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29.6.16

LAS COSAS COMO DIOS MANDA





(Alguien -un incrédulo, un escéptico- hablando con un mudo de letras cuyo nombre empieza con H) 

A partir de ahora, nada, síiiiii, Na-da. ¿Qué? ¡Qué! ¿Qué pasa? Pues que ando un poco desconfiado, receloso, agnóstico… ando por andar.

¿De qué sirve ser sensato? ¿Para qué tener buen juicio? Si ya las galletas de la suerte no traen sorpresa –con lo que me gustaban- encima se le ha roto el resorte de la pata a mi gato dorado chino y, para colmo, hasta se me están quitando las ganas de soplar velas. Mi mundo se ha vuelto boca abajo. Son las estrellas embelesadas up side down las que nos están mirando; y no me atrevo a mirar hacia arriba por si… cae alguna (y aumenta el número de estrellados). Ves, en eso sí que soy prudente.

No voy a contribuir más a este orden, ¡la orden, nooo! el orden. Si es que no me lleva a ningún lado. ¿Para qué seguir aceptando lo que creo que no es justo? Tampoco quiero sentirme neutro, como el pH del lavavajillas o como la letra Schwa. No me apetece aceptar callado todo lo que está cayendo y va a caer.

No deseo montarme en el carrusel del pensamiento medieval, sí, ese de los filósofos griegos que seguían a pies juntillas lo de “las cosas como dios manda”. Nada de ponerme una venda en los ojos y jugar a la gallinita ciega; tampoco unos guantes porque a mí alrededor nadie piensa practicar lucha libre. Seguir algunas normas y un poquito de disciplina está bien, pero es que me siento como una pieza de puzle que debo encajar bien y que mi vida gire en torno a cosas inexistentes... Vivir diariamente con miedo, incertidumbre; sé que puedo  caer en la trampa de esa mesa de casino; esa mesa trucada para que ganen siempre los mismos.

No soy pesimista, aunque me sienta absurdo diciéndolo. Valoro en gran medida la vida, es solo que no encuentro el propósito en este mundo donde vivo. No hallo el sentido a tanta desvergüenza y provocación. Me siento humillado por el desparpajo ajeno, el que se muestra todavía más indiferente que yo, ese que me engaña con su cuota de poder. No me mires así, porque también me rebelo contra mi indiferencia. Esa sombra indie me persigue, no sé si hacerme nihilista.






"Realidades, desencanto y no encontrarle sentido y respuestas alentadoras a todo este devenir en que estamos sumergidos son las razones que nos llevan a olvidar y cerrar lo ojos a todo lo demás, lo hermoso y maravilloso que sigue sucediendo también a nuestro alrededor"

I. Harolina Payano T.


 "Decía José Saramago "Yo soy pesimista,solo los pesimistas cambian las cosas. los conformistas están satisfechos con lo que hay


Ilustraciones de Igor Morski


18.6.16

MEMORIA DE SENTIMIENTO


Hoy me he entretenido con las notas del recuerdo. 
He puesto boca abajo las letras y los pesares ¡anda, pá qué tanto!
Me he traído conmigo a Carlos Cano, queremos “dar la murga"; granaíno él, granaína yo. Escribimos juntos estas letras, pá recordá; él anda por allá abajo y yo,... por aquí arriba.
Y si de incordios y molestias os quejáis, coplillas os mandamos con gracia y salero ¡Ay! Es que la poesía cantada hace milagros cuando viene de recuperar tradiciones, que de eso se trata.
Trovadores siempre los hubo y nuestra tierra la que más, si no, que se lo pregunten a Cádiz que de sátiras y picaresca sabe. Las abandera con percusión, no perdón, con  repercusión, síiii, pá América se la llevaron allá por el 1900, abrazando orillas, abriendo canales ¿acaso conocéis vehículo más rápido? “má que el Discovery”.
"La letra de una copla te entra por la vía de la sangre, ¡ay lo que se puede encontrá en cuatro compaseh! y é que detrá de un recuerdo te vienen oloreh, sensacioneh y situacioneh":

“No sé por qué te lamentas en vez de enseñar los dientes
ni por qué llamas mi tierra a aquello que no defiendes.
Si en vez de ser pajaritos fuéramos tigre bengala
a ver quién sería el guapito de meternos en una jaula.
Contraviento, contraviento yo me muevo a contraviento.
Y es por mi mala cabeza que me muevo a contraviento
y me paso de la raya que a mí no me dobla el viento.”



