La Alpujarra


El barranco de Poqueira con Bubión y Capileira.
Al fondo Sierra Nevada con el pico Veleta 3398 m

Al sur de Sierra Nevada, en Granada, hay pueblos muy cercanos a la nieve.
Un enclave aislado montañoso y muy abrupto que cautiva al viajero y que a muchos nos enamora y que no podemos pasar sin ir a visitar. 

Una serpenteante carretera sube y baja entre innumerables barrancos y te va descubriendo un paisaje maravilloso y acogedor salpicado de numerosos pueblos blancos adaptados perfectamente a las curvas de nivel de las faldas montañosas entre bosquetes de encinas, alcornoques, castaños, pinares y otros pueblos que están entre matorrales dejando ver una piedra gris plana y brillante que se desliza a la mirada.

Mecina Fondales y Ferreirola



La Alpujarra es una región con una identidad única. En los avatares de su historia ha hecho que sus moradores, primero hispano romanos luego musulmanes, moriscos y repobladores de distintas regiones de España propicien que se conserve una forma de construcción de casas muy típica. Sucesivas guerras, rebeliones y abandonos han contribuido a conservarla. Son declarados actualmente algunos de ellos, conjuntos históricos como el Barranco del Poqueira, pero todos tienen su patrimonio protegido similar al que tiene un Parque Natural. 


Bubión


  

Es más interesante para ello adentrarse en otros pueblos y aldeas para conocer otras facetas, la humana, la idiosincrasia de los actuales pobladores que verdaderamente han apostado por vivir allí. 

Hoy día te encuentras emigrantes mayores que han vuelto, extranjeros, budistas, escritores, bohemios, músicos, pintores, artesanos, nuevos agricultores,….Un lugar que para muchos se ha sobredimensionado y para otros es que han perdido su identidad. Pero para nosotros la esencia del lugar permanece allí, para disfrutarla y con un espectacular paisaje que admirar y contemplar, perderse entre sus laberínticas callejuelas es muy emocionante.






Un aspecto importante de este
barranco del río Poqueira es que es demasiado visitado y ha perdido parte de la identidad de su gente y se han adaptado completamente al turismo. 


Estos pueblos tienen trazados adaptados a las pendientes del terreno y al frío que allí impera. Son características sus casas encaladas apiñadas con tejados planos, “Los terraos " los tradicionales están hechos con losas de pizarra de la zona y recubiertos con launa, una arcilla impermeable muy abundante por aquí; y encima de estos terraos, sus chimeneas con “sombrero” y sus aleros de pizarra que sobresalen por los bordes. Las casas están sobrepuestas unas con otras, comunicadas por calles muy estrechas y por sus típicos “tinaos”, a modo de pasadizos entre las casas que dejan entrever las vigas de madera que lo soportan con losas de piedra. Destaca en todos la sobresaliente iglesia mudéjar con su torre campanario.





Las huertas se ven cercanas al pueblo regadas con un sistema de acequias que se conservan desde tiempos inmemoriales la mayoría llenan aljibes y fuentes y llevan el agua hasta los lavaderos.

Otro elemento del paisaje condicionado por la topografía son las “paratas” pequeños bancales agrícolas que aprovechan el suelo y que son un pulso a la gravedad. Se comunican por intrincados senderos algunos esculpidos en la roca por el paso de ganado y la gente. Separando esto minifundios pequeños muretes de piedra no es raro ver alguna que otra era donde se trillaba el trigo antaño. Algunas paratas se pueden ver cercanas al precipicio.




En los meses de otoño e invierno pueden verse las mazorcas de maíz, tomates u otros productos de la tierra extendidos sobre los terraos para su secado, o ristras de pimientos rojos  colgadas junto a las ventanas o en algunas chimeneas.



FIN DE SEMANA EN BUBIÓN Y CAPILEIRA




Siempre imaginamos este lugar entrañable con el otoño, las primeras nieves, los primeros frutos del castaño, las chimeneas y el olor a leña, las fuentes y las acequias con su murmullo interminable… Y así la describí en la otra entrada que publiqué en este blog. Hoy la descubro con otra mirada.

