ARREBATO
Huyeron tras la última oleada de fratricidios. Ningún lugar era seguro. Los hermanos no podían dejar que sus corazones agriasen y las moscas del rencor les chupasen su sangre. Aquel lugar acristalado les protegería mientras sus sombras tuvieran la bondad de empatizar y ser generosas con la vida declamada allí. Un mantra de armonía se escuchaba en cada jornada, justo cuando el grillo y el colibrí iniciaban su danza al amanecer. Un día Caín, uno de los hermanos, se desgarró la mano con la hoja de una Nolina al pasar junto a ella. La planta, barrigona y despeinada, vivía en un rincón de aquel invernadero. Caín se enfadó tanto que comenzó a tirar de sus finas hojas, una tras otras; no siendo consciente que se cortaría aún más. Gritó de dolor. Aquel pequeño incidente hizo brotar en lava incandescente toda la rabia contenida. Su corazón combatiente, negro de odio, sacudía sus brazos con aspavientos, tirando todo lo que encontraba a su paso. Su sangre pintó de bermellón las plant...