25.2.18

CABO DE GATA ES DE PELÍCULA







Hola amigos y compañeros y seguidores de viajeyfotos. Hoy os invito a un viaje maravilloso en velero. Un viaje que solo durará un día. De Sol a Sol. Atracaremos en playas paradisíacas y caminaremos por senderos y roquedos para descubrir calas de ensueño.





Vamos, que el sol ya despierta, montemos en el “Dulce amanecer” que las velas nos lleven navegando por esta franja costera que se encuentra en Almería, entre Cabo de Gata y Níjar. Muchas son las veces que la he recorrido y nunca serán las suficientes. No os preocupéis conozco bien la comarca, pero lo de navegar, uhm, pues el velero lo lleva otro. La aventura comienza y los escenarios de película saldrán a nuestro encuentro.






Soy una enamorada de esta tierra árida, de desierto y roca; donde se puede ver más, si se quiere ahondar en ella, si se adentra uno por sus costados, entre sus pliegues y te asomas por sus ventanas. Rebolonda, veteada, aristada y enharinada.







Vamos rumbo a la Playa de los Genoveses allí atracaremos; donde musulmanes, cristianos y genoveses lucharon dejando su impronta.






Es una de las playas más apreciada por sus dunas y su perfil marítimo. Maravilloso marco de cine. Nos imaginamos a Sean Conery como bereber secuestrando a Candice Bergen, una viuda estadounidense, un pulso al presidente Theodore Roosevelt para conseguir una suculenta recompensa. Ellos son los protagonistas del film El viento y el león en 1975 ya lo imaginamos rodando por estas arenas junto a su director Jonh Millius.




Arenas con esas masas de gramas, barronales, con amapolas marítimas, salsolas, siemprevivas, capitanas o zumarrillas de las dunas. Y esas poblaciones de pitas, que en un tiempo fueron cultivadas para sacar fibra para sogas. Arenas con huellas de escarabajos, culebrillas, aves y humanos. Arenas donde rodaron, corrieron, saltaron hombres y caballos. 






Los Genoveses, una de las playas mejores conservadas para el baño y muy cerca de la población de San José, así que no hay problema si alguien se quiere quedar por aquí a dormir o se pierde por las dunas.

Mientras desayunamos en estas dunas os contaré algo más sobre esta tierra, donde crees ver arena y es piedra.




Este Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar  fue el primer espacio marítimo-terrestre que se protegió en Andalucía, y a dios gracias, porque si no hubiésemos tenido otra franja urbanizada indiscriminadamente. Es una zona muy seca, como la totalidad de esta provincia almeriense. Un clima con pocas lluvias y, por tanto, poca agua en los cauces. Se dice que aquí no hay invierno climático. Pero esa aridez ha hecho que existan esas especies vegetales y animales únicas, y este valor paisajístico que ya estáis descubriendo. Especies únicas, como decía (casi un millar) exclusivas que, junto a la diversidad geológica, han hecho de este lugar también se reconozca como Reserva de la Biosfera, con la figura de Geoparque.






Llama la atención la cantidad de cortijos y torres vigías dispersos y abandonados; también se pueden ver norias, aljibes o molinos para sacar agua y que ahora se conservan como bien de interés cultural. De hecho, son un testimonio de esa cultura ligada a esta tierra.






Son solo 50 kilómetros de costa con playas y acantilados. Hay playas más grandes y por lo general más visitadas. Algunas de ellas forman parte de pequeños núcleos de población, como la comentada de San José, Las Negras, Agua Amarga, Isleta del Moro, Rodalquilar; y otras playas son naturales, sin población cercana, como la del Monsul. Pero hay calas que son inaccesibles con vehículo, esas son una maravilla. Hay que hacerlas a pie, por senderos y bajando entre rocas, evitando no rodar cuesta abajo.




Emprendamos ya el sendero de la costa que el barco nos acompaña por mar. Pisaremos el temblor de la tierra, las grietas abiertas y el magma volcado a nuestros pies. Parecerá que nos caen las olas de lava. Y apreciaremos desde arriba, o desde la misma orilla, esos fondos marinos.





