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27.8.17

LUCIÉRNAGAS (CONTINUACIÓN)







Cada relato tiene su comienzo, éste lo tiene. Puedes leerlo antes
o bien, seguir y comenzar después. Lo dejo a tu elección. 
Y también puede ser que si lo haces de la segunda forma
cambie tu perspectiva de la historia...



*

...Estaba tan nerviosa que durante el camino tenía la mente amarrada, no se fuera a ir a otra parte. Meri se la ingeniaba para no parar de hablar, de lo que fuera: de la lluvia, del estado del camino, del bosque; en cambio, Miguel de vez en cuando, solo dejaba salir dos palabras, tres a lo sumo, con una voz amable al oído, de compás lento, paciente y un final susurrante. Una educada parsimonia envuelta en un olor a patata de tierra recién arrancada y la destreza del mejor conductor de rallies sobre barro esquivando rocas. Sus gruesas manos empuñaban el volante con la intención de no salir disparado como un platillo volante. Raro era que no volcaran con esos saltos de galgo que daba la camioneta, Meri no diferenciaba si rodaban o saltaban a cuatro ruedas.  A pesar de no ver absolutamente nada, por las dudas, ella no quitaba la vista del camino, un camino que iba a ser largo. Ya se lo había comunicado la coordinadora de la organización antes de dejarla sola en la aldea: «Me han dicho que hay un buen rato hasta llegar a la comunidad, yo nunca fui». Y fue así, no solo no había ido ella; Meri se enteró después que ella sería el primer extranjero que había pisado El Verdillo.

Convivir con gente muy diferente a su cultura era lo que ella quería, necesitaba sentir, descubrir in situ. Y ahora estaba allí, en mitad de la noche, en un “pick up” oscuro agujereado por munición y con un hombre extraño, parco en palabras, junto a ella. Todo un aliciente para el preámbulo de su viaje. Meri no contaba con el miedo, él se apodera del ser de mil formas cuando se intenta entrar en una realidad ajena, no importa a cuantos kilómetros de distancia se esté. A ella solo la respaldaba la confianza de esta organización en su filial centroamericana y un garrafón de agua potable que le habían dejado.

*

Tal vez con la intención de tranquilizarla, Miguel aumentó el número de palabras en su conversación.

Es el único bosque que queda dijo él sin mirarla.

Ahora ella era la que quedó callada. Mientras volaba, en el aire había visto un país bien verde, se correspondía con la imagen bucólica que tenía en su cabeza antes de salir de España; pero lo que creyó que era un inmenso bosque tropical resultó ser otra cosa muy diferente. En todo el trayecto desde el aeropuerto al punto de destino, solo había podido ver pastos con ranchos salpicados y alguna que otra aldea. «Entonces, ¿lo que creí que eran árboles era solo pasto?» pensó. Se encontraba en una despiadada deforestación donde solo quedaba un puñado de árboles.

— Es el legado para mis chiquitos — esta vez Miguel lo dijo sonriendo y la miró. 

— Son unas ceibas y algunos palos del pan y un torrente quebrado de agua que emana de un nacimiento. Crecen en la orilla: huertas, maicillo, jocotes. Ahora juegan allí, sabe, pero de mayores, será su sustento; sembrarán caña y no se dejarán achicar; plantarán yuca y mango, y tampoco tendrán aflicción— prosiguió.


Si no hubiera sido por la incertidumbre del momento, Meri pensaría que lo había dicho orgulloso y emocionado. Además, su vocabulario dictaba bastante de lo que era su apariencia: una blusa medio abrochar, coja de un lado, y con toda seguridad, sucia, descolorida y descosida; y un pantalón arremangado, sin dobladillo.

—Meriiy, sabe usted— le dijo mirándola— me estoy preparando para ser un buen líder de la comunidad. Mi facilitadora dijo que tendré un graduado pronto—Meri permanecía callada, aguantando la mirada de asombro—De este modo, yo también podré alfabetizar en mi comunidad. No piense usted que soy abusivo, yo no quiero ahuevarme, hay que aprender, pensar— paró la camioneta y se quedó mirando hacia delante.

