedad la sapienza) y estola (solo para la foto) sin birrete claro, que éste después vendría importado. ¡Cómo se pierde el verdadero uso original de las cosas! Como este sombrerito de forma prismática que servía para escribir donde un papel se dejara entonces y mesa faltara.

Pero si de disfraces se trata, me gustan las transformaciones, sobre el papel y sobre el escenario. El mundo no es el que se ve, sino el que cada uno se figura que es. Fanáticos somos de la sospecha en rincones y plazas. Unos miran con ignorancia y otros con perversidad, unos ríen y otros lloran, puesto que de empatías se trata. ¿Acaso no llevamos cada uno un mundo a cuestas? Como los trajes, unos sobre los hombros y otros ajustados al talle. Y rajas, quebraduras, todas las imaginadas llevamos por dentro, y por fuera, pero algunos se las tapan.

¡Vivimos tantos cambios! forman parte de la andadura, ¿acaso no desapareció las sendas del Oso? Pero a no entristecerse que ahora contamos con esta del “BlaBlaCar”, que unos agradecen y otros persiguen, y es que no se hace nada a derechas, o al menos que le gusten a ellas.

-¡Atención ha llegado a esta ciudad el camión del tapicero! ¡Salga y pregunte precios sin compromiso, nuestra gran especialidad en discotecas!...

-¿Queeé? ¿Esto es políticamente correcto?

-…¡¡trabajos garantizados y grandes descuentos!! ¡¡¡Te recogemos el trabajo a domicilio!!!

¡Qué entusiasmo! ¿Será la voz de la crisis? Tal vez volvamos a esas andanzas del Lazarillo con el ciego. Peripecias de tiempos inciertos o picardías para llegar a fin de mes en el mercadillo de los domingos. A lo mejor hay mundos en nuestros adentros que no acabamos de ver del todo, porque  en los fondos (altos o bajos) todos somos iguales. Las manifestaciones en el escenario social son versátiles según dónde y cómo nos hallemos, con la ironía de quién observa y desmenuza al otro. Criticar nos puede salir rana. Muchas sociedades y muchas caras. Predicar, predicamos todos, unos en sus escenarios y otros en la calle.

 -¡Crédulos sin claridad en diálogos que a bastón y podio ensalzan porque dinero no remueven e ingenuos aceptan lo inverosímil!

Pero si seguimos tan crédulos, creer por creer, que desaparezcan reyes, reinas, príncipes y princesas. Hace falta más orgullo, enardecer más los méritos. “La envidia es tan flaca y amarilla porque muerde y no come” decía Quevedo. Frustración es también lo que le pasó a la lechera del cuento.

De sarcasmo, crítica y queja si que andamos bien servidos y, de arrebatar y destruir lo bueno tampoco andamos escasos.

“Vuelta al circo” “Erre que erre” resentimiento a un lado que “el que se pique ajos come” porque hambre de espíritu es lo que hay.

¿Quién se apunta a saltar al escenario para verse el ombligo?