CronoHistoria



Hola a todos, os traigo La Alpujarra de nuevo, uno de mis lugares preferidos. En esta época, los que vivimos en la costa nos gusta perdernos en sus montañas, atravesar esos valles, ver los picos nevados, pintar su otoño y mirar a través de la ventana las hojas del cerezo y el moral. Por las noches sentarnos junto a la chimenea y sentir el calor del fuego y el olor de la madera quemada. 















El despertar de la mañana con ese aroma del pan recién hecho. Un paseo escuchando el sonido del agua. Comer con el sabor del orégano y el tomillo y saborear el dulzor de la mermelada de frambuesa…. Os podría contar mil sensaciones y emociones.



Ya es la sexta vez que hablo de ella en este blog. Es mi particular apología. La he descrito, definido, he buscado sus viajeros más emblemáticos curioseando sus cuadernos de viajes de antaño. Le he sacado colores a las estaciones y me he perdido por sus rincones: la última morada morisca,  Alpujarra en julio, Cuaderno de viajes, Alpujarra en noviembre y Adarves, Capilerilla (Al final os pongo los enlaces por si queréis curiosear por alguno de ellos) 

Esta vez voy a entrar más en su historia ¿Cuál es la razón de que haya tantos pueblos pequeños salpicados en las laderas? Unos pueblos tan cerca de otros, en una franja de casi cien kilómetros entre los ríos Guadalfeo y Andarax. Hay barrancos que quedan distanciados por unos pocos kilómetros y pueden llegar a tener tres pueblos seguidos.




Te encuentras con una trama de vías y caminos que están trazadas en las faldas de las montañas y las principales fielmente amoldadas a las curvas de nivel. Hay senderos que se entrelazan como lazos. Parece como si se anudara la vida de sus pobladores a lo largo de los tiempos.


 La Alpujarra es el claro ejemplo de la adaptación al medio. Un biotopo que se ha creado, regenerado y preservado sin afectarle mucho los avatares.
En esta comarca se tuvo que refugiar la historia y este paisaje la ocultaría entre los pliegues de sus valles porque si no, ¿cómo habría llegado hasta nuestros días esta arquitectura morisca, esta litografía?



 Llama la atención esta anarquía y desorganización en la ubicación de los pueblos, aldeas y cortijadas en las pendientes orográficas ¿un control del territorio? la dominación musulmana creaba asentamientos dispersos tal vez como estrategia militar, política y económica. Estos emplazamientos dispersos por las montañas serían entonces el germen de las poblaciones que existen hoy día.


Las tahas con su mezquita, plaza, castillos, baños y rábitas entraban en sintonía con la roca del lugar. Constituían una frontera invisible pero con un mercado abierto al mundo. 


El sistema de regadíos creó un vergel, se desarrollaron las huertas, se cultivó y se trabajó la seda. Telares que hacían la delicia del resto de la península e incluso de la corona de Castilla, una razón para que permitieran que los moriscos siguieran en esta comarca.


El morisco de la Alpujarra pagaba un alto precio por vivir aquí, por mantener su forma de vestir, comer y disfrutar de sus fiestas y ritos hasta que un día….



Los castellanos tras la revuelta morisca en 1568-71 llevan a cabo la expulsión total de los musulmanes. Se implanta la religión católica pero no llegan a modificar el urbanismo, tal vez porque las pendientes no les permitía regular la superficie. 


Se conserva entonces esa arquitectura morisca tan cercana al norte de África. Se desarrollan aún más estos asentamientos. Los pueblos se organizan en base a la iglesia y los barrios se visten de puro blanco. 





Algunos cristianos viejos siguen manteniendo con añoranza el lugar; conviven en armonía campesinos, artesanos y los pocos tejedores moriscos que quedaban. En los barrios de la parte alta se ubicaban los pastores próximos a los pastos y en los barrios bajos los agricultores para estar cerca de las tierras de cultivo y controlar el riego.



En 1572 aparecen los primeros repobladores: andaluces, valencianos, extremeños, gallegos, asturianos y cantábricos, vascos y navarros.




