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15.2.17

LA HUIDA EN CUATRO NOCHES






La llamaban la ciudad roja. Fue la ciudad que durante un tiempo había despertado a la clase obrera. En ella su gente pudo romper la frontera, la que siempre había existido, la que separaba ricos y pobres. En tiempos pasados la mayoría de sus pobladores se levantaban en una orilla y vendían su fuerza de trabajo en la otra. Gente, la mayoría analfabeta, que conoció la educación, la que se ceñía con aparejos de inquietudes e hilos de creatividad. Pero poco tiempo duró este sueño agarrado a las entrañas, poco serían los ateneos libertarios. Tuvieron que huir porque se les empezaban a descolgar los hombros por abrazarse al miedo y por taparse la cara al pánico. 




A esta ciudad se le acalló el bullicio de sus calles con la huida de esta gente, su gente. Salieron a prisa como bandadas de pájaros migratorios, como estorninos despavoridos por los cartuchos de un cazador. Desde aquel día fueron desapareciendo estas aves de color.  Pasarían semanas, meses, años y algunos volverían de nuevo. Fueron pocos.  La mayoría quedaron por el camino con sus cuerpos desmenuzados entre las piedras, fundidos en el polvo. Otros emigrarían a otros lugares, para siempre, los más alejados de esta ciudad.

La ciudad peligraba quedándose tan sola. Quedaba vulnerable, desconfiada y con la puerta abierta. Una puerta de agua que la fue ahogando en humo y pólvora. Entraron por ella alianzas de poder y avanzadillas de barbarie. Camisas negras, camisas azules le atacaron por tierra, mar y aire. Una lucha desigual, uno de esos desequilibrios de balanzas, con pesas diferentes de ideales, fe y moral.





Más de cien mil almas huyendo de ella. Cuatro días con sus cuatro noches. El miedo se apoderó de toda esta gente provocando el mayor éxodo conocido hasta entonces. Muchos pueblos cercanos se unirían hasta quedar desiertos. Tal fue el miedo y la desmoralización que crearon estas alianzas enemigas que huirían casi todos despavoridos; y después, si pretendían volver, con su arrepentimiento le degollarían. La huida fue en silencio, con este cuchillo en la espalda y con los pies solapados a las piedras. La mayoría eran mujeres, niños y ancianos. Iban huyendo, susurrando y gimiendo, ahogados en rumores de moros que venían cortando cabezas a los hombres y pechos a las mujeres. Iban sobre mulos y bueyes, con maletas y bultos, unos arrastrados, otros en la cabeza. Envueltos en una manta y agarrados a un puñado de habas.  Con la cara aplastada sobre la tierra se escondían de día y caminaban de noche. Escondidos bajo puentes, tras la sombra de torres, en los túneles del tren o tirados en cunetas. Obuses a bocajarro. A primera hora de la mañana metralla de aviones y a mediodía bombardeos navales. Pocas casas para hospedarse y muchos montes pelados y cañaverales. Durmiendo en cementerios. Camiones sin llantas y aviones volando bajo, comiéndoselos. A su paso algunos árboles suicidas con horcas desesperadas y ríos ahogados con cauces reventados. Las pizarras desgranadas de la roca por la metralla y el bombardeo y los obuses seguían lapidando vidas. Pies llenos de llagas, reventados, ensangrentados y a cada paso un grito de dolor en sus sandalias de trapo. Niños gritando locos por sus familias perdidas, con el miedo abrazado a las rodillas, esperando morir ametrallados.








Un solo socorro: una ambulancia. Hacia delante, hacia atrás, recogiendo heridos y gente desmayada. La esperanza de salvar vidas de un doctor canadiense con una furgoneta y una única unidad de transfusión de sangre.
La ciudad roja se fracturó como lo hace un globo al volar alto con un temporal en contra, al final lo hace desaparecer. Sus pedazos bajo el fuego quedaran dispersos en cunetas y arroyos, en túneles, puentes y  campos de cañas. Ahí quedaron como paquetes lacrados de vida y abiertos en canal por el pánico y el terror.