Por primera vez el silencio se hizo entre ambos. Meri comenzó a oír, no solo los latidos de su corazón, se daría cuenta de la cantidad de sonidos que traía consigo esa noche: Huic, huic, clá,clá,clá, clá, clá,  uuuú, uuuú, chiris, chiris, chiris, chiris, psis, psis. Escuchó también el río, tal vez fuera el manantial donde jugaban sus hijos durante el día. Al agua se le oía lamer las orillas como ese comer del anciano, con la boca arrugada, entreabierta, desdentada, deshaciendo suavemente cada migaja en el paladar. 





—Lo hago, sabe usted, yo aprendo, cuando acá todo se hace oscuro, quedo solo con la noche y la luz de una candela y… ellas —señalando con su cabeza a un lado y a otro.

No sabía bien a qué se refería, pero comenzaba a sentirse más tranquila, a pesar de que seguía agarrada a la osamenta del asiento con brazos y piernas como una garrapata. De pronto, sin saber de donde habían salido, aparecieron: pequeños ojillos brillantes que comenzaron a guiñarles. Posiblemente, Miguel se refería a ellos; parpadeaban, como si bailaran entre las pocas gotas de lluvia que caían. Los rodearon. Meri consiguió apreciarlos con más detalle entre los árboles, eran luces amarillas. Estaban en una zona de un bosque claro, apenas unos cuantos árboles calvos, palos largos y escuálidos con unas raíces zambas que se podían ver por el deslumbrado de los faros. En la vegetación del suelo, dos raíles de barro marcados, tal vez las huellas de las ruedas que posiblemente invertían su recorrido.

—Ellas también han podido sobrevivir… — habló y se quedó callado con sus manos en el volante.

«¿Qué intenta decir Miguel? ¿se refiere a las luciérnagas?» se cuestionaba Meri. 
No se atrevió a preguntar, por si acaso. Hacía cuatro años que había acabado la guerra civil, una guerra que había durado doce años. Le habían dicho que había mucha inseguridad y desconfianza todavía en el país. Andaban activas las comisiones de la verdad investigando genocidios de los militares a los guerrilleros, y en la ciudad había toques de queda y algunos lugares donde no se podía llegar. Muchos de los guerrilleros quizá se podrían haber escondido en aquel bosque, por donde ahora pasaban, tal vez pudo ser un lugar de fusilamiento… y de nuevo el miedo agarró a Meri. Para tranquilizarse se centró en observar las luces que parpadeaban.






Cuando pequeña conoció las luciérnagas, alumbraban escondidas entre las macetas de su madre, las cogía y jugaba con ellas como si fueran linternas. Sus luces eran de un color entre amarillo y verde, como un limón comenzando a madurar, fluorescente. «¿cómo pueden dar tanta luz bichos tan pequeños?» pensó. Allá donde quedó esa Meri niña desaparecieron las luciérnagas; como lo hicieron los zorros, las garduñas, los gatos clavos, las liebres, los cernícalos. Ahora proliferaban otras luces: la luz de las ventanas, la luz de las farolas, la luz de las televisiones, la luz de los faros de los coches. Ya no tenía sentido que ellas, las luciérnagas, iluminaran. Desde entonces no había vuelto a verlas, y a tantas juntas, como si pretendieran iluminarle el camino.

*

—Vea, hay que agarrarse a la vida, al bosquecito, que él nos guarde y nos cuide y nos aparte de todo mal y peligro. No hay que malgastar su sabia, un saber de miles de años ¿verdad? El sol siempre brilla aquí, aunque se esconda al otro lado del monte. — De nuevo arrancó la furgoneta, y siguieron adelante.