En verano existen otros colores, otras sensaciones que son tan maravillosas para el viajero y que igualmente le regocijan y le abrazan.





Nuestras noches en este paraje estuvieron acompañadas por una hermosa luna llena, más brillante y cercana que nunca. La manta y la sábana aún con la ventana cerrada es algo que ni por asomo imaginas en otro lugar en esta época.


Bubión
luna llena de julio, maravillosa

       















Los amaneceres descubren los terrados con sus chimeneas, reunidas en multitud, algunas humeantes por los asados de la cocina otras silenciadas hasta el otoño; unas tapadas por las parras que suben hasta la launa del terrado; otras en compañía de geranios y otras dejando entrever las pocas nieves de los neveros de sierra nevada.






El paseo de la mañana pasa por prados verdes, cerezos cargados de fruta y huertos llenos de vida con hortalizas regadas con el mejor agua que puede haber, la de la montaña.  







Hay una gran variedad de cerezos en las calles.


Las pendientes de la orografía han hecho que estos lugares sean únicos en la adaptación al terreno, un arte y un entresijo. 

Paseando por las multitud de cuestas y recovecos ves al abuelo regar salvando desniveles con la tradición de los ancestros árabes. 
Las calles empinadas con sus canales de desaguadero de las fuentes y de los cubos de fregar.



Turismo y tradición se mezclan en estas fechas. Los tinaos aparecen entre las casas llenos de flores multicolores, es un verdadero placer a la vista. Balcones y ventanas tapados por las macetas de hortensias, geranios y pendientes de la reina. 







 

 Las calles están recién encaladas para el verano y las puertas con las típicas cortinas de telar alpujarreño destacan entre las paredes de piedra. Los mayores del lugar son los que guardan estas tradiciones; en los lugares que no están se echa de menos su presencia, las casas se abandonan al tiempo.



Las fuentes están presentes en las calles, unas en el barrio alto y otras en el bajo. Si nos alejamos del pueblo podemos encontrar manantiales de agua ferruginosa. 








El manantial más conocido es el de Fuente Agria en Pórtugos, otra localidad cercana a Bubión. Un nacimiento con 6 caños que emana agua con diferente intensidad de sabor, burbujeantes todas, unas más amargas que otras. La cascada de agua que existe más abajo de este manantial es un rincón muy atractivo lleno de colores y verdor, los lugareños le llaman “El Chorreón” no en vano las aguas rezuman por las paredes y van dejando rastros anaranjados de limonita barranco abajo.







Cayendo la tarde se intensifica el olor de las flores de los castaños se enciende la noche con el frescor de la sierra y se apaga el día. Un día maravilloso en este lugar del que me considero una enamorada.








LE SACAN LOS COLORES


No es la primera vez que describo La Alpujarra. 
Ésta es la cuarta entrada en mi blog, tras "La última morada morisca" "La Alpujarra en Julio" y "Cuaderno de viajes."



Hace días fui a visitarla de nuevo y aunque son los mismos paisajes, han cambiado.

Este otoño es espectacular, ha vestido de maravillosos colores la comarca. 
Es una verdadera paleta con todas las tonalidades posibles que sólo la naturaleza es capaz de dar.





 Desde el barranco hasta la alta montaña. 
Los únicos y extensos bosques de roble melojo, arces, cerezos silvestres y castaños brillan entre los pinos y encinas. 
Más hacia los pueblos lo hacen las higueras, membrillos y granados, cerezos y viñas. 
Y en el barranco los dorados chopos, arces y fresnos. 
Y como no, esos majestuosos y omnipresentes plátanos de paseo, abedules, ailantos, alisos, almeces….de las carreteras.


 


Con la bajada de las temperaturas no sólo cambian de colores las hojas de los árboles, también se apagan las maravillosas hortensias que disfrutamos en julio junto a los geranios. Es hora de poda para la floración primaveral. Los tinaos y balcones se quedan solos.


 



 

Se secan los pimientos rojos, se guarda la cosecha de calabazas, a embotellar el vino y a recoger la leña. El caqui aún mantiene algunos frutos en sus peladas ramas y las huertas se quedan vacías.