Los fondos convertidos en praderas de Posidoneas,  grandes algas verdes,que llegan a formar bosques sumergidos. Se ven sus restos dispersos en las arenas como negras serpientes. Ni os podéis imaginar la fauna que se esconden entre ellas (ni yo tampoco). Los fondos marinos con esta riqueza de vida se ven desde la orilla o desde lo alto de los acantilados, contrastes de colores en ese azul- turquesa de unas aguas limpias y transparentes. Aguas para bañarte en ellas (desnuda por supuesto, porque en estos lugares no puede ser de otra forma). Anímate, vivirás una experiencia difícil de olvidar. Sentirás una vinculación con este entorno, una intensa e íntima conexión con la naturaleza.





Una de mis calas preferidas: la Cala de en medio y sus esculturas pétreas.

Donde la fuerza de los volcanes dejó su huella en su encuentro con el mar en esas olas petrificadas de magma y esas aristas blancas. 






Las coladas de lava, las tobas blancas, los domos gigantes (montañas redondeadas que proceden de calderas volcánicas) las cúpulas de columnas basálticas, las playas fósiles y los arrecifes; toda esta geomorfología es fascinante. Te confirmo: sí es posible conversar con las rocas.




¿Un don con sombrero y pajarita? ¿dónde? Se trata de Henry Jones es el mismo Sean Conery más viejito que con ese sex appeal que a mi tanto me gusta, toque de astucia, imaginación y saber estar escoses. Y aquí está dando lecciones a su hijo ficticio Harrison Ford. Ahí le vemos en la película de Indiana Jones y la última cruzada de Spielberg. Ese intrépido arqueólogo y su padre por estas playas. “Una playa, muchas gaviotas, un paraguas y un avión alemán: que mis ejércitos sean las rocas y los pájaros del cielo”. Mítico momento.




En el paisaje rezuman los colores negros, rojizos, blancos y ocres con las formas más diversas, aunque las que más me fascinan son las de esas lenguas petrificadas o viseras con rocas de diferentes tamaños erosionadas por el mar o esas columnas basálticas que revientan en cualquier parte.






Fascinante ¿verdad? ¿no os recuerda la película el planeta de los simios? En este caso ninguna de las nueve películas se filmó aquí, pero podría haberse hecho ¿no creéis?





Sigamos monte arriba hasta llegar la la franja donde crecen los Palmitos y esos cornicales que escalan por las laderas volcánicas, y esas densas masas de esparto, romero, azufaifos que tapizan las llanuras. Vemos la franja costera, entrantes y salientes, la costa solitaria como lo fue un día y sigue siendo. 









Ahora tomemos de nuevo el velero para ir a las salinas y ver sus flamencos. Otro paisaje, la misma franja costera. Pasaremos junto a los arrecifes, como éste de la sirenas. Mágico. Diez millones de años erosionándose poco a poco.
Al parecer aquí hubo una población de focas monje y sus aullidos fueron confundidos por los marineros como si de sirenas pudieran ser, de ahí su nombre de leyenda.





Rodeamos el faro del cabo y desembarcamos al otro lado del Cabo de Gata.

En las Salinas, ya nos espera Javier Cámara, actor principal de la película “Vivir es fácil con los ojos cerrados” y dirigida por David Trueba. Hace poco tuve la oportunidad de verla. Ese profesor de inglés de los años 60 que enseñaba a sus alumnos (los afortunados de aquellos tiempos) el idioma de los países anglosajones con la ayuda de las canciones de los Beatles. Una historia de un loco apasionado que al enterarse de la presencia de John Lennon en Almería (protagonizando otro film) decide venir a conocerle ¡Qué aventura maravillosa con los otros personajes!



Esta laguna a ras de playa, o albuferas reconvertida como salina, es una de las pocas que existen en Andalucía que se estén explotando en la actualidad y data de la época romana nada menos. 






Tuvo una época gloriosa a comienzos de 1900 cuando los diques se llenaban de barcos escandinavos e islandeses en busca de sal para sus salazones. Una barrera natural la separa de la línea de costa y es alimentada por los cauces de arroyos, acuíferos subterráneos y la poca lluvia que le llega. Ahora es un punto de interés para observación de aves, más de 80 especies diferentes se han catalogado allí.



Empieza a atardecer. Acaba el día. Embarcamos para ver más cerca la cara del sol, mirarle. Nos sonríe. Nuestro viaje se queda en la memoria.