El traqueteo de la camioneta ya no era tan fuerte. Meri volvió con sus luciérnagas. «Los diálogos de luz de las hembras comienzan, mantienen varias conversaciones a la vez, pero permanece solo uno hasta el amanecer» Tal vez esto no es lo que ella supiera por entonces, pero en ese instante si descubrió que empezaba a brillar dentro de ella una tenue luz: la confianza. La que debía de intentar mantener encendida durante el resto de su viaje.

Por fin, llegaron. La incertidumbre era cada vez más grande. Se distinguían media docena de luces salpicadas en la oscuridad. Pararon, apenas se apreciaba mucho más desde allí, la noche seguía cerrada. Mientras Miguel cogía su mochila, ella ya había bajado de la furgoneta de un salto. De pronto sintió como sus botas de cemento se hundían en el lodo, llegándole poco a poco el caldo hasta los tobillos. Se quedó inmóvil «¿por qué no me había quedado descalza, cuando ocurrió la primera vez?» pensó Meri mirando sin ver. Se sentía como un tentetieso. A lo lejos, empezaron a salir figuras negras, algunas de la oscuridad y otras de unas luces tenues de lo que podían ser las puertas de las chabolas. Aquellas luces que parecían que intentaban contornear las sombras, algunas pequeñas, que se escondían tras las grandes.

«El miedo se apodera del ser de mil formas cuando se intenta entrar en una realidad ajena». Meri sintió como le salía de su interior, le caía caliente; serpenteando le bajaba por la entrepierna, muslos, rodillas, hasta el lodo de sus tobillos. Ahora estaba calada hasta los huesos, embarrada y con la braga empapada en orina. Y las sombras grandes se convertían en pequeñas y las pequeñas se hacían mayores, pero nadie se movía.

Todo pasó en un instante, lo que dura el cortejo de las luciérnagas. Un prende y apaga, como había sido su viaje a ese país, como había transcurrido su aventura en la camioneta, como sintió su llegada a la media docena de chabolas con techo de launa perdidas en un barrizal desforestado. Se agarró a su luz, la confianza, la que iba a compartir esa noche, y otras tres más, en aquel rancho con Miguel y Zoila, su mujer, sus cuatro hijos y los mellizos, un chancho y dos gallinas. 

La madera putrefacta del suelo, los desechos, los charcos y las corrientes eran también los lugares donde las luciérnagas vivían. Meri está segura y sin miedo a equivocarse, que seguirán allí, brillando por sí mismas.

*







Ceiba y palos del pan (árboles) huertas (matas de plátano), maicillo, (maíz silvestre) jocotes (frutal silvestre) chancho (cerdo)


La experiencia y el riesgo, razones para existir, respuestas, un apósito tal vez para heridas. Fue en 1986, hace 29 años. Aquella fue una experiencia única, siento cada momento, cada instante dentro de mí. No solo fue el sentimiento de conservar lo único que poseían, también la humildad y la superación de aquel hombre para progresar, ser mejor para su familia, su comunidad. El momento en el que estudiaba a la luz de la vela, aprendía funciones: derivadas e integrales. Y otro aprendizaje se iluminaba, el mío, más allá de lo que podría haber imaginado. Allí pasaron tantas cosas, me pasaron tantas,  me las guardo para mí, seguirán dentro. Pero éstas que he contado aquí son las que conservo con más nitidez, se encienden en mi cabeza como esa luz de las luciérnagas.


25.8.17

LUCIÉRNAGAS








«Ya no resbalaré más en el barro de este país». Era su pensamiento mientras terminaba de limpiar sus botas para dejarlas allí, en aquel rancho, junto a la mayor parte de su exiguo equipaje. Le rodeaban los cuatro niños. Sentada en la hamaca, la que había sido su cama durante tres días, pensaba en la despedida. Metió sus dedos entre el calado de nailon de la hamaca y comenzó a juguetear en silencio. La niña más pequeña la miraba con una sonrisa traviesa, estaba feliz, su madre le había puesto su único vestido, uno blanco inmaculado con volantes en la falda, y la había calzado. La hermana, más tímida, se escondía en su gran moño rojo. Era fiesta para ellas. Solo los dos niños seguían descalzos, el mayor sin camiseta con sus amuletos colgándole del cuello. Así solían estar todos los días, acostumbrados a sentir la lluvia en el pecho y las raíces bajo los pies.
Un par de semanas después ella cruzaría la frontera, ya no volvería a ver a esta familia. Había obsequiado una ofrenda al destino y ella solo se dejó llevar por él, como lo hacen las luciérnagas en la noche oscura de la estación seca tropical.