No todos se adaptan a estos lugares escarpados, no todos quedan aquí. Hubo tiempos de abandono, tiempos en que la Alpujarra quedó callada. Años de éxodo y drástico olvido de tierras y cortijadas que ha llegado hasta la segunda mitad del siglo XX. Los significados tradicionales de este territorio se pierden pero aún quedan las casas.

Con la expansión del turismo, nuevos viajeros llegan, algunos se quedan. Se recuperan las viviendas, se conservan bajo estrictas normas. 


Las condiciones de vida ya son otras. Nuevas visiones siguen conservando la Alpujarra.










Hay una carretera que zigzaguea entre prados y robles. La orilla de muros de piedra deja ver entre los árboles pequeñas aldeas y casitas aisladas de madera, piedra y teja. 



Grupos de ovejas pastan inmutables a cualquier ruido. El tiempo se ha detenido en estos valles des Causses du Quercy. Bien podríamos estar en el siglo XV.










En un recodo de la carretera aparece un pequeño pueblo medieval, dominando sobre el valle. Los restos de castillo y su iglesia se alzan en un montículo de piedra a un centenar de metros del río Lot.






Las campanas de la torre llaman a la oración y hacen revolotear las aves que anidan entre los aleros. Los monjes ya llevan rato despiertos aferrados a escrituras y a desvelos de los aldeanos.

Huele a pan de horno y queso recién hecho. Se despierta la mañana en el territorio de Quercy.

Las casas se disponen sobre la fortaleza ganando terreno a la piedra. Tienen tejados con un color ladrillo muy característico de la región. Guardan la armonía con la piedra calcárea y la madera de roble. 





Por las estrechas calles empedradas se oye que cabalga alguien, posiblemente 

un caballero.






Ventanas, ventanucos y buhardillas, se abren a los rayos del sol.



Portezuelas y postigos se escuchan al paso de tus pisadas. Humean las chimeneas con el desayuno. Hay gente en el patio trasero, cogiendo agua del pozo y alguno que otro sale de la letrina


 

Se ven viviendas diferentes, algunas son sencillas como la de los campesinos, con una sola estancia que hace de cocina, salón y habitación. En donde además se trabaja, se almacena la cosecha y lo útiles de arar.







Otras casas tienen varias dependencias con huerto y corral.
Cercana a la calle principal los artesanos comparten su casa con el taller y en mucho de los casos con la tienda que empieza a abrir su puerta a esta hora de la mañana.





Carpinteros comienzan la jornada cortando la madera de roble oscuro de la meseta. Hay que terminar los encargos de muebles y hay que apilar las vigas.




El gremio de los armeros preparan los artilugios para los cazadores y para los caballeros que se aprecien en el arte bélico.






En las casas de más abajo están las modistas, sastres y trabajadoras de la lana, cortando patrones de trajes  unos y tejiendo otras. 

La calidad del traje y el precio son muy valorados, sobre todo si es el traje del domingo, es el gran día y toda la familia va a misa luciendo sus mejores ropajes.


Las modistas te cuentan sus quehaceres diarios. Por cierto, hoy tienen la reunión con el gremio, importante para un artesano que se aprecie.



El sendero me va llevando al molino del río, aquí huele a piel curtida y tinte. Se ven como unos aprendices trabajan en el oficio bajo la mirada atenta del maestro.







 El río, la noria, pescadores, labradores,….En Saint-Cirq-Lapopie todos saben que dependen de la naturaleza que les rodea, es su supervivencia y su integridad. Los agricultores cuidan los bienes apreciados de los campos, el agua, incluso parte del ganado. Los recolectores de plantas medicinales bajan de los prados y los bosques. Traen cestas de mimbre con hierbas cogidas con el esmero y la esperanza de la curación. 


La gente se empieza a reunir cayendo la tarde.

La vida cotidiana de este pueblo gira entorno al tiempo y al espacio, y el ritmo de la vida depende de las horas de luz. 