Ya se nos va el sol con sus estelas maravillosas, policromado de rojos, amarillos y naranjas, que se tornan a morados. 




Es hora de despedirnos, nos volvemos a puerto. Espero que el día haya sido tan especial como me lo ha parecido a mí. Un beso. 


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12.2.18

LA CHICA DE LAS GAFAS AZULES (SEGUNDO BOLSILLO DE BOLODUY)







Boloduy hoy mira por la ventana con más empeño que nunca. En su silla está sentada y por más que estira su cabecita no ve a nadie. Nieva. En esa esquina preferente de su cuarto juguetea con sus bolsillos, tiene ganas de contar alguna de sus historias. Esa blanca nevada, inesperada, imprevisible, y su brillo transparente le recuerda a alguien… rebusca y la encuentra. Solo puede ser ella, la única que está en-el-bol-si-llo-a—zuul. Sonriente, haciendo muecas con la boca y sus ojos, comienza a contar su historia.

*

La chica de las gafas azules se encuentra sentada en el parque, apoyada sobre el tronco del árbol como cada mañana sobre las diez, y media de las diez. Quieta, mira sus rodillas, como una muñeca abandonada en el parque. No se mueve, pero en menos de dos horas ya está tentetiesa. Camina y toma la calle de la izquierda. Hoy trae camiseta rosada de tirantes, una chaqueta de lunares rojos y verdes en su brazo, y en el otro acierto a ver un reloj grande con correa azul y también ¡un anillo azul! Luce alegre. Su hobby no puede ser otro: es estudiante. Tiene un pelo largo ondulado, casi rojizo, que va en coleta para destapar una cara fina de porcelana, punteada de efélides con unos ojos grandes de pez ¿Me pregunto cómo hay gente que le tiene desconfianza a los pelirrojos? creo que lo llaman gingerofobia, aunque sinceramente, no sé qué tiene que ver el jengibre con esto otro.

A la chica de las gafas azules se la ve detallista: reloj y anillo azul, zapatos de lazos, ups, ¿azules? Delicadeza y estética, ay, que con toda seguridad ella va a encaminar su futuro a la restauración. Ya la veo hacer: Encuaderna y embellece libros antiguos; rescata esas cubiertas con soporte de madera o ese papelón revestido en piel; maneja pergaminos, telas mudéjares o góticas, cose que te cose con hilos de cáñamo o lino. Y todo esto, en la mil y una noche de su habitación de trabajo, un taller con grandes lupas que suben y bajan, fija que te fija la vista en su minuciosa labor y, ¡mira que ojos tan grandes detrás de los cristales! ¡Qué desafío debe ser recuperar la historia de todas esas joyas literarias! Ella será una gran artesana del tiempo. La miro pasar, está más cerca, ups, pero su expresión es seria, algo así como risastente, sí creo que se abstiene a reírse; es el semblante de una chica que trabaja sola y por lo blanquita que es, poca luz le da. 

También la chica de las gafas azules podría llegar a ser una bibliotecaria, pero con su sensible piel, casi transparente, no podría acercarse a los anaqueles, sobre todo, cuando se acumula el polvo en el lomo de los libros; sus manos se le enrojecerían. Oh, además, esos estornudos entre pelos, polvo y pelusas de algodón... No, no aguantaría mucho tiempo. Con esa mirada de ratoncilla, la chica de las gafas azules de piel transparente parece ser muy eficaz para escudriñar información, claro, para esto la personalidad es importante. Ella es seria, pero no tiene un semblante desagradable; le concedo el beneficio de la destreza, la habilidad en un mundo lleno de historias de gente, siií… ella es una especialista en documentos; eso es, ella custodiará documentos de los ciudadanos, salvoconductos de todas las épocas, pasadas y actuales. El trabajo de la chica de las gafas azules lo desempeñará en el servicio público, con bases de datos eficientes al servicio de investigadores y políticos. Hay toda una historia escrita en esos documentos, muchos testimonios, necrologías. Algunos escritos con letra ilegible, medio borrada, son manuscritos en los que se le ha podido quitar palabras o párrafos que han sido raspados y se han vuelto a escribir textos nuevos encima… ¡Oooh diooos! la chica de las gafas azules seraá… Noooo, no me lo puede creer ¡¡es una espía!! Nuestra ratoncilla de gafas azules, risastente, es una agente doble archivera, y seguro que mal pagada, eso sí, con un olfato trufero para conocer todos los entresijos y no habrá secreto fehaciente que se le pueda escapar.

