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30.10.16

PRIEGO, IZNÁJAR Y ZUHEROS





Este post abraza con cariño las imágenes de unos preciosos rincones de la campiña. Son pueblos que se encumbran al abrigo de sierras y caminos, a pie entre comarcas y provincias.

Descubramos estas tierras andaluzas, estos pueblos de Córdoba. Custodian en sus tinajas la certeza popular que guarda el óleo. Solo los cuadros con sus trazos costumbristas pueden contarnos algo más de estos lugares.






Para inspirarme he seleccionado pinturas de Adolfo Lozano Sidro (1872-1935) un cordobés de Priego de Córdoba que compartió academia con Picasso y fue discípulo de Sorolla. Un verdadero cronista de su época, con ese estilo tan particular que ha inmortalizado al pueblo llano, el esnobismo de la burguesía y a esos tipos y ambientes populares. 

Uno de estos tipos pintorescos ha salido de uno de los cuadros y os va a enseñar de primera mano estos rincones y no es cualquiera, nada menos que es un trovador cañí: "Pepillo el de las tinajas" que parece que a él esto de las palabras le fluye con más facundia.





Los pueblos tienen perfiles con sonrisas que se hilvanan al amparo de la historia, y cuando vas y tiras del hilo, salen sus colores en puntadas de sombrero y faldones. ¿Qué sería un pueblo sin sus costumbres, ni su folklore, sin sus artistas y sin sus pintores?

Traigo estampas recogidas en lienzos que son cuadros con mucho tiempo. Y estas primeras son fotos de hogaño, míralas que son de castillos y de iglesias, de arcos y macetas, de calles y pantanos.








Me palpita el pulso a la vera de estas calles blancas, viendo esos cielos y esa gata lozana. El embalse rodea Iznájar, deja ahí que te deja el agua una isla con casas apiñadas, y encaramado ese castillo está en su parte más alta. 
El río Genil aquí se para entre todos estos olivos, dándole color a estos valles de encinares y quejigos.






Calles de piedra suben y bajan, y a su paso dejan arcos y arcadas, fuentes y calzadas.






Bonita también la estampa de Zuheros con todas las casas encaladas. La mirada recorre el laberinto de sus cuestas hasta llegar a lo más alto de la cortada. Divisa el valle desde la antigua mezquita, ya en silencio, porque allí ora solo la campana. El repiqueo roza las crestas y tajos para aclamar las veredas y senderos de la gente más llana.





Me voy pá mi tierra, que allí si que se confecciona con esmero. Es Priego de Córdoba, donde el dinero de antaño venía amarrado con hilo de seda. Finura de tafetán y terciopelo para todos los rincones españoles se fue y más allá llegó, hasta Francia y las Indias la felpa lució.









De aquí salí corriendo cuando niño, alegre gritaba a los cuatro vientos y vuelvo callado y fatigado de los caminos. Ay que ver lo que pesan los andares del tiempo y mi tinaja rebosante de memoria, que de llena que está se me pliega desde la cara hasta el ombligo.

Esta fue la plaza donde vivía, la fuente de los patos donde jugaba, ya no está el cenador, y tan solo queda la sombra que el suelo hervía. 









Cómo se llenaba de feria mi pueblo, ese gentío que bullía, y allí en la esquina, la casa del prestamista, pá comer y vivir al día. 





Ven y tómate un café con churros a la salida de misa, y cuéntame pesquisas. Bebe conmigo una copa de vino antes de la corrida. Mira, allí está la mujer del alcalde, vaya cuadro, a su lado la niña de Julio de Torres y la Juana, la del compadre.