La gente que consiguió llegar a otro puerto continuaría sufriendo. Seguiría sintiendo arder su cerebro con nuevos bombardeos, una pesadilla que les duraría toda la vida. Otros pasarían con odio a campos de concentración con una taza de leche y un puñado de pan seco. Serían refugiados de otras provincias, de otros países. Muchos de ellos, niños que serían adoptados temporalmente. Quedarían en barracas o embarcarían con destino incierto. La mayoría de los que deciden volver de nuevo a la ciudad,  serían encarcelados. Es el comienzo de una vida incierta llena de mentiras y miedos. Al final de tanto sufrimiento a algunos se les quitarían la vida. Fusilados. Otros quedaron para trabajar con la dignidad eclipsada de la que fue la ciudad roja.





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El 8 de febrero de 1937 comenzaría una masacre en la carretera de Málaga a Almería “La Desbandá”. Un ataque a civiles durante la Guerra Civil Española que duraría 4 días. Una multitud de refugiados andaluces, la mayoría malagueños, se calcula que unas 300.000 personas, abarrotaron la carretera N-340 (la única salida) huyendo de la leyenda negra y lo harían hacia Almería (ciudad bajo el control del Ejército Popular Republicano). Entre ellos mi madre y su familia, mi abuela embarazada. Se encaminaron a este destino. Recorrerían 200 km, los que se salvaran, porque muchos no llegaron. Le atacaron tropas nacionales apoyadas por fuerzas marroquíes, alemanas e italianas, por mar, tierra y aire; causando la muerte de muchos. Un testigo que lo relató y lo documentó en su libro, un doctor canadiense, era Norman Bethune, acompañado de Hazen Sise (autor de gran parte de estas fotografías) que dejó constancia de lo sucedido. Un episodio de la historia de España olvidado y silenciado durante muchas décadas. Una memoria recobrada en las páginas gracias a las fosas de los fusilados y a la memoria de la vieja generación que se va acallando en este siglo XXI. Los historiadores Maribel Brenes y Andrés Fernández han sacado a la luz esta historia con datos, de la penumbra bibliográfica a los hechos exactos. Se celebra este mes el 80 Aniversario de esta huida por la costa, con actos emotivos de recuerdo y grupos de personas que recorren este trayecto por la costa malagueña y granadina hasta llegar a Almería. Se considera un precedente sanguinario de episodios de locura como los de Siberia o los campos de concentración hitlerianos. 

Manifestación para despertar el olvido y las conciencias con la esperanza que no se vuelva a repetir. La mejor manera de cicatrizar las crueles heridas con la palabra libre.

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Aportación de Carmen Pinedo en su comentario:

“Hay un cuadro de Klee que se llama Angelus Novus. En ese cuadro se representa a un ángel que parece a punto de alejarse de algo a lo que mira fijamente. Los ojos se le ven desorbitados, tiene la boca abierta y además las alas desplegadas. Pues este aspecto deberá tener el ángel de la historia. Él ha vuelto el rostro hacia el pasado. Donde ante nosotros aparece una cadena de datos, él ve una única catástrofe que amontona incansablemente ruina tras ruina y se las va arrojando a los pies. Bien le gustaría detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo destrozado. Pero, soplando desde el Paraíso, una tempestad se enreda en sus alas, y es tan fuerte que el ángel no puede cerrarlas. Esta tempestad lo empuja incontenible hacia el futuro, al cual vuelve la espalda mientras el cúmulo de ruinas ante él va creciendo hasta el cielo. Lo que llamamos progreso es justamente esta tempestad” (Walter Benjamin).

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Según https://es.wikipedia.org/wiki/Angelus_Novus

El ángel representa una alegoría de la «utopía mesiánica», que se resiste al progreso y que simboliza la catástrofe interminable. El filósofo Giorgio Agamben  identifica al ángel con el hombre moderno, quien, al perder contacto con su pasado, es incapaz de encontrar su lugar en la historia.