Letra de canción de Las Murgas De Emilio El Moro
de Carlos Cano

Se fueron los pieles rojas a Jolivú
Vinieron los federales ¡tatachán!
y en mitad aquel ziquitaque se lió: Toro Sentado
ojú –decía- ¡cuchi la caballería! Y de teniente Glen Ford.

Hay que ver Maribel la cosa cómo estaría
que Emilio el Moro salió cantando por alegrías.

Alegría la traigo a espuertas viene de Cai –qué calor---.
Alegría tienen las jambres de Andalucía.
Frigoríficos volando la reconversión naval:
¡Guardias no tiréis pelotas que pa pelotas Puerto Real!

Vecina asómate al patio ¡Maricruz!
A ver quién me aclara a mí este rebujar:
que si dentro, que si fuera, tú dirás.
Que si bases, que si Otan, que si Morón,
que si Rota y el Peñón de Gibraltar.

Hay que ver Maribel esto sí que es Carnaval.
Arsa y olé ¡viva Cai! Y to la tribu de Alí Babá.

Como quieras que yo te quiera
¡ay! Yo te quiero –qué valor-
Como quieras de marinera o de marinero
¿Salga el sol por Antequera?
Con tal de que salga ya…
¡que salga por donde quiera
lo que hace falta es tirititrán!

¡Espárragos, caracoles, tagarninas de la sierra!
A manojitos los niños venden por las carreteras.

No sé por qué te lamentas en vez de enseñar los dientes
ni por qué llamas mi tierra a aquello que no defiendes.

Si en vez de ser pajaritos fuéramos tigre bengala
a ver quién sería el guapito de meternos en una jaula.

Me han dicho que has puesto en Madrid
un despacho de mucho postín
¡Colócanos! ¡Colócanos! ¡Ay por tu madre colócanos!

¡Ay! Felipe de la Otan cataflota verigües
… llegará a ser un gran torero como Velázquez y Gregory Peck.

Contraviento, contraviento yo me muevo a contraviento.
Y es por mi mala cabeza que me muevo a contraviento
y me paso de la raya que a mí no me dobla el viento.

Cascarabitos me los comía y así las jambres se entretenían.
No se me vaya a subir la rama de¡ perejil: ¡Sí!...



Pintura de Malika Favre

13.6.16

EL INVENTOR





“Keep Calm and Carry On”
“Mantén la calma y sigue adelante”

Entrada la madrugada, con las primeras luces del alba y un mar tranquilo, salió de viaje. Esa mañana era especial y lo sabía; estaba muy nervioso. El silencio del mar siempre le había protegido de todas sus dudas, sabía que un barco era el modo perfecto para viajar a la ciudad.

Mientras navegaba le venían recuerdos del pasado, ese olor a salitre, la brisa fresca del fiordo... Su padre fue pescador de salmones en el río Orkla y él siempre le había acompañado en los grandes momentos de la pesca de mayo, cuando llegaban los salmones de tres inviernos.



Siempre supo que su futuro debía de ser otro, más aún, cuando falleció su progenitor en aquel accidente.

Se hizo con su vida en cuanto se trasladó a la ciudad noruega de Orkanger; aquí fue donde incubó sueños y proyectos que, después, se harían realidad en Oslo, donde vivió la mayor parte de su madurez profesional.

Su afición verdadera no fue nunca capturar peces. Desde pequeño construía artilugios con todo lo que se encontraba abandonado en la orilla. En su casa inventaba cosas prácticas que ayudaban al día a día. También en el trabajo, cuando paseaba, corría, e incluso con su familia; no había momentos en que su cabeza parara de ronronearle ideas que apuntaba en su libreta. Era inventor de tecnología. Noruega era ya famosa por el cortador de queso y el clip, el cyclocable y el aerosol. Su fijación era inventar algo diferente, que trascendiera más lejos que la cotidianidad del tiempo.

Vivía a orillas del estuario, el único vínculo que tenía con su pasado. En su pequeño jardín de brezos, revisaba su cuaderno al caer la tarde y elegía entre todas las opciones escritas. Consideraba los detalles de cada una. Dibujaba en un papel, medía cada trazo, pintaba cada elemento. Sus invenciones tenían una genialidad muy fuera de lo cotidiano y se le conocía por ello en esos parajes (aunque también se le había tachado de loco y excéntrico en más de una ocasión). Su familia se había acostumbrado a sus horas de aislamiento en el cobertizo. Corregía noche y día sus ideas, realizaba cambios continuamente, hacía y deshacía bocetos.