Es la hora de la comida más preciada del día, la cena. Pan, vino y cerveza no falta.
Alguna cantiga se escucha a lo lejos en las casas más nobles. Los juglares son el centro de atención. La poesía es el mayor divertimento del pueblo junto con la taberna donde hay vino, comida y diversión.

Se cierra un día en Saint-Cirq-Lapopie.








LA AXARQUÍA, MONEDA PROPIA 




Estamos es la comarca de los pueblos blancos de la costa oriental malagueña. 
Muy cercana al mar y con todos sus pueblos salpicados entre lomas y valles de 
subtropicales y cítricos.






Más de una quincena de pueblos y cortijadas pintando de blanco las Sierras de Tejeda, Almijara y Alhama.


¿Por qué me llama la atención? Es una comarca muy interesante para un viajero y con la curiosidad de que posee una moneda propia desde 1988. 



Axarco, Foto de archivo
Una moneda que fue inspirada en la historia musulmana de estas tierras. Al parecer existió otra moneda entre 1480 y 90 que circuló en la comarca. Dada en gracia por el Emir de Granada, El Zagal, la hizo acuñar para la gente de estos lugares de La Axarquía por las victorias de entonces frente a los Reyes Católicos.

En el siglo XX el axarco, que es como se llama, se acuña por iniciativa privada para unificar y darle más identidad a esta región. Tendría sus unidades monetarias (axarquillo, miajaxarquín y billete) con la imagen en una de sus caras del médico y botánico malagueño Aben El Beithar y en la otra un racimo de uvas y el sol. Con su peso en plata de unos 20 gramos, que equivaldría a unos 20 euros.



Algunos pueblos la llegaron a poner en circulación aunque ahora tiene su uso muy limitado, quedando sólo en manos de coleccionistas.



Estas localidades además de compartir historia y moneda, lo hacen también con las costumbres y la cultura y es la tierra actual del cultivo de la uva moscatel.

En las pendientes de las laderas de los montes se ven las cepas de uvas y los cortijos con lagares y secaderos de pasas.



La pasa de Málaga, mayormente de variedad de Alejandría, tiene su denominación de origen y la mayor producción se dan estos parajes.

La primera vez que vi estos secaderos me asombró como esta costumbre ancestral se conservaba y sobre todo los paseros. Situados en la inclinación hacia el sol es una nota paisajística llamativa. Los secaderos tienen esa orientación y pendiente para que la deshidratación de la uva se realice de la forma más adecuada para que no pierda su calidad.



Secaderos. Foto archivo

Uva moscatel preparada para secar. Archivo



La uva se recoge en verano de la viña y se va secando sobre el secadero. Una vez lista se cortan con unas tijeras especiales una a una o dejando pequeños racimos. Es un trabajo muy artesanal, manual, que requiere de muchos cuidados y mano de obra familiar.




Para terminar, no puedo olvidar un detalle de la arquitectura. Estos pueblos tienen la particularidad de su conservación; al ser herencia musulmana son pueblos encalados con calles muy pendientes.





 



El pueblo que recojo en las fotos es Almáchar conocido, entre otras cosas, por sus pasas y su vino moscatel. Tiene un casco antiguo bien conservado con calles, callejuelas, muy estrechas que solo una moto puede pasar. Una encrucijada, vamos, digna de patear.









Son localidades que se visitan también por la apuesta del embellecimiento en los rincones del casco viejo: flores, plantas y sobre todo, los rótulos de calles y las fuentes con cerámica pintada.





 



Es muy agradable pasear por estos lugares aunque haya que estar en forma para subir y bajar cuestas; pero descubrir recovecos es un gustazo y merece la pena, y ya no digamos conocer las peculiaridades de la historia.


PUERTA Y PORTALÓN





¿Quién no ha visitado una ciudad medieval y no le ha llamado la atención sus puertas? 


Bueno puertas, puertas, más bien portalones. 


Los detalles son muchos, no sólo sus arcos de piedra y la madera noble con su resquebrado veteado, sino otra gran variedad de caprichos que hacen única cada una de ellas.

 Cada puerta es diferente. A cada puerta su dueño. Forman parte de esa cultura popular. Parte protección frente a ajenos, parte decorativa, pero otra parte tal vez la menos conocida, es la que está llena de simbolismo.