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16 comentarios:

  1. Una historia como muchas de la guerra civil española que no se debe de olvidar. Un abrazo

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  2. Nunca sale nada bueno de una guerra y mucho menos de una guerra donde se enfrentan personas de un mismo país con ideales distintos. Terrible esa masacre silenciada y muchos años después seguimos viendo a personas que huyen del terror, que dejan atrás sus vidas y no se aprende, seguimos repitiendo errores.
    Estoy contigo en que se deben contar sus historias, leerlas, recordarlas para que, ojalá, no vuelvan a pasar, ¿cuándo se aprenderá a respetar a los otros tengan la ideología qué tengan?
    Gracias por compartirlo, bonito homenaje a los que sufrieron tanto.
    Un beso

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  3. Hola Emerencia, es increíble cómo este episodio ha sido silenciado y pocos saben de él. Hace unos días yo mismo compartí en mi perfil un artículo de Motril Digital sobre una muestra de cine de la memoria en el que se recordaban estos hechos en su 80 aniversario.
    Este es uno de los mayores crímenes de guerra contra población civil, una masacre o un genocidio da igual el nombre. Hay documentos históricos que muestran como los barcos se aproximaron a menos de 500 metros y masacraron a discreción, los aviones remataban la "faena".
    Un verdadero éxodo oculto y ocultado que demuestra la barbarie en nombre de unas ideologías fanáticas.
    ¿Aprendera el ser humano de su historia? No lo sé, pero desde luego el primer paso es conocerla.
    Bravo Eme por la sensibilidad de tu relato, sin revanchismos, pues no es momento para ello, pero si de aprender y conocer.
    Un beso y un gran abrazo.

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  4. ¡Qué horror!
    Pero además, en tu descripción me has situado en aquel lugar y en aquel momento.
    ¿Y lo peor? Que el hombre no ha aprendido de la Historia y aún hoy, en muchos lugares del mundo siguen con la cara aplastada en la tierra, escondidos de día y andando de noche.
    Un beso Eme

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  5. Un episodio aterrador del que no sabía nada, Eme. El dato de que tu familia fue víctima de esta barbarie no es menor. Se luce tu pluma cada vez que abordas estos temas, y ciertamente logras tu noble objetivo de imponer la memoria y la conciencia al olvido.

    Un beso grande!

    Fer

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  6. Un escrito precioso. Un maravilloso homenaje a esas gentes que se vieron obligadas a huir, muchas para encontrar la muerte en le huida; otros para encontrarla en los lugares a los que llegaron, en la misma guerra o en otra; otros para encontrarla en el mismo lugar tras creer las mentiras de los que se habían hecho con el poder. Algunos se salvarían, salvarían la vida, porque de lo que no podrían salvarse sería del horror vivido.
    Son necesarios estos testimonios, como son necesarias las novelas y las películas. Nunca es demasiado cuando se trata de que no olvidemos la injusticia y el horror.
    Un beso.

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  7. Un episodio que tampoco conocía. Historias que se silencian y se pierden en el olvido y a los que se alude con números, sin tener en cuenta que cada número era un ser humano con una vida que se le arrebató. Nunca hay que olvidar el pasado, porque nos recuerda lo que el ser humano es capaz de hacer.
    Lo has descrito con gran sensibilidad y desgarro, Emerencia. Supongo que el hecho de que tu familia fuera víctima te ha removido al hacerlo.
    Un abrazo.

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  8. Gracias a todos por vuestros comentarios: Mamen, Conxita, Miguel, Macarena, Fer, Rosa. Añado un comentario general recogiendo vuestras impresiones. Este triste acontecimiento fue un preludio de lo que sería el bombardeo de Guernica, un mes después y el genocidio en la segunda guerra mundial. Picasso inmortalizó esta matanza y se ha recordado pero este acontecimiento de la carretera N-340 ha estado 70 años silenciada. Es en estos últimos años cuando se ha sabido más detalles con los relatos de los supervivientes y los historiadores y arqueólogos. Como bien decís no se aprende y la historia se repite actualmente. "La catástrofe interminable" El pasado no hay que olvidarlo lo debemos tener presente siempre, hay que recordarlo. Como bien dice Miguel, aquí en la costa de Granada se han celebrado varios actos. También ha sido un homenaje al recuerdo de los que hemos tenido familia que lo han vivido. Mi madre con 4 años con su hermana en los serones de esparto de un mulo, una a cada lado. Su hermano con 7 años andando de su madre (mi abuela) embarazada y mi abuelo. Mi abuela Concha parió cuando llegó a Almería. Mi madre me contaba el pánico a las bombas por el camino y dentro de los refugios subterráneos en Almería. Ellos pudieron contarlo. Gracias a todos por vuestros comentarios. Un abrazo