¡Ay niño no corras a la salida de misa! -decía mi madre- ¡que a los señoricos no has de molestar. Deja que el niño juegue -decía mi papa Frasquito- también tiene derecho, y dicho esto soltaba su perorata:

“Ay Carmela el que de un señorico se fía y le hace caso, no tendrá un cuarto en la vía (vida) y siempre andará descalzo”






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18.10.16

CINTAS DE CELADA





Lo blanco era negro. No hacía viento, pero ese mar estaba vociferando a la orilla y dejaba su saliva pegada en la cara. Ella estaba impávida, quieta, y sus brazos se ceñían a su pecho. Su figura se encontraba frente a frente a esa inmensidad de agua, intentando que los pensamientos que le rumiaban se fueran por un instante de su cabeza. La espuma de ese mar se deslizaba por la arena oscura hasta inundarla. La mirada se le quedó colgada en aquel instante. La decisión se iba a descargar como una pieza de dominó. 

Había tenido una sombrilla de colores que giraba siempre a su alrededor, todo le había ido acompasado: familia, trabajo, pareja, amigos... y ahora, se enfrentaba a una enfermedad que le hacía sentirse culpable, machacada. Ese azar invisible que la rodeaba había dictaminado. Estaba entre dos veleros, uno de ida y otro de vuelta, sin motor, a expensas de un viento impasibleEl mundo se le derrumbaba y la mirada seguía ausente en ese mar que socavaba en la orilla, que arrastraba las piedras y dejaba herido todo el margen de la playa. Una marea negra la arrastraba desde que su pecho, yuxtapuesto a su cuerpo, se quedara a expensas de pruebas, venenos, irradiaciones y mutilaciones. Estaba inmersa en un vendaval de sentimientos, emociones y contradicciones. Ahí, frente a ese mar, empezaba a sentir desprecio por esa parte de su talle que se había revelado contra el resto de su cuerpo. Un mecanismo de lucha y defensa puesto en marcha en una guerra que había comenzado a desabrochar su sujetador… Ahora se daba cuenta de la seguridad que esta sencilla prenda de vestir le había conferido desde que la usó por primera vez. Su torso, su identidad como mujer, se disgregaba como esa lava volcánica que toca el agua; masas nodulares que se reproducen en sus pechos por una llamada desacertada, por una alarma de un desafortunado reloj biológico. Gránulos celulares que crecen como un ramillete de frutos a la espera de caer poco a poco y dejar libre las cintas de esa celada.





Sabía que se le escapaban esos reflejos que le hacían ver la transparencia de las cosas, el brillo del cristal en un vaso medio lleno, esas sombras de los encajes adornándole el pecho; había perdido el sabor de cada líquido y sólido, pero sabía, QUERÍA, que fueran sólo destellos engullidos de una etapa de su vida. Ella, sin asomo de miedo, caminaba sobre un suelo carbonizado con paredes que dejaban respirar al resto de su vida, que a pesar de ese amarillo guardaba reflejos de verde esperanza. Superada las marcas de la alopecia inducida, se enfrentaba ahora a ver montañas nevadas con la ilusión de poder algún día abrigar su vida y seguir conduciendo su trineo.


15.10.16

LA CIUDAD PINTADA




Este es un viaje muy, muy especial. Descubriendo pinturas en las ciudades, una forma diferente de conocerlas.  Las pinceladas y brochazos te descubren los pensamientos, la cultura y la historia de las comunidades que viven en ellas.

Los murales que recojo aquí los he visto en dos ciudades muy famosas del norte de España: Bilbao y Vitoria, símbolos de la vanguardia y de la modernidad vasca.




Son verdaderas obras de arte que se exhiben de por vida en rincones y fachadas de viviendas y por lo general, en lugares muy transitados.

El arte urbano es una forma de expresión artística que aparece en los años 90 con trasfondos ideológicos. Mensajes de críticas y lucha social, medioambiental, crítica política o moral, en definitiva, una invitación a la reflexión. Y en los últimos años  están incluyendo hermosos matices de la cultura y la historia de la ciudad.

Es un arte que a partir de los años 2000 en adelante empieza a cobrar interés en la ciudad, aparecen muchas variantes técnicas y estéticas. Hay artistas que hacen pintadas de forma soberbia e incluso dibujos en tres dimensiones rompiendo las reglas de la gravedad. 




Los murales han sido creados para sorprender al espectador. 