*

Meri tenía un espíritu joven, chispeante; se sentía como una botella de cerveza tumbada después de caer boca abajo y que estaba a punto de abrirse. Sobrada de ilusión por iniciar una vida en solitario. Andaba colocando un pie delante del otro, uno inconsciente y el otro deliberado. Ella sentía que debía hacer este viaje; llevaba organizándolo desde hacía meses. Entre paso y paso, se paraba, mantenía su equilibrio como una trapecista ciega en el alambre y tanteaba entonces en el aire razones que le dieran fuerza a sus convicciones. Le bastaba poco equipaje, considerando que llevaba un saco invisible rebosante de dudas que, si hubieran sido de metal, la hubieran retenido sin vacilar en el puesto de control de la aduana. Cuando salió de España se sentía aún contenida en la presión de los años de estudiante y en la tensión de lo que había sido su primer trabajo, una cosa llevó a la otra y demasiado rápido.

En cierto modo, Meri al planear este viaje se quería quitar ese sentimiento de defraudada y frustrada que tenía últimamente.  Muchas cosas le habían ocurrido: una carrera interminable y la decisión de dejar su trabajo tras cuatro años. Pero tenía la corazonada que este cambio radical a su vida, lo cambiaría todo, sin saber el porqué. A sus veinti largos años, le seducía adentrarse en un mundo desconocido: un pequeño país centroamericano, fuera del círculo exótico de las zonas tropicales y del turismo masivo. Un lugar lejano donde pudiera deshacerse del apego, el miedo, el amor, el odio y la ira. No podría borrarlos en tan poco tiempo, pero al menos lo intentaría. Necesitaba buscar otro sentido a su vida y lo haría como cualquier germen de trotamundos que comienza.
Su historia comenzó en la estación húmeda de estas latitudes, justo cuando comienzan los diálogos de luz entre las luciérnagas, en el silencio de la noche.

*

Una falda larga estampada al estilo hippie, unas botas de cuero de montaña desgastadas y una mochila con arnés se hundirían con ella en el lodazal de aquel anochecer. Había llovido fuerte durante el día y aún lo hacía, pero menos, y a pesar de que eran las siete, allí era tarde ya.
Estaba nerviosa, se había quedado sola esperando. Sola, en un lugar que no llegaba a distinguir más allá de un camino de tierra encharcada y unas plataneras. A lo lejos vio acercarse luces y se preguntaba si era el conductor de la camioneta, quién la llevaría a la aldea. La coordinadora de la organización repartió en diferentes aldeas a las cinco voluntarias. La mayoría iban de dos en dos, nadie quiso ir sola. Tal vez la confianza, la propia ilusión por lo desconocido, no le hicieron dudar a Meri. A ella le movía desde que salió de viaje ese sentir del altruismo fraternal, la solidaridad bien concebida. Su labor sería enseñar, lo que había hecho durante los últimos años. Creía que podía aportar mucho de su experiencia en aquel lugar y no necesitaba a nadie para hacer esto.
Había parado de llover y a pesar de ser de noche, hacía un calor húmedo insoportable, Meri notaba que los pies se le ahogaban. Las botas de piel se habían pegado a sus tobillos como dos argollas, y llenas de barro, pesaban como si arrastrara dos peanas de cemento. Había sido mala idea ese calzado. Sus rizos los sentía como goteras sobre los ojos y la nariz. La ropa la llevaba mojada. La camiseta con el sudor y la lluvia la tenía pegada a la piel; la sentía como si estuviera dentro de un bote lleno de babosas, que no podía separarlas de la piel.
El vehículo paró. El conductor se llamaba Miguel, se presentó como líder de la comunidad “El Verdillo”. En silencio cogió su mochila y la subió a la camioneta. Tenía el rostro gentil, con piel y ojos muy oscuros, con un bigote poblado que le hacía destacar su nariz aguileña.
Al montarse en el vehículo,  Meri vio que el lateral estaba agujereado, parecía un colador. Ni lo pensó, subió y cerró la puerta. La camioneta arrancó...







