30.5.15

LA ÚLTIMA FRONTERA








Entre dos continentes.Tarifa. Considerada legendaria, es  el abrazo  mitológico de las columnas de Hércules. Es el límite del mundo conocido, la última frontera para los navegantes del Mediterráneo. 






Este lugar excepcional que se encuentra en la provincia de Cádiz y está tan cerca de Marruecos (en el continente africano) que la llaman la punta "Marroquí" aunque por todos es conocida como la punta de Tarifa, en la comarca del Campo de Gibraltar. 





En ella desde los tiempos más remotos se han llevado a cabo estrategias militares y comerciales. En la época romana se pescaba y comercializaba el atún que pasaba por el estrecho de Gibraltar y una vez preparado en salsas y salazones se llevaba por todo el Mediterráneo. Aún hoy se sigue pescando y es uno de los símbolos de esta costa. 







Tarifa tiene valores naturales como el paraje natural de la playa de los Lances que forma parte del Parque Natural del Estrecho.






Un sistema de dunas y cordones de pinos piñoneros que a modo de barrera impiden el avance de las arenas porque Tarifa es fuerte viento, un viento que destruye la dinámica de cualquier playa, pero que a esta costa la ha convertido en unos de los referentes mundiales del surfing. Unos 25 años han pasado desde que un surfista descubriera sus extensas playas y los fuertes vientos de poniente del Atlántico. Desde entonces es el paraíso de los amantes de las olas






Un vaivén del océano que deja las pisadas solo en el atardecer, cuando esas olas bravías son apaciguadas con los últimos rayos de sol, en el momento que el baño de espuma blanca nacárea la orilla.


5.5.15

FLORA Y CHAVICO


 CRUZ DE MAYO


A primeros de Mayo Andalucía se llena de cruces y en la provincia de Granada, es una tradición que está muy arraigada.
Haciendo un poco de historia. Su origen se vincula a ritos ancestrales. Posiblemente ya en los cármenes árabes se celebraran en el interior de sus patios, se hicieran altares con cruces adornadas con guirnaldas de flores y junto a ella se colocaban objetos de prestigio y riquezas del simbolismo cristiano.


Con esmero y cuidado se añadían piezas de cerámica, de cobre, mantones de manila y todo aquello que pudiera ser exhibido. Flores y plantas, frutas del tiempo, cereales, vino, pan…
En los barrios en el Albaicín y el Realejo las clases menos pudientes organizaban las cruces colectivas en plazas y corralas y los vecinos prestaban sus mejores ajuares para que sirvieran de adorno a los altares. Se celebraban concursos y se competía por la más bonita y elaborada. La cruz se honraba con cantes, coplillas y bailes, comidas y oraciones.


Ahora se celebra en la calle, en rincones, patios y bares. Fiesta de varios días con adorno de banderillas y sonido a sevillanas. Por lo general, hay un recorrido preparado para conocer la ruta de las cruces y embriagado de comida y bebida.


No puedo evitar caer en la nostalgia. Aún hoy se recoge la tradición de mis abuelos. Hornos de leña, chimeneas donde se hacía la comida, el olor a azucenas y celindos, el color de geranios, claveles y rosas. Y las comidas tradicionales: esas migas con su morcilla y su longaniza, las gachas, calabaza frita, carne en salsa, bollos de aceite con el huevo, tortillas de patatas, pestiños y buñuelos que con tanto esmero hacían y hacen las abuelas.



La colchas de croché, el brasero, la romana de pesar, las cestas de mimbre y esparto. El campo por esta época trae fruta multicolor: níspero, chirimoyo, caña de azúcar, mango, aguacate, papaya.


Y el detalle del “pero” pinchado con unas tijeras para que los que pretendan criticar la estética del altar se les corte de raíz el comentario, con las tijeras, claro. Pero eso sí, hay que dejar un "chavico", un reconocimiento por el trabajo. Es curioso, aún se conserva esta palabra que viene de ochavo, una antigua moneda de cobre, de poco valor que correspondía a dos maravedíes.


 Y es que la historia siempre está presente en nuestros días.
La primavera siempre se ha celebrado de una manera u otra ya sea con cruces de Granada o con los patios de Córdoba.
Todas las culturas desde la más remota antigüedad han celebrado la llegada de la primavera con la consagración a los dioses de la naturaleza. En la antigua Roma, las fiestas de la primavera se vinculaban a la diosa Flora. Las Floralias tenían lugar a finales de Abril y primero de Mayo. Son fiestas muy ligadas a sociedades agrícolas donde la cosecha era una bendición de importancia trascendental.