El carpintero y el herrero diseñaban la puerta con sumo detalle y cuidado según la riqueza de sus dueños, estatus social y creencias. 





Labraban y forjaban con el cincel y el buril caprichos en la madera, en los llamadores, las cerraduras, en los clavos y bisagras, incluso en las tachuelas de cabeza ancha. 



tachuela

visagra


cerrojo
cerradura




















Los detalles de sus grabados son dignos de ver, 
pero ya no digamos las formas.

Los llamadores, aldabas o picaportes son un ejemplo de ello. Parecen tan insignificantes ¿verdad? Nada más lejos, eso es sólo en apariencia.

Hay comarcas donde el culto a fertilidad se representaba en las puertas. 
La fecundidad era algo que preocupaba, puesto que no podía faltar descendencia en la casa. 


aldaba fálica
aldaba prismática

aldaba forma de perro


Las aldabas tenían forma fálicas además con su testículos y todo, curioso eh!! Estas las descubrí, en Huesca, concretamente en la localidad de Ainsa, un patrimonio cultural por excelencia.

Hay aldabas con formas más sencillas y menos significativas. Las hay cilíndricas o prismáticas, o las que representan motivos o formas de animales. Pero las más conocidas tal vez sean las anulares y las de la mano, y de éstas había bastantes.



 

 


La argolla suspendida de una anilla parece ser que es de influencia árabe y hay muchas facetadas con varias caras y adornadas con grabados.



¿Una o dos puertas? 
A estos grandes portalones le han abierto otra puerta más pequeña…..
y es que antaño pasaban por ellas los caballos, de ahí el tamaño del arco. 
El portalón ha quedado sólo como refuerzo de la puerta. 
Mucha madera haría falta actualmente para ser semejante puerta y no digamos con el refuerzo de clavos que llevaban.





La mayoría de las fotos que recojo aquí son de Ainsa, y como podéis ver disfruté de lo lindo con esta gran variedad de detalles. Os invito a conocerla.



¿Han cambiado mucho los cuadernos de viajes?

¿Han cambiado las vivencias, las descripciones, las sensaciones?



Creo que no, aunque ahora los hayamos convertidos en blogs. Siguen siendo ese oasis donde los viajeros dejamos nuestras impresiones y vivencias personales para que otros viajeros las lean.
Cuando comencé este blog este era el fin y sigue siéndolo: dejar constancia de nuestros viajes.

A los viajeros nos atraen tanto las realidades de las culturas que son más o menos lejanas en la distancia y en el tiempo como las que nos son más cercanas, tal vez porque también nos gusta compartir nuestros lugares de procedencia.

Cada uno filtramos la realidad que vemos y sentimos con un estilo propio, con una expresión viva y fresca. Cuando visito otros blogs de mi círculo de viajeros veo esta particularidad.

Pero, en esta ocasión permitidme que me sienta atraída por los viajeros que visitaron algunos de los lugares que recojo en mi blog pero, con la particularidad de verlos con ojos de antaño.

¿Han cambiado las vivencias, las descripciones, las sensaciones? comprobarlo vosotros mismos. He elegido La Alpujarra, porque soy una enamorada de ella y suelo ir a menudo, y a Gerald Brenan, como uno de los viajeros más conocidos que anduvo por estas tierras. Los párrafos son parte de su cuaderno de viajes de 1920. Las imágenes son parte de nuestro archivo de este rincón





 "Al otro lado de las montañas de Sierra Nevada, existe una franja de terreno bien regado y tachonado de aldeas, que lleva el nombre de La Alpujarra...en mi recorrido por estos lugares no había tomado en consideración los problemas que el mapa planteaba. El único disponible era el mapa provincial, una hoja pequeña pavorosamente coloreada y del tamaño de un pañuelo grande...estaban marcadas las aldeas, aunque no siempre en su situación correcta, pero no aparecían las montañas y daba una idea estrictamente esquemática de los ríos y arroyos....pocas carreteras estaban construidas en esta época y la mayor parte de mi trayecto lo realicé en camino de mulas..... con la lluvia, el pié se me hundía hasta el tobillo en el barro"



"era una aldea pobre, elevada sobre el mar, con un panorama inmenso a su frente. Sus casas grises, en forma cúbica de un mellado estilo Corbusier, en rápido descenso por la ladera de la colina y pegadas una a otra, con sus techos de greda planos, y sus pequeñas chimeneas humeantes sugerían algo construido por insectos....contaba con abundancia de agua que fluía a lo largo de la ladera por acequias de riego y descendía a veces a través de las calles....."