Y además puede que, en ese archivo ella va a conocer a su futuro marido, y tal vez también deje el mundo de los espías de lado, pero solo por unos años, eh, después se divorciará, porque el mundo del espionaje, contraespionaje, antisubversíón y antiterrorismo, es así, sí, así de seductor y apasionado «Uhm, lo que da de sí conocer el mundo de los archivos».  La chica de las gafas azules será espía, pero no cualquiera, será archivera espía que terminará sus días ya jubilada montando un restaurante de reconocido nombre: “El bibliotaje”, donde pasará por fin desapercibida. Pero, su historia no acaba aquí, en este negocio conocerá a un joven escritor veinte años más joven que ella, y será quien escriba la historia de su vida. Un libro que encabezará la lista de ventas durante algunos años que se llamará: “El ratón azul” ¡Qué historia tan apasionante la de la chica de las gafas azules!
*

Por la cara que pone nuestra investigadora y esa pose graciosa con las gafas caleidoscópicas retro, creo que a Boloduy no le importaría para nada convertirse en esa chica de las gafas azules y, además, archivera espía, solo con imaginarlo ya es superfeliz, tantos cajones por abrir y suficientes historias para espiar y llenar muchos, muchos bolsillos.

FIN





(PRIMER BOLSILLO DE BOLODUY)


7.2.18

LA HUIDA EN CUATRO NOCHES







La llamaban la ciudad roja. Fue la ciudad que durante un tiempo había despertado a la clase obrera. En ella su gente pudo romper la frontera, la que siempre había existido, la que separaba ricos y pobres. En tiempos pasados la mayoría de sus pobladores se levantaban en una orilla y vendían su fuerza de trabajo en la otra. Gente, la mayoría analfabeta, que conoció la educación, la que se ceñía con aparejos de inquietudes e hilos de creatividad. Pero poco tiempo duró este sueño agarrado a las entrañas, poco serían los ateneos libertarios. Tuvieron que huir porque se les empezaban a descolgar los hombros por abrazarse al miedo y por taparse la cara al pánico. 




A esta ciudad se le acalló el bullicio de sus calles con la huida de esta gente, su gente. Salieron a prisa como bandadas de pájaros migratorios, como estorninos despavoridos por los cartuchos de un cazador. Desde aquel día fueron desapareciendo estas aves de color.  Pasarían semanas, meses, años y algunos volverían de nuevo. Fueron pocos.  La mayoría quedaron por el camino con sus cuerpos desmenuzados entre las piedras, fundidos en el polvo. Otros emigrarían a otros lugares, para siempre, los más alejados de esta ciudad.

La ciudad peligraba quedándose tan sola. Quedaba vulnerable, desconfiada y con la puerta abierta. Una puerta de agua que la fue ahogando en humo y pólvora. Entraron por ella alianzas de poder y avanzadillas de barbarie. Camisas negras, camisas azules le atacaron por tierra, mar y aire. Una lucha desigual, uno de esos desequilibrios de balanzas, con pesas diferentes de ideales, fe y moral.





Más de cien mil almas huyendo de ella. Cuatro días con sus cuatro noches. El miedo se apoderó de toda esta gente provocando el mayor éxodo conocido hasta entonces. Muchos pueblos cercanos se unirían hasta quedar desiertos. Tal fue el miedo y la desmoralización que crearon estas alianzas enemigas que huirían casi todos despavoridos; y después, si pretendían volver, con su arrepentimiento le degollarían. La huida fue en silencio, con este cuchillo en la espalda y con los pies solapados a las piedras. La mayoría eran mujeres, niños y ancianos. Iban huyendo, susurrando y gimiendo, ahogados en rumores de moros que venían cortando cabezas a los hombres y pechos a las mujeres. Iban sobre mulos y bueyes, con maletas y bultos, unos arrastrados, otros en la cabeza. Envueltos en una manta y agarrados a un puñado de habas.  Con la cara aplastada sobre la tierra se escondían de día y caminaban de noche. Escondidos bajo puentes, tras la sombra de torres, en los túneles del tren o tirados en cunetas. Obuses a bocajarro. A primera hora de la mañana metralla de aviones y a mediodía bombardeos navales. Pocas casas para hospedarse y muchos montes pelados y cañaverales. Durmiendo en cementerios. Camiones sin llantas y aviones volando bajo, comiéndoselos. A su paso algunos árboles suicidas con horcas desesperadas y ríos ahogados con cauces reventados. Las pizarras desgranadas de la roca por la metralla y el bombardeo y los obuses seguían lapidando vidas. Pies llenos de llagas, reventados, ensangrentados y a cada paso un grito de dolor en sus sandalias de trapo. Niños gritando locos por sus familias perdidas, con el miedo abrazado a las rodillas, esperando morir ametrallados.








