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22.5.17

LA MÁS BELLA MENTIRA









Taciturno, sus pies le llevaron en volandas hasta la orilla. Cogió el volante de su desesperación y salió de allí corriendo. Ni reparó en la suerte que había tenido. Se dirigió apresurado donde rompía la primera ola; los pescadores le esperaban mar adentro. Antes de subir a cubierta, se volvió y clavó la mirada en la isla y a gritos pregonó a los cuatro vientos que no volvería más, ni se acercaría a aquel lugar maldito.

“La Prímula” llaman a ese pedazo de tierra flotante del Mediterráneo. Una isla relegada al olvido. Es un lugar inhóspito, sin ningún vestigio de aliento de vida, solo la que ahora se marchaba para no volver. Una playa cubierta de plásticos, aceites y un sinfín de desperdicios humanos. El ecosistema marino había muerto por completo. Lejos de considerar su superficie arenales paradisíacos era un completo basurero. Toneladas de residuos, millones de plásticos acampaban por todos los rincones; arrastrados unos por las corrientes marinas y otros, la gran mayoría, provenientes de los buques.

Encalló con su barco una noche de zozobra. El mar había decidido quitarlo de su vista y ¿dónde lo trajo? Aquí. Había destrozado su barco, entre viento y oleaje. Su vuelta quedó inutilizada por completo. Alguien podría pensar que se trataba de una venganza del mar a los marineros inútiles. Allí los llevaba, a zabordar “su mal hacer”; pero no era malévolo, no los dejaba para siempre, ya había demasiada basura. El creído sabio, el ser más impertinente de la faz de la tierra, también estaba convencido que saldría de allí. No sabía cómo, eso sí. Pero después de quince días solitarios solo con sus sombras apareció el milagro, uhm, milagritos…


Cómo podían llamarle así a una isla, Primavera, donde no había rastro de ninguna planta y mucho menos de prímulas. A su cabeza le vino igualmente el peñón de Perejil, pero no le dio más vueltas. Pensó: «Tal vez sea la posibilidad de lo imposible. Que hubo primaveras, fue siempre verde o existió vida pero, ¿cómo aceptar que no haya flores? La inocencia creó el juego erótico de los ovarios y los pistilos, los convirtió en una lujuria, en el origen del pecado y después apareció la fuente de la vida. Aquí no se puede cazar mariposas, ni se puede coger plumas». Estuvo dándole vueltas y se cansó « ¡Maldita primavera! la más bella mentira de la vida es una isla» 


(Relato presentado para la comunidad "Escribiendo que es gerundio" de Francisco Moroz y Julia C. para el reto "Alrededor de un tema" )