20.7.14

LA ALPUJARRA EN JULIO







Siempre imaginamos este lugar entrañable con el otoño, las primeras nieves, los primeros frutos del castaño, las chimeneas y el olor a leña, las fuentes y las acequias con su murmullo interminable… Y así la describí en la otra entrada que publiqué en este blog. Hoy la descubro con otra mirada.

En verano existen otros colores, otras sensaciones que son tan maravillosas para el viajero y que igualmente le regocijan y le abrazan.









Nuestras noches en este paraje estuvieron acompañadas por una hermosa luna llena, más brillante y cercana que nunca. La manta y la sábana aún con la ventana cerrada es algo que ni por asomo imaginas en otro lugar en esta época.




Bubión
luna llena de julio, maravillosa

       


Los amaneceres descubren los terrados con sus chimeneas, reunidas en multitud, algunas humeantes por los asados de la cocina otras silenciadas hasta el otoño; unas tapadas por las parras que suben hasta la launa del terrado; otras en compañía de geranios y otras dejando entrever las pocas nieves de los neveros de sierra nevada.











El paseo de la mañana pasa por prados verdes, cerezos cargados de fruta y huertos llenos de vida con hortalizas regadas con el mejor agua que puede haber, la de la montaña.  










Hay una gran variedad de cerezos en las calles.




















Las pendientes de la orografía han hecho que estos lugares sean únicos en la adaptación al terreno, un arte y un entresijo. 


Paseando por las multitud de cuestas y recovecos ves al abuelo regar salvando desniveles con la tradición de los ancestros árabes. 








Las calles empinadas con sus canales de desaguadero de las fuentes y de los cubos de fregar.








Turismo y tradición se mezclan en estas fechas. Los tinaos aparecen entre las casas llenos de flores multicolores, es un verdadero placer a la vista. Balcones y ventanas tapados por las macetas de hortensias, geranios y pendientes de la reina. 








 


Las calles están recién encaladas para el verano y las puertas con las típicas cortinas de telar alpujarreño destacan entre las paredes de piedra. Los mayores del lugar son los que guardan estas tradiciones; en los lugares que no están se echa de menos su presencia, las casas se abandonan al tiempo.

















Las fuentes están presentes en las calles, unas en el barrio alto y otras en el bajo. Si nos alejamos del pueblo podemos encontrar manantiales de agua ferruginosa. 















El manantial más conocido es el de Fuente Agria en Pórtugos, otra localidad cercana a Bubión. Un nacimiento con 6 caños que emana agua con diferente intensidad de sabor, burbujeantes todas, unas más amargas que otras. La cascada de agua que existe más abajo de este manantial es un rincón muy atractivo lleno de colores y verdor, los lugareños le llaman “El Chorreón” no en vano las aguas rezuman por las paredes y van dejando rastros anaranjados de limonita barranco abajo.







Cayendo la tarde se intensifica el olor de las flores de los castaños se enciende la noche con el frescor de la sierra y se apaga el día. Un día maravilloso en este lugar del que me considero una enamorada.