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LA REINA DEL SWING

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No soy de ninguna generación, o al menos, así lo quiero creer. Lo único que me podría alterar es una colonoscopia de urgencia. No estoy muy dispuesta a dedicarle tiempo a la incertidumbre que provoca la muerte. Hay cosas en las que el mundo no avanza y esa, es una de ellas. Solo quiero amor. He vivido más de lo que me queda por vivir. Cuántas encrucijadas y esquinas dobladas. He errado, acertado y resbalado. Y tengo la edad suficiente para seguir enamorándome. Aún conservo mi cuerpo con forma de reloj de arena y estos pechos piña, con cierta tendencia a gota de agua, pero a los que le queda bien cualquier escote. Ya no me preocupo de sujetadores que hagan milagros, ahora tengo la ventaja de que no se me descuelguen los senos y me lleguen al ombligo. Yo también me enamoré de aquel profesor joven que me apasionó en la escuela, con aquellos zapatos marrones… Federico, también los lleva marrones, pero con la suela ya desgastada de arrastrar los pies para que le baje el azúcar. Fede...

LA ESFINGE

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Nació prematura. En la medianoche de una habitación miserable con papel amarillo despegado a trozos. Nació esmirriada. Envuelta en trapos con aroma de alcanfor. Viéndola, el temor se apoderó de su familia. Su delicada salud presagiaba que no sobreviviría. Su madre, se levantó vacilante, arrastrando aún la placenta entre las piernas. Quedó espantada al ver aquel pedazo de su carne, casi helado, muriéndose a espasmos. Y llenó su boca de blasfemia. Crispó sus puños en alto para que la suprema divinidad, fuera la que fuese, se apiadara de ella. Era tal el dolor que sentía, que sangraba por dentro y por fuera. Amamantar a su hija. Ese había sido siempre su único deseo. La desesperación se le fue convirtiendo en rabia. Mientras, las manos pulidas de la comadrona ataban el cordón umbilical al muslo de la recién parida para que la placenta terminara de desprenderse. La madre, blasfemaba aporreándose el vientre, creyéndose culpable por haber concebido a tal engendro en una noche de placeres e...

HOLA CARIÑO

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  Reinaldo traga un buche de agua. Respira hondo. No sabe bien por dónde le va a salir su mujer. Al fin y al cabo, el dinero es suyo. Intenta desenroscar el cuello; las cervicales las tiene empaladas. Vigila la puerta del baño, y en cuanto la escucha abrirse, busca desesperadamente algo con lo que trastear y no mirar a su mujer a los ojos. Escurre el trasero, escondiéndose tras la pantalla del ordenador. Su esposa, furiosa, acaba de salir de la ducha con el pelo enmarañado; chorreándole aún el agua por la nariz. Más que secarse, lucha con la toalla que la envuelve, frotándose enérgicamente parte de su celulítico y redondo trasero.   —¡¿Y no te has dado cuenta que era mucho dinero?! —Virti… ya te lo he dicho, me iba a pagar el doble de lo que vale. —¡A quién se le ocurre darle dinero a una desconocida! —Virti, no es cualquiera, es la princesa de Burkina… —¡Exiliada en Holanda, Reinaldo, exiliada! —Quiere cerrar de inmediato el negocio que tiene en Hong Kong. —¡¿...

ARCADIA

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Nació en la inmensidad.  En el abismo. El mar es su hogar, su alianza atávica. Mil razones son y mil eran sus ancestros.   Su genética, es origen.  Su cuerpo, agua viva. Cada gota salada enluce su silueta. Y su cromática, sin ser espíritu, la hacen digna.   Es la sirena. La criatura redimida siempre al mar y al meandro. Es corriente al abrazo de olas y mareas. Un arco iris la abraza.  Un tatuaje marcado. Arco escapado del río.  Abrazo regalado al mar.   Ella es la que espera. Cerca de la roca o dentro de la marina cueva. Arcadia se llama.  Y se la ve más nítida en la pausa del mediodía. Cuando las sombras se hacen más cortas. Cuando se entrelazan las caderas del agua.   La sirena, ondina excepcional.  Cacofonía. La que levita en el blanco lecho de rocas pulidas. Piedras talladas que no presumen de pertenecer a ningún artista.   Dicen los poetas de ella que es un suspiro de la mar. Incluso hablan de que está envuelta en lamentos. Per...

QUIJOTE DE HOJALATA

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  Esta es mi  Felice  contribución a Miguel de Cervantes, célebre escritor de todos los tiempos. Un humilde visaje para que no caiga en el olvido. Su conocido personaje, D. Quijote, me lo encontré en uno de mis viajes turísticos por tierras manchegas. Sentado, muy pensativo, cerca de Puerto Lápice, vigilante de sus desaforados molinos que él tan vehemente ajusticiaba. Allí, me contó el secreto de sus cantigas y locuras. Secreto que provenía del dulce aroma del mosto de estas tierras manchegas. Después de ver los hermosos molinos de Consuegra, no acabarían aquí estas aventuras viajeras. Heme aquí que me topé de nuevo al ilustre. Este hidalgo está por todas partes en estas tierras. Esta vez, lo hallo por las calles de Almagro. Ciudad noble, manchega, lugar de tránsito de caminos y rutas. Sede del arte del teatro. Por eso estaría por aquí nuestro caballero, maestro de amores, batallas y locuras. El caso es que allí me lo encontré, bastante tieso y enfadado. En lo más alto de...