(la preciosa foto es del fotógrafo japonés Yume Cian) 




22.8.17

Y CAPERUCITA NO PRESTA ATENCIÓN







Hola, de vez en cuando dejo mis viajes y escribo sobre temas que me gustaría debatir con vosotros. Hoy amanecemos con el aniversario de la muerte del autor de los cuentos de nuestra juventud, leídos y releídos, nos lo sabíamos de memoria. Me acuerdo de esos formatos de siluetas recortadas que tanto me gustaban que guardaba en mi cajón preferido. Creo que todas las generaciones los conocen o han oído hablar de ellos: Cenicienta, Bella durmiente, Caperucita roja, Gato con botas, Barba azul,…

Siendo niña me encantaban, pero hubo uno que se me quedó grabado aunque no me gustaba tanto. Creo que entonces no concebía mucho eso de que el lobo se comiera a la abuelita, dios, a la abuelita y después a Caperucita y esa niña, no hizo nadaaaa!!  ¿Cómo pudo dar lugar a esta glotonería deshumana? Menos mal que luego vino el leñador, Ufff!! (Así no me extraña que el lobo esté en peligro de extinción) Y después comprobé que la bella durmiente tenía una segunda parte que no nos contaron y que hay una reina (la suegra del principito) devoradora de su nuera (la bella) y sus hijos (sus nietos).







En realidad eran cuentos adaptados de la tradición oral, narraciones que ya existían y se contaban. Lo recopilaron y lo adecuaron; primero Perrault en Cuentos de mamá gansa y después los hermanos Grimm en Cuentos de la Infancia y el hogar.

Cuentos donde hadas, ogros, animales, brujas y príncipes encantados alimentaban la fantasía en la Francia de Luis XIV. Eran cuentos morales con ese final de “fueron felices durante el resto de su vida” o “fueron felices y comieron perdices”. Se entiende que después de haber sufrido injusticias y contrariedades en una sociedad de ostentación y revueltas sociales, el bien, la bondad siempre gana a la maldad, una muy buena lección moralista, menos en Caperucita, algo pasó con ella. En el caso de la bella durmiente, es la realeza la mala, un claro reflejo de la lucha del pueblo contra el sistema que lo domina y le hace pasar hambre. Los cuentos son contados frente a la lumbre con las astillas chisporroteando y soñando con guillotinas que cortan cabezas reales.

¿Qué le ocurrió a Charles Perrault para conservar ese final a Caperucita? ¿cómo vivió y cuán tanto sufrió él? O seguro que tuvo que pasar mucha hambre…








Charles Perrault creo que no tenía mucho roce con el pueblo llano. Según la historia, nació en el seno de una burguesía acomodada en París, con buena infancia y estupendas escuelas. Con una vida colmada de honores, funcionario real, fue halagado por reyes y príncipes y parte de su obra es dedicada a componer loas (composiciones en verso) para ofrecerlas y leerlas al rey de Francia. Con este historial creo que a los cuentos del folklore popular tuvo que darle más de un toque refinado de la época, suprimiendo todo aquello que le pareciera vulgar, sobre todo los elementos populares. Caperucita estaba muy lejos de una trama romántica o leyendas de esperanza caballeresca de una aldea, más bien un drama con un final feliz a cortes de hacha.

