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LA MALA MUERTE

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                                                           Un minuto y todo acaba con la última respiración. Ni uno más ni uno menos. El estado de ánimo no da. La pupila deja de responder y el párpado deja abierta una ventana. Y si no le obligan nunca la cerrará del todo. El daño ya está hecho. Alguien y algo decidieron. Por mucho que se le frote el esternón no dolerá. Pasa ese minuto y sigue un empeño enajenado para que sienta dolor. Con destino al frío es la última parada. Hay quien habla de que no está en sus cabales cuando ya la sangre se le coagula. Como dos y dos son cuatro. No está fuera de juicio. Cuentan de su  competente vida. Y va una tanda de calificativos de manos de la envidia. Ya pasan un puñado de minutos. Y la impotencia se marca en una mandíbula cada vez más encajada y un cuello cada vez más rígido. No puede gritar. Ni levantar la voz. Ni estrangular. Mucho menos correr. Los brazos y piernas no resisten más. Tiesos. Ha dejado su flexibilidad para ser resistente en otr

LA ADIVINA Y LAS CABEZAS DE CLAVO

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Hola. Llevo meses sin publicar nada. Ni por aquí ni por allá. Te regalo una historia que me atrapó todo este tiempo. Estaba ahí y por fin sale. Gracias por esperar, por visitar este blog. Comenta. Te leo. El tachonado Una puerta se refuerza con cabezas de clavo Ante lo vulnerable aumenta su seguridad Ellos le recuerdan su naturaleza. Mientras bebe el café de la madrugada piensa sobre el significado de la muerte. Quizás él no haya vivido como debiera. Con la niebla baja todo se le antoja triste en Bastiella. Triste la fábrica. Tristes los edificios. Tristes los autos. Triste la gente. Sus amigos se enfadan con él porque siempre anda serio. Y él se protege en su trabajo sin mucha satisfacción por ello, pero la suficiente para tirar adelante. Cree que es mejor que escuchar a una mujer quejosa y malhumorada. Ernesto acaricia la superficie lisa del tazón mientras piensa en ello. Tal vez ese comportamiento suyo fuera por ser Ernesto García Bernardo, ingeniero de una fábrica agonizante.

OPORTUNIDAD CONCURSO

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Hola, Si eres de los que sigues escribiendo en verano, y además, te motiva participar en un concurso... Te animo a participar en el club de escritura de Fuentetaja. No me llevo comisión jeeje, es que a mi me da muchas alegrías. Llevo participando tiempo, años, y siempre aprendo. Claro, está el aliciente de ganar algún dinerillo, pero también está algo muy importante la interacción con la gente, gente desconocida, española y una gran parte latinoamericana.  Y créeme, participa mucha gente; la posibilidad de ganar se estrecha. Pero abre las fronteras de la palabra, de la visión real y ficticia. Aúna lo disperso y congrega lo inimaginable. Yo aprendo sobre la marcha. Leyendo concienzudamente la convocatoria del club y después  leyendo a los demás y descubriendo, de una forma recíproca,  las impresiones que dejan mis escritos. En la última convocatoria "Historias del trabajo 5" he participado  (está abierta hasta septiembre). El relato es:  UNA ESTERILLA DE PÚAS Y UN HERMANO   (

TE BUSCO

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  Hola, ¿Cómo estás? Sé que andas aquí y quizás ya te conozca a través de tus comentarios O tal vez no. Pasas, lees y te vas.  En cualquier caso es muy motivadora tu presencia. Gracias. Así que esta vez te regalo un RELATO MUSICADO. Creo que ya te conté como los edito para el canal de YouTube. Escribo sobre un tema, a veces es una imagen la que me inspira (como es este caso, una fotografía que hice en una calle del barrio de los escritores en Madrid) y luego busco la música y otras imágenes que acompañen a mi voz, la voz narrativa se hace presente en la escucha. Este trabajo me ha gustado mucho. Siempre hay un valor en lo que pretendo contar y una intencionalidad que se magnifica cuando añado las imágenes y la música. Las letras trascienden más allá dejando impresiones y reflexiones dispares, empáticas,  muy interesantes. De ahí el valor de tu comentario. Deseo que te guste esta microhistoria. Anímate a contármelo. Un abrazo ¡Feliz verano! (Pincha en la imagen o el enlace)  https://www

REZONGO

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Cuéntame ¿Cómo te ha ido? Le pregunto a riesgo de que se burle y me tilde de guasona. Todos saben que no conduce su vida con gran acierto. Y la culpa es de él, solo de él. Viaja por este mundo de desamor con tilde de vándalo. Y es que no tiene reparo en vapulear al primero que le pille por delante. Hablarle no lo desaprueba. Pero a fuerza de ir conociéndole, si quiero emitir algún juicio de valor y derramarlo encima de sus hombros, y que le pese, tengo que hacerlo antes de las nueve de la mañana (que anda con más sueño). Así no pongo en riesgo que me rechace para todo el día. A él le hablo con cariño, desde la distancia, para que corrija cualquier postura que le haga parecer un repudiado; que ande derecho ante quien le observe con mal miramiento. Digno ante todo incluso si se le acercan con el objeto de darle un mínimo recado. Pero un día, era julio, plena ola de calor, se levantó con mal pie. No lo vi venir. Me pilló desprevenida ¡Volverás! Le dije, cerrando la puerta de un portazo. 

LOS ESCARABAJOS

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  Abría y cerraba el baúl tantas veces como juguetes guardaba en él hasta que las campanillas la sacaban de su juego. Volvía su cabeza entonces con la boquita abierta. Una sonrisilla encajada entre dos grandes mofletes que rellenaban el hueco de sus ojos. La habitación tenía una ventana oscura que la niña no alcanzaba a abrir y un papel de caracolas que con el tiempo se difuminaría hasta desaparecer. Durante el día repetía palabras como un lorito mientras corría por la habitación bailando con un vestido de organdí bordado. Era el amor de su madre. Y el tiempo se iría callando en un diciembre eterno. Un mes que solo letargo  traía  hasta que una tarde un fuerte viento salino entró por la ventana. Algunas de las argollas de la cortina cayeron al suelo despertándola. En ese instante se escuchó un tintineo y una avanzadilla de escarabajos invadió su cama picando su cuerpo y su cabeza. A Leonora, la madre de la niña, se la veía reventar los escarabajos con unas tijeras gigantes que abría y

LABERINTO

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Hablaron del camino. Fue la primera vez. Cuando jugábamos aquel día a la oca. Ernestina, mi hermana, decía que era la ruta que debía seguir para aclarar mis ideas. Y yo…Yo solo veía la cárcel, la posada, la muerte y el pozo. Pero no contaba que también estaba el laberinto. La complicación de la vida. Y fue la mía, fue cuando por primera vez el cuerpo se me apretó por dentro y me sangró el alma. Pese a que se pierde la perspectiva si lo cuento así, es en lo que se convirtió aquel viaje. Y no era lo que sentía entonces. Es lo que siento ahora. Me retaron. Si no me salvaba en aquel dichoso juego debía hacer el camino a Compostela. Era algo tan absurdo; y además, sesenta y tres días, el número de casillas. ¿Cómo podían desear mis padres aquello? Intenté persuadirles con eso de que mi vida estaba bien como estaba, que era feliz y todo lo demás, pero no coló. Después, mis otros argumentos: no creía en ese umbral entre cielo y tierra, y mucho menos, en mundos subterráneos —el universo de án