 








Es tiempo de frío, de usar alfombras y mantas de rayas multicolores: jarapas elaboradas con lanas de diferentes colores. Su nombre se debe a que antaño fue un tejido funcional, una forma de aprovechar telas usadas o harapos.

 

Los numerosos telares de seda dejados por los moriscos fueron aprovechados para hacer jarapas cuyo uso era proteger los colchones de los roces del somier e incluso como manta para la recogida de la aceituna.


foto archivo

Algunas artesanas siguen haciendo demostraciones de cómo se tejía en telares a la antigua usanza a partir de ropa vieja, jirones que se entrelazaban en la urdimbre de hilos de algodón.




Dejamos el valle del Poqueira y vamos a la llamada Alpujarra de la Sierra de la que forma parte Mecina-Bombarón "La Medina del Buen Varón". Allí se encuentra un pequeño puente romano ojival que ha sido casi abandonado. Fue calzada, camino real y ahora es parte del sendero GR-7. Fue paso de la sierra uniendo Almería y Granada y ahora queda escondido en el barranco.



Esta Alpujarra más occidental es una de las principales zonas donde se producen frambuesas.
















Me encantan. En las laderas soleadas con suelos esquistosos podemos ver como se cultivan. Suelen ser explotaciones agrarias familiares, una minuciosa mano de obra que empieza en los meses más calurosos del año y termina en invierno. 



De vuelta, nos encontramos con esta fachada maravillosa de color rojo bermellón. Tuvimos la ocasión de verla en verano vestida de verde.
Se trata de una parra virgen, la llamada enredadera de Virginia, la enamorada del muro o la vid de doncella.






Trepa y se agarra gracias a los zarcillos a modo de patas de salamanquesa. 

De sitios tan lejanos como Norteamérica, China y Japón, pintan de color las puertas de nuestro invierno. 

Hojas que pasan del verde brillante a este color que te deja sin palabras. Hay parras con cinco hojitas que producen un fruto llamativo azulado y hay otras como la de esta fachada con hojas más sencillas.



Dejamos ya nuestro recorrido por hoy, cae la tarde, se apaga el día con estos maravillosos colores y para retenerlos grabados en nuestra retina es hora de cerrar los ojos.



 CAPILERILLA, LAS ALPUJARRAS


Hay aldeas que aún conservan esos pequeños detalles del urbanismo musulmán, esos que se mantienen en los tiempos a pesar del despoblamiento que han sufrido. Algunos de estos lugares son solitarios, incluso en verano, cuando el bullicioso turismo irrumpe en otros pueblos cercanos. Visitarlos merece la pena. Callejeas pensando que no hay nadie, pero es que verdaderamente son pocas las personas que te puedes encontrar. Tus pies siguen el trazado sinuoso que termina en zonas de cultivo, en senderos de montaña o en acequias de agua.





 

 Es frecuente encontrar estrechos callejones sin salida, lo adarves. Callejuelas que son calles dentro de una calle. Tienen la anchura de un mulo para permitir que llegue la comida o la leña a la casa. Incluso menos espacio aún. Hay adarves tan estrechos que tienen que descargar al animal y llevar las cosas a cuestas. Capilerilla es uno de estas aldeas que en tiempos medievales era conocida como la alquería de Capileyr. Se encuentra ubicada entre las poblaciones de Pitres y Pórtugos y el sendero GR-7 la atraviesa y la conecta con Bubión.

  Contaban con una extensión mayor a la actual y estaba organizada en pequeños barrios. Hoy sólo permanece el barrio Hondillo de donde sale el camino de Pitres.

En la actualidad tiene un trazado más o menos horizontal. Sus rincones sí conservan aún los tinaos propios de la comarca alpujarreña, las fuentes, lavaderos, abrevaderos y las albercas de donde salen las acequias. Su iglesia, ya en ruinas, solo le quedan los sillares y restos de la torre. 

 


A esta aldea se accede por un estrecho carril asfaltado que está acompañado de castaños, moreras y otros árboles crecidos en el cauce de un arroyo. Un viejo árbol de castañas, ahora en flor, te recibe a la entrada de la aldea y caprichosos, altivos Liriodendros en la zona donde vas a comenzar el recorrido.


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