Dicen que los cuentos populares tenían bastantes pasajes llenos de violencia y dureza, reflejando los castigos impuestos a villanos y a nobles: zapatos de hierro ardiendo, cortar dedos de los pies, ojos arrancados por cuervos, tinajas de aceite hirviendo, mutilación de niños, flautas hechas de huesos de muertos, enterramientos vivos, ahorcamientos, abrazar a cadáveres hasta morirse de hambre. Por lo tanto que Perrault dejara que el lobo se comiera a Caperucita y a la abuela era “peccata minuta”.








Recordemos además que a Caperucita ya se la hubiera comido el lobo en el bosque sino hubiese sido por los leñadores. Es un cuento en el que en el fondo triunfa el Mal, a pesar del que el leñador sacara a la abuela y a la niña de la barriga del lobo. Caperucita no reflexionó mucho, no pensó lo que realmente le podía pasar. No reconoce al lobo, el malo, ni sus palabras,  y encima que se la pudiese merendar. Alguien diría es una “una imprudente sin capacidad de entendimiento, ni juicio, ni sensatez".

A mi edad he descubierto que no era una niña buena sino una necia ingenua y un poco estúpida, así que le voy a dar la vuelta al cuento para una niña grande de hoy ¿Qué os parece?








“.....Caperucita está confundida porque los labradores quieren matar al Lobo que la acompaña a casa de la abuelita; en el fondo es un buen amigo, pero ellos, necios, no lo saben. Caperucita inteligente no deja que el mal la devore y la lleve a su destrucción personal y mucho menos dar lugar a la extinción de lobo, su fiel y noble compañero”.



Moraleja: “Espabila y aprovecha el tiempo aunque leas o bailes con lobos”




19.8.17

PIM PAM PUM







El día 15 de agosto es la fiesta grande en muchas localidades de Andalucía y  en el resto de España. 








En Almuñécar (Granada) es tradición “embarcarte” con sillas en mano, esterillas, bocadillos, bebidas y cámara; y posicionarte como soldado en campaña en el mejor sitio de la playa, monte, mirador, terraza, balcón o balconada, embarcación o moto de agua, para ver los fuegos artificiales piromusicales. Ese juego de luces en el cielo, en la tierra y en el agua, de la última noche de las fiestas. Os muestro un superreportaje de fotos que  ha realizado Jose de este espectáculo del año pasado y de este 2017; y os lo acompaño con alguna de la música que se ha usado. Merece la pena que la escuchéis a la vez que miráis las fotos y por supuesto os enteréis de alguna que otra curiosidad de los fuegos artificiales. Al final os dejo un vídeo hecho in situ por un espectador de la parte final del espectáculo de este año para que os hagáis una idea de este cataclismo luminoso, como si el mundo fuera a acabar.










Música usada en el espectáculo







Un espectáculo pirotécnico en honor a la patrona, la pequeña virgen de la Antigua, que se realiza frente al mar. El castillo, los peñoles y la playa Puerta del mar son los escenarios emblemáticos, se iluminan a la vez dejando boquiabiertos e impresionados a miles de personas de todas las localidades. Un gentío venido de los más diferentes lugares con la emoción puesta en esa noche. No hay lugar para un alfiler, hay desfiles de vehículos por todos lados y rincones, una invasión solo para ver este impresionante castillo de fuegos.








Son veinte minutos intensos de música y fuego de artificio de mil formas y colores. Una explosión de sensaciones estalla en el cielo y el mar. El corazón latiendo con esa apoteosis aérea, orgías de color y explosiones que ponen a pulso los tímpanos de tus oídos. Un arrebato de luces y figuras al compás de la música iluminan el pueblo y el mar lleno de centenares de barquitos que acompañan a la embarcación de la virgen mientras dura el espectáculo.








Unos cien mil watios de potencia de altavoces con una música elegida para ir al compás de los fuegos. Son minutos donde todo el mundo mira para el cielo y el mar. Espectacular y hermoso, el broche final que todo el mundo espera y que te deja caer la boca rodando por la arena.