La mayoría son obras de grupos de más de 100 manos llamados “brigadas de la brocha” muchos de ellos estudiantes de bellas artes o de escuela de artes y oficios que convierten paredes, muros y techos en lienzos. Artistas de nacionalidades diversas con un fin común: la expresión. 



Bilbao


Hay dos rincones pintados en esta ciudad: uno es bajo el puente de La Salve y el otro son los pórticos de los soportales de la ribera, en el casco viejo.

El gran mural bajo el puente es del año 2013 y representa el diálogo de dos mujeres, una conversación relajada en una pared de hormigón gris. Representa una manera muy particular de ver la paz. Una reflexión en torno a valores para la paz en Euskadi: diversidad, entendimiento, empatía, tolerancia y convivencia.




El fondo del mural es encaje y hay tiras de colores muy bonitas que destacan como adornos en las dos mujeres. Este trabajo ha supuesto dos meses de trabajo en un andamio pintando un millar de metros cuadrados.





Las otras pinturas murales las encontramos en otro entorno completamente diferente: están coronando los techos de soportales. Son también muy llamativos. Pasamos a una arquitectura más vieja, pórticos con estilo neoclásico isabelino. Recorren parte de la ribera frente al mercado. Cuando paseas por ellos y alzas la mirada las pinturas te sorprenden bastante. Hay estilos muy diferentes de artistas de nuevo con el guión de la sociedad vasca basado en la cultura y el deporte. 








Vitoria

En la “ciudad pintada” de Vitoria ya existe el conocido “muralismo urbano”. Hay un movimiento de expresión pública y comunitaria en torno a este arte, y se conciertan visitas para ver las pinturas del casco antiguo, que es donde se concentran la mayoría de los murales.







Junto a la vieja catedral nos encontramos con una fachada de una casa pintada en el 2007 llena de mantas de colores. Se le ha llamado a este mural “al hilo del tiempo”. Un guiño al pasado de este lugar. En el medievo este rincón de la ciudad fue un mercado de telas y paños. Ha sido realizado por 13 voluntarios, artistas y aficionados, que tras dos semanas de boceto y cuatro sobre el andamio, le sacaron a las 225 m2 los colores y unos cuantos miles de detalles.








El mismo tiempo se empleó para realizar otro mural llamado “el triunfo de Vitoria” realizado en 2009. Está  inspirado en un cuadro de Georges de la Tour “El tramposo” del siglo XVI. Una gran dama juega una partida de cartas con un hombre corrupto que intenta hacer trampas bajo la mirada vigilante de la sirvienta fiel de la señora.


Más al centro de la ciudad, y pintado en la misma fecha, nos encontramos con dos amantes envueltos en una gran toalla de flores bajo el cielo y las estrellas. Ni que decir lo que destaca la pintura en la fachada y sobre todo con el edificio modernista que está al lado.








En vasco Eskuz esku significa “mano a mano” y este es el titulo de dos obras que simbolizan una enorme mano de la que surgen motivos diferentes: el arte, la música y el trabajo. Dos murales que también están en casas y calles muy céntricas, uno junto al otro. Realmente son conjuntos muralísticos. Tienen una parte pintada, y otra, en la base, con una filigrana de mosaicos, piezas de cerámica, espejos y vitro gres pintados con esmalte sobre cerámica. Hay motivos y textos en varios idiomas: español, euskera, inglés, chino y árabe.








El resto del mural destaca por su mano que representa el trabajo de la tierra. Se puede ver como va creciendo una planta de tomate desde la semilla puesta en un huerto urbano hasta que sus frutos pasan a ser envasados. Como nota de interés decir que los huertos urbanos suelen ser frecuentes en la ciudad de Vitoria de ahí esta preciosa fachada.





El otro mural tiene una mano de donde surge la música, la fiesta, la  cultura popular, la del rock y del jazz.  El mosaico es tan bonito como el anterior, en éste se representa la cinta de una cassette entre títulos de canciones y otros detalles.