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    1. Se me olvidaba, gracias también a Ziortza, un beso

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  9. Si todas las guerras son horribles, lo más repugnante de ellas son los crímenes cometidos contra la población civil. Muchos fueron los casos de ataques premeditados contra ciudades y muchos fueron los civiles ametrallados desde el aire mientras pretendían huir del horror y buscar refugio en otros lugares.
    Contrariamente a lo que preconizan algunos, si bien estas heridas deben cerrarse, nunca jamás deben olvidarse. De hecho, la cicatriz que queda ya nos recuerda lo que ocurrió. Y recordándolo ya es una forma de hacerles justicia a esos inocentes caídos a traición.
    Un magnífico relato-denuncia.
    Un abrazo.

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  10. Magnífico texto, a través de tu lenguaje, de tu manera poética de narrar esos hechos, has trasmitido angustia, desolación, impotencia. Me temo que la barbarie nos amenaza siempre y que ni siquiera saber la historia nos curará de ella.
    Un abrazo, Emerencia.

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  11. ... es una tristeza comprobar que no hemos aprendido nada.

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  12. Tu post es un relato tan ilustrativo como aterrador. No conocía esta historia que, aunque acompañada de tu bella narrativa, no ha de caer en el olvido pues son muchos los que sufrieron.
    Gracias, Eme. Un beso

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  13. Gracias Josep Mª, Ángeles, Norte y Chelo por acompañarme en este relato con vuestros comentarios. La historia hay que conocerla y son muchas las formas, esta al fin ha salida a la luz y ojala se pueda ir cerrando heridas de los que vivieron tan tremenda barbarie. A veces pienso que fue una tentativa de alemanes e italianos para lo que aconteció en la segunda guerra mundial. Una premeditación al acecho. Un abrazo compañeros.

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  14. Tan impresionante como necesario el relato de lo sucedido en esa olvidada zona de Málaga. Tengo el corazón encogido y las lágrimas a punto de salir.. has conseguido trasladarme y hacerme sentir el miedo, el terror y la angustia de los inocentes ante la masacre de lo inhumano.
    Mi familia sufrió el bombardeo del 25 de Mayo en el Mercado de Alicante, perdiendo una tía y quedando mutilada otra tía que en ese momento tenía 13 años. También fue un hecho silenciado y olvidado hasta que con la Ley de la Memoria Histórica han conseguido poner una placa y reconocer a alguna de las víctimas. Mi tía y mi familia me lo contaban pero siempre con miedo y dolor en su palabras, siempre contenidas. El miedo tiene la patas muy largas y llega hasta nuestros días.
    Enhorabuena querida Eme, con tu sensibilidad y tu prosa consigues transmitir más de lo que te imaginas. Un fuerte abrazo.

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    1. Gracias Xus, no solo por leer el relato, sino por compartir lo acontecido a tu familia. Un silencio más que se ha despertado después de tanto tiempo silenciado por incertidumbre, miedos que llegan hasta nuestros días. La Memoria histórica ha sido la que también ha aportado luz a lo sucedido en la carretera N-340. Han sido muchos los mayores que han contado, han sido muchos los cadáveres que han sacado en el cementerio de San Rafael en Málaga donde murieron tantas personas fusiladas. El libro del médico canadiense también ha aportado información y por supuesto estas imágenes. Setenta años sin decir nada y nosotros aquí, tan cerca de todo lo que aconteció. De hecho ahora escribo esto y la carretera está frente a mi ventana a dos metros y esos árboles que en tantas localidades se plantaban para entrar, para salir, los únicos entonces, las únicas sombras de aquella historia. Gracias por tus palabras, son aliciente para seguir escribiendo. Un abrazo

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