"Haciendo acopio de valor cogí el cántaro de barro y con él en la mano me fui a la fuente. Unas cuantas mujeres con  pañuelos anudados en la cabeza y faldas cumplidas y entalladas me miraban y cuchicheaban......se acercaron y me arrebataron el cántaro, lo llenaron de agua y todas a una lo llevaron a mi casa. Comprendí que había infringido de manera inexplicable las leyes de la aldea al tocar uno de esos objetos femeninos y que probablemente si me aventuraba a cocinar cometería casi una ofensa"



".....en lo alto de las escaleras, cubriendo parte de la casa, había un gran ático o azotea que se utilizaba para almacenar grano y secar los tomates y pimientos rojos. Se comunicaba con un terrado, o terraza, de greda lisa...." "mirando a mi alrededor vi que cada uno de aquellos tejados grises tenía una chimenea y de todas salía un penacho de humo azul, que uniéndose a otros penachos daba lugar a un tenue neblina que gravitaba sobre la aldea. Las mujeres preparaban la cena, y como combustible utilizaban ramas de romero, tomillo y espliego traídas a lomo de burro desde las cercanas colinas"...






"..la aldea se alzaba a unos mil doscientos metros sobre el mar, sobre una suave ladera montañosa surcada por arroyuelos, moteada de rocas grises, coloreada con el verde de los álamos, de las mieses y de toda clase de árboles frutales, se agrupaba como una colonia de nidos de golondrinas colgados sobre el vacío. Mirando hacia abajo desde cualquiera de las azoteas la ladera parecía precipitarse en rápidas gargantas rojizas que formaban un dédalo de ramblas o arroyuelos arenosos" .."estas ramblas eran la ruta natural para los animales de tiro; la reata de mulas o burros que avanzaba lentamente a lo largo de un arenoso lecho fluvial constituía una de las escenas características del país"





"..como tengo cierta experiencia de la montañas españolas me gustaría ofrecer al caminante unos cuantos consejos. Lo mejor es utilizar calzado con suela de cáñamo, y no botas de cuero, porque resbala con más dificultad y también pesa menos. La cuestión es encontrar un calzado que esté bien cosido a la suela.....también debo decir que mejor que un mochila es llevar alforja, como las que usan los campesinos de La Alpujarra para meter la comida, debido a que ésta cuelga flojamente y no presiona sobre la espalda empapándola de sudor como la mochila"



"...en pocas palabras, el peculiar sentimiento de tranquilidad y gozo que, casi desde el primer momento, me produjo esta aldea,.....aquí vive un sociedad que antepone las más profundas necesidades del alma humana a la organización técnica necesaria para alcanzar un nivel de vida más alto. Es esa una tierra en la que crecen conjuntamente el sentido de la poesía y el sentido de la realidad. Ni uno ni otro engranan con la perspectiva utilitarista....yo diría que aunque no hay modo posible de medir la felicidad, estos labriegos, dotados de la rapidez mental de los habitantes de la ciudad, sacaban a la vida un considerable rendimiento".

 Gerald Brenan, viajero inglés en La Alpujarra de 1920



Otras entradas de La Alpujarra: "El refugio de la historia"




Teruel mudéjar





Estamos en Aragón y en una de sus provincias, Teruel, una ciudad que a pesar de no ser muy conocida despierta una curiosidad: la de su arte. Es una ciudad pequeña, fácil de visitar pero con un patrimonio arquitectónico muy interesante.