Este último mural es un homenaje a la mujer. Es impresionante la cara y la mirada de esta mujer ya mayor, llena de consciencia y sabiduría. Transmite paz y nobleza , de hecho se llama así: “la luz de la esperanza”. Se realizó en 2011 y representa la desigualdad y los estereotipos en la educación y la justicia (ver el detalle de la balanza equilibrada entre dos de las ventanas).





Estas pinturas han dado una autenticidad a estas dos ciudades, sobre todo a Vitoria. Felicidades a los artistas en primer lugar y a los promotores de estos proyectos artísticos!!!!!


5.10.16

QUIJOTE DE HOJALATA







Esta es mi Felice contribución a este año cervantino, 2016, que lleva celebrando desde sus comienzos el cuarto centenario de la muerte de Miguel de Cervantes, nuestro célebre escritor de todos los tiempos. Un humilde visaje para que no caiga en las leyes del olvido. Su conocido personaje, D. Quijote,  me lo encontré por las calles de Almagro bastante tieso y enfadado y me soltó esta perorata que a continuación expongo, bien confieso, que terminó entonando cierta canción eurovisiva que alegró mis pasos. Luego, camino de vuelta, no acabarían aquí éstas, mis aventuras viajeras por tierras manchegas; heme aquí que me topé de nuevo al ilustre (este hidalgo está por todas partes en estas tierras). Esta vez sentado muy pensativo cerca de Puerto Lápice, vigilante de sus desaforados molinos, que él tan vehemente ajusticiaba. Allí me contó el secreto de sus cantigas, y es que provenían del dulce aroma del mosto de estas tierras manchegas.



Calles de Almagro

Mirad cervantinos ¡A dónde hemos llegado! 

¡Qué imagen tengo de hidalgo desterrado de aquellos tiempos tan nobles!

Pero ¿Qué mal obra hice, para que esté yo aquí quedado tan tieso en un trabajo de zinguería? Y con este cavilar pienso ¿Acaso no he vivido yo con honradez y bravura? Luz de la razón heme aquí, en lo alto de un desagüe de lata, que por muy artístico que parezca no soy más que aprendiz de pérgola. Siempre objetivo de burlas y engaños y ahora se siguen mofando de mí aquí en lo alto. Ni para trovador he quedado. Pero, cuidado 

¡Donde las dan las toman!


Esto es un agravio ¿Qué aventuras puedo ya soñar aquí encaramado? Y es que no doy crédito encima de lo que están viendo mis pies. Bajo las pezuñas de mi rocín ya no hay caminos que andar sino trazados de asfalto para rodar ¿Dónde andáis arrieros y villanos? ¿Acaso vueltas dais en vez de cabalgar? Mejor miro alto, sin rumbo, que para lo que hay ya que ver 

¡Ojos que no ven corazón que no quiebran!

Me queda la fe de que ese metal caiga algún día y yo salga por patas para batirme en duelo con los que han hecho esta fechoría, a este ilustre caballero cabal, o sea yo, un poeta con armadura ciega y lanza callada. 

¡El que a pie se haya, mire que no se caiga!

Y mi fiel escudero ¿también andas por ahí, desaguando? No lo veo, aunque con su panza poco iba a aguantar en estos aleros. ¡Ay! Mi socarrón compañero que viviste la virtud pues envidia nunca conociste. Tal vez tu benevolencia te llevara a la ínsula que siempre añoraste, y tal vez allí los aleros sean menesterosos en canaletas.(Él nunca fue melindroso, nunca se le ocurriría horadar así el metal) 

¡Nada es lo que aparenta ser!

A lo mejor todo esto es un mal sueño, sí, seguro, eso es. Mirándolo bien, esto es un desengaño, es ambiente teatral y de apariencias falsas, no puede ser otra cosa por el lugar donde me encuentro. Me resigno entonces a quedarme. Súbito apreso la melancolía y aquí en este mi nuevo castillo no será ilícita la tristeza. Laaá, lalalaaaá, lalalá lala laaaá…….ya saben el dicho 


¡Quién canta males espanta!


Molinos de Consuegra