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TRÁNSITO

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            Y quedará como un hito. Se trata del Triángulo amarillo, el que unifica ahora ese mundo dividido en dos. Quizás creas que esto es una paradoja: un triángulo que vaya a derivar en señal de una división de dos partes, pero cosas más inverosímiles se han visto, ¿no? Ahora sabrás lo que ha ocurrido. La humanidad fue obligada a salir, a buscarlo. Como dijo la profecía Mona: « Después de derretirse los polos, la tierra se limpiará. El hombre se enfrentará consigo mismo. El dinero dejará de usarse. La nueva raza humana y los insólitos animales que surjan, formarán parte del Triángulo amarillo, el límite. Allí surgirá la embrionaria razón del nuevo ser. Continuará el camino de la evolución. » .  Se han unido por entero las razas hacia ese límite. Ahora nadie pide comida cuando la carcoma se ha convertido en plato suculento. Ya no tiene sentido en el sur una cuchara si el plato se derrite, al mismo nivel que la gota ya ha colmado el v...

LA ARAÑA Y EL CHINCHE

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Un buen día la araña Clotilde se instaló en la habitación más tranquila de la casa, justo en la esquina de la pared que lindaba al techo. Alejada del bullicio, preparó sus hileras. Y con delicadeza y dotes de malabarista, comenzó a tejer su tela de seda. Su hilo, más fino que un cabello, solo se veía con el sol; relucía en el instante mismo que la caricia del aire lo endurecía haciéndolo más resistente que una cuerda de violín. La araña ajustaba con precisión todo el entretejido conformando la red. El trabajo de confección le llevó días. Lo hacía paciente, abriendo zancada con poca comida y aún menos descanso. Todo iba bien hasta que algo se atrevió a irrumpir en su espacio. Bajo la alfombra asomaron un par de antenas arrastrando un cuerpo plano del tamaño de una semilla de manzana. Desde arriba Clotilde no se percató hasta que el individuo subió por la pared y se le puso en frente. —No te acerques más si no quieres desaparecer —amenaza Clotilde. —Aquí hay lugar pa...

El BOTIJO EXPRESO

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Dos amigos a punto de partir. Be, Te. Son sus iniciales. El final, una playa. En medio el alegreto, el pasaje, y el viaje.     —B. Hace un calor que encrespa el flequillo. No hay quien duerma por las noches, y mira yo las ganas que tengo de ir a Alicante.     —T. Bufete, no te quejes, por una vez que La II Isabel hace algo bueno y nos lleva lejos.     —B. No es la reina, no te equivoques Talegón, es El Ramiro.     —T. El Mestre Ramírez nos costea unas vacaciones “botijiles” y te quejas.     —B. Lo que es, es un tacaño y un miserable.     —T. Ya sabes lo sui géneris que es. Dice que el viaje es la bomba, que quién ha ido ha sanado con el yodo del agua. Ya lo llaman a este viaje el archi-botijo. Agua fresca y mar de yodo.     —B. Y todo para ahorrar unos cuartos, según El Ramiro, a la sociedad.     —T. Venga, tira pá el tren, vaya que encima se va y nos deja aquí.    ...

PENSAMIENTO DE CARACOL

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—Dígame, ¿usar este ingrediente es por algo?, ¿algún trastorno quizá? No me mire así, es broma. Es que baba como aglutinante pues... Bueno disculpe sí... «No contesto. Un paranoico no contestaría». Piensa el maestro. Y sigue con su técnica artesanal. Ya ha pesado las proporciones exactas; utilizado la moleta con base esmerilada y ha deshecho el amarillo de Marte y el azul ultramar. Después ha añadido un toque de creta blanco y realizado unos movimientos circulares, muy precisos, rodados sobre la superficie del recipiente. Todo bien desleído con agua mineral. Incluso ha rebajado después la tonalidad con más creta. Está ahora justo en este punto que ha sido interrumpido por su aprendiz. Ahora el maestro mezcla la baba  con un poco de agua templada, dándole el grado exacto de consistencia. No muy convencido, añade dos gotas de glicerina y otras tantas de aguamiel, tal vez para dar más plasticidad. Ya parece que est...

DONACIÓN A LA JAPONESA

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    —Tipo raro ese nipón —añade el camarero mientras el mostacho de pelo le timonea la calva—. Masaiko José  —engulle la risa —venía, no a beber precisamente, ¡el muy cabrón! Quedaba aquí con El Cachopin. Están juntos ahora en Tokio, ganando mucho plantan-dó arbolitós. Maricones.     —Ya sé suficiente.     La mujer aprieta los ojos mientras suelta su cerveza y cinco euros en la barra. Se despide con un amago de sonreír tirando de su bolso.     —Una mujer potente, siempre que se la vea de espaldas, “jjj-stup” —murmura el camarero sonriendo y escupiendo sobre un trapo mugriento que coge de la cintura para restregar sobre la superficie de la barra.     Coral Tsata, nerviosa, fuera del antro, aplasta el índice sobre su diminuta nariz alzada; abre las dos grandes depresiones nasales y expira el aire contenido. Pasa el dorso de la mano limpiándose y se abrocha hasta el cuello su chaqueta de piel sobada. Quiere recuperar l...