Seguro que por todos es muy conocida la leyenda de los amantes de Teruel y su célebre frase de "tonto ella y tonto él" porque murieron de amor por un beso. Se pueden leer varias versiones de esta historia pero no pasa de ser eso, una leyenda, y sin ánimo de molestar al patrimonio cultural de los turolenses, me inclino más por sus "ladrillos".





Y es que la herencia de su arte mudéjar no pasa desapercibido a la vista del viajero. Esta ciudad está declarada patrimonio de la humanidad por sus torres mudéjares.



Teruel tiene un barrio en la parte alta de la ciudad, la judería, que es un entresijo de calles donde sobresalen una serie de torres y un conjunto arquitectónico peculiar, el de la catedral de Santa María de Mediavilla. 







Paseas por estas calles estrechas y no dejas de admirar el porte y los detalles de las torres del Salvador y de San Martín. En ellas hay una mezcla de elementos musulmanes con cristianos. Son verdaderos alminares musulmanes de ladrillos con una diversidad de elementos diferentes y unos conjuntos artesanales que hacen que este arte tenga un estilo propio. 



catedral de Santa María

detalles de la torre de S. Martin
Los artesanos mudéjares fundieron en estos alminares la arquitectura del barro. Una parte de él en ladrillo y la otra en cerámica vidriada de colores. Consiguieron decorar con antojo detalles de los musulmanes con detalles cristianos. Hay formas de rombos, estrellas y cruces, hay arcos y ventanas, hay frisos y molduras. Y cada uno de ellos a su vez de diferentes formas: arcos entrecruzados, arcos románicos ojivales, ventanas sencillas, dobles, pequeñas, molduras paralelas y verticales….






Para algunos puede parecer un arte sobrecargado pero si en algo peca es en caprichoso. Caprichoso en formas y caprichoso en detalles.

torre de San  Salvador














Hay que pararse con tiempo y contemplarlos, y por supuesto, no es lo mismo ver la ciudad de día que de noche. Las dos son visitas obligadas. Las luces, reflejos, destellos y sombras sorprenden en los detalles de las torres y en las calles donde se encuentran.





La ciudad actual a pesar de los siglos sigue usando esta tradición artística y la ha modelado creando el arte neomudéjar que se puede ver en la escalinata del Paseo del Óvalo que conecta la parte alta y baja de la ciudad.



torreón de la escalinata del paseo del Óvalo




Estos nuevos arquitectos han copiado los elementos de antaño y los han mezclado con una decoración modernista, igualmente sobrecargada, pero no deja de ser llamativa, como es el caso de las farolas de forja de la escalinata.


En la ciudad hay otros detalles para ver: el torico, los soportales,.... pero nosotros nos quedamos con estos, los que nos merece la pena de destacar, ah!! por cierto Teruel si existe, sí.




detalles neomudéjares del torreón

farola de forja













PLAYA DE BOLONIA. LEGADO ROMANO

Este es uno de los lugares más espectaculares que he conocido. Una franja de litoral mediterráneo excepcional. Yo lo visité cuando los prados estaban verdes y la playa estaba solitaria. Un lugar sorprendente, cualquiera diría que es el sur de Andalucía. Una carretera al noroeste de Tarifa me llevaba entre llanuras y pastizales sin perder el horizonte. Cuando divisas a lo lejos la ensenada de Bolonia y su monumental duna entre pinares nunca puedes imaginar el secreto que encierran: las ruinas de una completa ciudad romana situada frente al mar y al fondo el continente africano. 


De los restos romanos de Baelo Claudia lo primero que ves son sus columnas. 


Y ya dentro del recinto vas descubriendo y trazando la ciudad con la vista. 

teatro

Del acueducto al teatro, pasando por sus termas. Caminas por su calzada y muy cercanos a las olas están sus salazones. 

acueducto

termas

salazones


calzada













Puedes sentir el que fuera el bullicioso centro de la ciudad. Lugares donde se administraba justicia, se votaba, gobernaba, se compraba y se adoraba a los dioses Juno, Júpiter y Minerva. Y como en toda ciudad que se aprecie, en las afueras de la muralla, los restos de sus dos necrópolis




Intentas imaginar cómo debieron de sucederse los acontecimientos y cuantos avatares sufrieron estas  piedras, hormigones y estucos. Una ciudad que tuvo una gran importancia por la industria que desarrolló de salazones de atunes y por la elaboración de su codiciada salsa llamada "garum" que a través de su puerto comercializaba hacia el cercano norte de África. 

