ABSENTA Y RABIA
Hacía su voluntad y yo, lo soportaba. Aborrecía sus manos. Esas falanges hinchadas, devotas al placer y siempre, agarradas a ese vaso ribeteado de minúsculos rombos plomizos. Alcanzaba un grado de embriaguez tal, que el razonamiento le llegaba solo, a deducir la distancia mínima a ese vaso. Su hinchado vientre, más de una vez le evitó caer de boca, en su propio cólico. Día tras día, mi vacío se llenó de odio. Pero tranquilo, haré la declaración. ¿Qué? ¿Cuál era la relación con él? Fui su amante. Yo “era la, evocadora, de sus mejores estrofas mundanas”. Eso decía él. Mentía. Durante una década me devoró mi joven corazón, incluso parte del cerebro . Pero me queda el suficiente para aborrecer el alcohol. Ahora, ya no bebo. Solo jugo de manzana. Eso sí, con espíritu de Afrodita. Me embriago con la virtud que otros hombres me dejan. Y son muchos. Cuando él termine de ahogarse en su repulsiva vida, yo… Yo, ya no estaré para recoger sus pedaz...