Y cada año te preguntas ¿Será mejor que el año pasado? ¿habrá nuevos fuegos artificiales? Y siempre los hay. Es una provocación de año en año. La música cambia y el juego de luces en el mar y en el cielo también. Qué arte por dios. 








Varios escenarios y todos a la vez. Se mantiene las explosiones en el agua, las ruedas de fuego, el castillo y los peñones ardiendo de una pasión roja, al más estilo de series de ficción, o de blanco resucitado. Todo esto con lo 100.000 vatios de música ya no solo te deslumbra, es impactante a la vez que alucinante.











Es un espectáculo declarado de Interés Turístico de Andalucía. Estos artificios de colores que te dejan embelesados los hay por toda España. Algunos certámenes son muy famosos: como los de Blanes, Girona, San Sebastián y Tarragona; o espectáculos muy conocidos como son los de la noche de la Alabada de Elche, o los que se realizan durante las fallas de Valencia o los del Entierro de la sardina en Murcia. Yo solo conozco los de Valencia.





Música usada en el espectáculo



Este arte me ha despertado la curiosidad, y ya puestos, no estaría mal conocer algo más.



foto tomada por el diario Almuñécar tropical



Son verdaderos artesanos los que están detrás. Así que me he animado a investigar. Para el diseño se tienen en cuenta los gustos, escenarios y novedades como estos últimos usados en estos dos años: “truenos digitales” le llaman, me imagino que no merece contar porqué, os lo imagináis. 





fotos de Piroart





La tecnología avanza y también en este arte. Se usan ordenadores pirodigitales para controlar todas las posiciones de salida de los fuegos. Hay, lo que consideran los técnicos, líneas. Suelen ser 935 líneas, 23 en el castillo, 23 en el peñón de la cruz del santo y 4 en los peñones. Se usan rayo láser y led. Con esas distancias que se gastan hace falta control remoto, que está en los Peñones.











Los fuegos artificiales son pura química y se remontan con la invención de la pólvora, un millar de años allá por China. Los árabes trajeron la fórmula de este material inflamable a Europa pero no con intenciones lúdicas, menos divertido si cabe, por desgracia.










Parte de la magia reside en el color. El cobre (carbonato de cobre) dará el color azul. El estroncio (sales), el rojo. 











El titanio será el responsable de los destellos blancos y plateados. El sodio, los amarillos y dorados. El bario produce los verdes.Después magnesio, antimonio y calcio, incrementarán brillo, luminosidad, halos e intensidad.








Otra cosa que me ha fascinado la terminología usada en este arte.

Aparte de las consabidas: realización, composición, dirección, ritmo sonoro y visual, apertura, efecto, estilo, iluminación, potencia lumínica, tiro, lanzamiento, apertura, calibre, piezas, sección, orden...,











están también: las de disparo digitalizado, candelas, juegos, explosión acompañamiento, envergadura, calidad de color, porte a la altura, guión, hueco, vacíos, coreografía, formato, creación, apoteosis. ¿No os parece fascinante?











A continuación, os paso nombres de algunas de las composiciones:


Manto multicolor en el agua
Abanicos de farfalla
Colas de caballo
Candelarias

Volcanes 

Espigas abiertas en uve
Espigado múltiple
Acuáticas,
Frisos
Fachadas
Cruces
Pitos







Arañas con cracker
Volcanes tipo sauce
Cometas de foco
Tridentes rojos
Copos blancos
Lentejuelas
Palmeras
Estelas










Espigados en meteoros
Truenos en estudata
Piezas japonesas
Meteoros
Ráfagas
Peonía
Pirulís
Copo










vídeo tomado por Bienvenido Ortega 
con la parte final del programa pirotécnico 




Y hasta aquí, el colofón piromusical del 15 de agosto de estas fiestas de Almuñécar  ¡¡hasta el próximo año!! Y a este espectáculo si tenéis ocasión de venir, estáis invitados. Espero que os haya gustado. Un abrazo





OTRA ENTRADA DE ALMUÑÉCAR