La ciudad fue desapareciendo en brazos de terremotos y maremotos dejando una estela de historia a orillas del mar.

Testigo del presente y ausente de este pasado se encuentra una hermosa playa de arena blanca. 

Te sorprenderás pero no es difícil encontrar por allí algún que otro rebaño de ovejas y algunos borricos en los prados. Sí, es así, esa autenticidad de los espacios conservados. 



Y al fondo la gran duna, monumento natural, una de las más grandes que existen con más de treinta metros de altura, si subes verás como sobrepasa las copas de los árboles. Los vientos de levante depositan allí la arena al chocar con la línea de pinos y con el extremo de la ensenada. En definitiva, éste es de esos paisajes idílicos que se hacen muy difícil de describir y muy fácil de sorprender.








LOS TROTAMUNDOS DE ANTAÑO

esfera armilar

Los navegantes de entonces, hablamos de 1200-1500, eran protagonistas de verdaderas hazañas humanas. Hoy en día con todos los adelantos tecnológicos que hay pocos creo que se adentrarían en estos menesteres sin rumbo fijo.

 

Se lanzaban al mar hacia nuevas rutas con una gran dosis de duda e incertidumbre sobre tierras desconocidas. Pasaban años en océanos y mares, con la inquietud de las rutas comerciales que se iban abriendo y por las misiones diplomáticas de imperios que apoyaban estas aventuras.

 

Estos jóvenes marineros de antaño eran aventureros que además tenían grandes sueños, un gran valor, talento y una gran dosis de intuición para llegar a pisar tierra.

 


Cristóbal Colon fue uno de estos navegantes con una fe ciega en rutas inexploradas aún y con instrumentos de medida que apenas definían la longitud y la latitud; pero su ingenio y curiosidad, su imaginación y visualización, en cambio, hacían que todo tuviera cabida en este marinero. Sus únicos guías: los astros y la estrella polar.

 

La nao Santamaría


Con embarcaciones ligeras y estrechas y con una gran capacidad de mantenerse a flote. Las carabelas navegaban con el viento de popa sobre sus velas y ya entonces se consideraban veloces alcanzando los 15 km/h.

Cuenta la historia que este tipo de nave ha evolucionado de embarcaciones árabes, la trina, que se introdujo en la península ibérica durante la ocupación musulmana. 

Copiada por portugueses y españoles le dieron alas a los descubrimientos. Después serían sustituidas por los galeones, con mayor capacidad de carga, resistencia y maniobralidad.


 Llegados a este punto  nos mueve la curiosidad en estas carabelas y por eso fuimos a visitarlas, bueno en realidad son sus replicas las que se encuentran en el muelle de Palos de la Frontera, en Huelva. Impresionan, no por lo grandes sino por lo frágiles que parecen. Increíble de pensar que pudieran haber hecho estas travesías y que fueran capaces de alimentar a una tripulación durante ellas.

bodega









Pero es así, eran naves que entonces destacaban por sus cualidades náuticas. 

La Pinta era la más velera de las tres, la que avistó primero tierra y la que regresó antes. La Niña, llamada así por su armador Juan Niño, fue en cambio la elegida por Colón, era la nao capitana, hecha de madera de pino y chaparro de los montes de Huelva. Una carabela exploradora y expedicionaria del nuevo continente que formó parte de varios viajes de Colón.
 
En el museo del muelle de Palos se ven los instrumentos de navegación y los códices mayas entre otras cosas


bayestina
cuadrante y nocturlabio





códice maya

Colón encontró una gran cultura en América central, la de los mayas. Una civilización  que se desarrolló aislada y que trasmitieron al mundo una escritura jeroglífica en donde recogieron la ciencia, la religión y la sabiduría de este pueblo. Páginas pintadas con pincel sobre papel hecho de corteza de árboles en donde desarrollaron cálculos para medir con exactitud el tiempo y los movimientos de los planetas. Este pueblo también tenía conocimiento de navegación y así lo plasmaron los sacerdotes en sus escrituras.