Un solo socorro: una ambulancia. Hacia delante, hacia atrás, recogiendo heridos y gente desmayada. La esperanza de salvar vidas de un doctor canadiense con una furgoneta y una única unidad de transfusión de sangre.
La ciudad roja se fracturó como lo hace un globo al volar alto con un temporal en contra, al final lo hace desaparecer. Sus pedazos bajo el fuego quedaran dispersos en cunetas y arroyos, en túneles, puentes y  campos de cañas. Ahí quedaron como paquetes lacrados de vida y abiertos en canal por el pánico y el terror.






La gente que consiguió llegar a otro puerto continuaría sufriendo. Seguiría sintiendo arder su cerebro con nuevos bombardeos, una pesadilla que les duraría toda la vida. Otros pasarían con odio a campos de concentración con una taza de leche y un puñado de pan seco. Serían refugiados de otras provincias, de otros países. Muchos de ellos, niños que serían adoptados temporalmente. Quedarían en barracas o embarcarían con destino incierto. La mayoría de los que deciden volver de nuevo a la ciudad,  serían encarcelados. Es el comienzo de una vida incierta llena de mentiras y miedos. Al final de tanto sufrimiento a algunos se les quitarían la vida. Fusilados. Otros quedaron para trabajar con la dignidad eclipsada de la que fue la ciudad roja.





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Se celebra este mes el 81 Aniversario de esta huida por la costa, con actos emotivos de recuerdo y grupos de personas que recorren este trayecto por la costa malagueña y granadina hasta llegar a Almería. El 8 de febrero de 1937 comenzaría una masacre en la carretera de Málaga a Almería “La Desbandá”. Un ataque a civiles durante la Guerra Civil Española que duraría 4 días. Un episodio olvidado a pesar de ser la peor matanza vivida durante esta guerra. Se habla de más de 5000 asesinados. Se considera un precedente sanguinario de episodios de locura como los campos de concentración hitlerianos. 

Una multitud de refugiados andaluces, la mayoría malagueños, se calcula que unas 200.000 personas, abarrotaron la carretera N-340 (la única salida) huyendo de la leyenda negra y lo harían hacia Almería (ciudad bajo el control del Ejército Popular Republicano). Entre ellos mi madre y su familia, mi abuela embarazada. Se encaminaron a este destino. Recorrerían 200 km, los que se salvaran, porque muchos no llegaron. Le atacaron tropas nacionales apoyadas por fuerzas marroquíes, alemanas e italianas, bombardeados por mar, tierra y aire, causando la muerte de muchos. Un testigo que lo relató y lo documentó en su libro, un doctor canadiense, era Norman Bethune, acompañado de Hazen Sise (autor de gran parte de estas fotografías) que dejó constancia de lo sucedido. 

Un episodio de la historia de España olvidado y silenciado durante muchas décadas. Una memoria recobrada en las páginas gracias a las fosas de los fusilados y a la memoria de la vieja generación que se va acallando en este siglo XXI. Los historiadores Maribel Brenes y Andrés Fernández han sacado a la luz esta historia con datos, de la penumbra bibliográfica a los hechos exactos. 

Manifestación para despertar el olvido y las conciencias con la esperanza que no se vuelva a repetir. La mejor manera de cicatrizar las crueles heridas con la palabra libre. Durante esta semana se celebran actos conmemorativos en Almuñécar, Salobreña, Motril. Hay una marcha que ya ha salido desde Málaga y que llegará aquí el sábado para seguir el domingo hacia Salobreña.


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