En su oficina investigaba sobre sus inventos, quería saber hasta qué punto eran originales. Sus paseos por la ciudad los realizaba siempre con la atención puesta en tiendas donde hubiese productos similares al suyo. Rebuscaba repisas y estantes, intercambiaba comentarios con los dueños del negocio; a veces contrastaba toda la información y comprobaba sí había inventos parecidos.

Cuando la información que reclutaba sobre lo que tenía en la cabeza no le era fidedigna, indagaba por otros lugares. Solía acercarse con frecuencia por la Biblioteca Nacional. Allí siempre encontraba datos que le ayudaban a mejorar sus invenciones.

Este invento que tenía ahora entre manos sabía que le cambiaría el rumbo de su vida y, tal vez por eso, estaba tan preocupado. Nadie hasta ahora había conseguido algo así.

Gracias a esta invención él había sido capaz de excavar en su vida, tallar imágenes y códigos y ordenarlos. Con él había conseguido tener la confianza de vivir con satisfacción y quería que otros también lo hicieran.

Llegó al muelle, miró la ciudad, el embarcadero, la gente sobre él y consideró si quería seguir adelante. En sus manos estaba el aparato de inducción mecánica para saltar a otro plano de la realidad, para poder observar la vida como un espectador. Tenía miedos. Pensaba si a la gente le intrigaría tanto su invento como para plantearse usarlo 

¿Realmente las personas querían averiguar cómo era su vida pasada? ¿Tal vez la gente no quería traer recuerdos al presente? ¿Se reconocerían entonces si se vieran? ¿Les ayudaría su invento a cambiarla para ser más felices?

El viento estaba en calma. Maniobró el barco para hacer un atraque a babor en el muelle. Con destreza y escrupulosa meticulosidad puso el timón a la vía y dio cabos de popa. Keep calm.

ilustraciones de Dani Padron


11.6.16

LOS CAHORROS



Hoy vamos a viajar en el tiempo ¡Nooo!! no tengo una invención estratégica de esas que rompen las leyes físicas. Te enseñaré uno de los lugares más interesantes desde el punto de vista geológico y una experiencia emocionante como ruta senderista.






Estamos en Monachil, muy cerca de Granada, a apenas 8 kilómetros de distancia. En su término municipal se encuentra Sierra Nevada y ya os podéis imaginar todos los paisajes maravillosos que pueden existir en sus faldas. El deshielo hace milagros.






 El agua al querer ir hacia el mar, busca todos los recovecos, rendijas, grietas; va socavando, erosionando cada pared y roca que encuentra a su paso. Si además, se junta la erosión de la lluvia, el resultado puede llegar a ser increíble como es este lugar. Las crecidas torrenciales del río han ido excavando a su paso estas formaciones rocosas apareciendo cuevas, bóvedas y paredes que impresionan. A lo largo de los siglos se ha configurado este paraje natural llamado: los Cahorros o Canjorros.




Para adentrarse en este patrimonio geológico se pasa por cortijadas, huertas familiares de olivos y cerezos, hasta llegar a las azuelas y desde allí empieza a cambiar.


Y pensar que aquí, en este paisaje, estuvo el mar Tetis anegando estas tierras. Esos caminos fueron entonces fondos marinos. Esas rocas que ves son de naturaleza caliza arrecifal, arrecifes entre tomillos, sauces y gayombas. Son restos de colonias de corales y de algas. Es asombroso ¿verdad? Montañas dolomíticas que se levantaron tras el retroceso marino, montes que parecen bioconstrucciones formadas por gusanos marinos y cianobacterias que una vez estuvieron en este mar somero, como lago plácido, hace unos 400, 200 (me pierdo con estas cifras) millones de años.


El río Monachil en su bajada chorreante del pico Veleta (2.975 m. de altitud) ha socavado en la ladera un desfiladero con tramos caprichosos. Son verdaderas esculturas naturales las que se puede ir descubriendo en todo su recorrido.
El caso es que si ves de lejos el paraje de Los Cahorros, no te imaginas lo que en su desfiladero esconde y visto desde arriba parece un castillo semiderruido entre bosquetes de mimbres.