  RONDA, LA BELLA SERRANA



Una ciudad llena de historias y leyendas, erguida en una plataforma rocosa dividida en dos, unida por su emblemático puente, esa es Ronda. El río y la profunda garganta excavada en el tiempo en el corazón, de Ronda. En la provincia de Málaga, en una verdadera encrucijada de caminos, en la serranía, está Ronda.


Ronda, aislada, insólita, era  lugar de viajeros románticos y bandoleros. Tanto para unos como para otros era un lugar para llegar, para esconderse, era toda una experiencia aventurera. Bandoleros que robaban sin piedad pero con un alto estilo de justicia. Benefactores y protectores de los ámbitos rurales más castigados por la pobreza y el hambre que existía entonces en esta comarca. Muy cerca de Ronda era Juan José Mingolla “Pasos Largos” que murió en 1934 es considerado el último bandolero andaluz. 

foto archivo
Y uno de esos viajeros románticos fue el Marqués de Custine (1831) que así describió Ronda en sus escritos (L’Espagne sous Ferdinand VII) “Toda mi vida me perseguirá ya la visión de Ronda. Su Puente, levitando entre el cielo y el averno, sus aguas abismadas, sus montañas barnizadas de ocre y humo, sus hombres tostados como su tierra: ese fantástico recuerdo será eterno gozo de mis noches en vela.” 

foto archivo
El recuerdo que me acompaña cada vez que visito esta ciudad es el gusto por el callejeo. Buscar y encontrar los muchos miradores que hay; sorprenderme como la primera vez con ese abismo bajo los pies y ver esas tierras lozanas en la lejanía por donde pasaron estos bandoleros, aquellos salteadores de caminos que para muchos eran héroes y para otros villanos.


casas colgadas del tajo



El callejeo, viendo su arquitectura monumental y esos detalles....... 







Esos ventanales de rejas voladizas, los cierros de rejas apoyadas, los balcones, así es Ronda, la del Tajo y la de las leyendas de bandoleros.

ventanales típicos


Dolmenes de Menga y Viera


Antequera, en Málaga, es la ciudad ombligo de Andalucía; un centro de comunicaciones y vías comerciales que conecta el oriente y el occidente de esta comunidad. Esta localidad posee un legado de la prehistoria excepcional: sus dolmenes.






!!!Es un gran descubrimiento y muy emocionante entrar en ellos!!!

Son parte de nuestra arquitectura monumental prehistórica. Los dolmenes de Viera y Menga son un conjunto megalítico que se encuentra en una zona alomada en la misma ciudad.

Las fotos no captan la espectacularidad de estos centros espirituales. El más impresionante es el de Menga, dicen de él que es el más grande de la península ibérica y con probabilidad de Europa.

Grandes bloques de piedra tallados forman cámaras, galería, techo y paredes.
La piedra donde está la cámara mide seis metros de longitud por siete de lado y un peso de unas 180 toneladas.



foto de archivo spanisharts





Menga. cámara funeraria al fondo 


Se construyeron con fines rituales y funerarios con la técnica del esfuerzo de toda la comunidad de personas que habitaban estos entornos usando troncos, cuerdas y la fuerza bruta y tal vez animal. 

Aún todavía para muchos es un misterio como se construyeron.









archivo wikipedia

archivo de hunevedden





















Las piedras han sido encajadas a la perfección e incluso sus constructores estudiaron la iluminación natural de la cámara sepulcral en unos de los solsticios, cuando el sol alcanzara una determinada altura en el cielo.


entrada del dolmen de Menga
entrada del dolmen de Viera
Menga. detalle del techo y menhires
 del centro

Menga. 18,5  m de largo y 6 de ancho



Estas maravillas han permanecido bajo tierra unos 6500 años!!!!






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