Es un regalo el poder disfrutar de este mundo natural. Mirar por dentro de él y ver cómo está hecho ¿cómo se ha formado? ¿Cuándo?
Vamos a sacar la niña, el niño que tienes dentro y a descubrir con esos ojos cada rincón de la ruta. Te adelanto que hay sorpresas y emociones, y lo de la piedra rodante de Indiana Jones en el templo maldito, no tiene nada que ver con la de la cueva de las Palomas.






Los Cahorros se trata, por tanto, de un cañón dolomítico que tiene en uno de sus tramos (el más visitado y cercano al pueblo) una parte más encajada y que le da su nombre. Rincones recónditos que te llevan a la aventura fluvial sin tocar el agua, pero vas intentando evitar como no caerte a ella (seguro que un niño en más de una ocasión se hubiera caído, o al menos chapoteado). Esquivas, te agarras a paredes, pasas a gatas, saltas al cauce. Vas pasando por bóvedas, oquedades y quebradas y te sientes como un equilibrista gran parte del recorrido por el cauce.




“El no va más” son los puentes colgantes. Hay un puente colgante, el más largo, de 65 m de longitud. Todos están hechos de cuerdas y travesaños de madera, reforzados lateralmente con elementos de metal y colgando de cables.
Ni que decir la cantidad de adultos que se acobardan con el tambaleo. Y es que esto de andar por el aire no es Peccata minuta, más de un@ se achanta, aunque por lo general lo manifiestan más las mujeres que los hombres ¿por qué será? Más de tres personas o cuatro no se recomiendan pasar a la vez, por el peso y el cimbreo como podéis imaginar, y ¡ojo!! porque puedes llegar a marearte en el puente más largo.




El Pasaje de la cueva de las Palomas es tal vez uno de los lugares más impresionantes. Han caído rocas enormes dolomíticas y se han empotrado en el río creando un túnel natural. A la entrada lo que más destaca es la enorme roca de unos 12 m de diámetro que parece que te está dando la bienvenida a un mundo desconocido. La de Indiana pesaba 136 kilos y era de fibra de vidrio, y de ésta ni me imagino el tonelaje. Verla bajando por la ladera de la montaña y encajándose aquí, uf!!




Bueno, intrépido aventurero, seguro que te has quedado atrapado entre dos paredes como una de esas piedras, o te has anclado como una araña a la pared o te has petrificado mirando extasiado como cuelgan esos puentes sobre el río ¿verdad?




Terminamos esta ruta con una velada de sobremesa musical. Recordamos a Antonio Gumersindo Garay García “la Tarde” El regalo final del día.





1.6.16

LA VELA





Su existencia como escritor tuvo dos comienzos.

Desde octubre del 95 el reto de aquel hombre sería volver a escribir hasta que sus palabras cobraran vida de nuevo.

Su amnesia le pesó como una lápida, quiso volver a morir una y mil veces, era su obsesión ¿cómo olvidar por un momento esas heridas traumáticas y sus sentimientos terrenales? Estar postrado con intensos dolores martilleó sus entrañas, y esa sirena hueca en su cabeza le recordaba que su vida había terminado… A sus sesenta años no podía asumir la diligente incertidumbre de su existencia. El coraje le sobrepasó un día, cuando su compañera le abandonó para siempre. Quiso volver a leer, aprender de nuevo a escribir, él, que había sido estandarte de sueños de poetas, intelectuales.


Sus comienzos literarios fueron lecturas y escrituras en el nocturno de una recepción de hotel. Se acostumbró a ser noctámbulo de las palabras. Una noche de invierno, se cortó la luz, encendió una vela y pasó parte de la noche con solo el reflejo de las hojas en la pared y las sombras chinas de sus dedos y el lapicero de anotar. Construía relatos como cajas secretas en su imaginación. Desde aquella noche de tormenta supo que quería ser escritor. Su desafío era llegar algún día a sentir que sus escritos pudieran convertirse en una obra de arte.

Escribía con el tiempo de una vela y este capricho le acompañó siempre. Su intervalo era el que la vela le dictaba, cuando ella se consumía, él dejaba de escribir. Esta manía suya le acompañó durante años, creía que se lo debía todo a ella.

Hoy vive sujeto a su silla de ruedas. Recuperado ya, ha vuelto a escribir mañanas y tardes, abandona cuando llega su terapeuta. En esos momentos del atardecer saca dos copas de vino y enciende una vela.



Anterior relato inspirado  en las pinturas: DEL CAOS AL BLANCO

Las pinturas son de la granadina Elena Laura. Gracias