PAREJA DE DAMAS
Ese vestir siempre de traje estaba adaptado a insinuar las mínimas curvas y a evidenciar unas piernas la mar de flacuchas. Una mujer resuelta y decidida, a veces, resbaladiza, y tremendamente sensual. Así era ella. Solía llevar un adorno de ojo de tigre sobre la solapa. “Hay que mirar al tigre a los ojos”, decía, con su mirada franca, sin dobleces. S iento que la echo de menos. Mi colchón sigue moldeado a su cuerpo. Nos conocimos por casualidad, en una lavandería. Conectamos de inmediato. Después de hablar un buen rato, de todo menos de trapos sucios, quedamos al día siguiente en un cafe-bar, “La nube”. Era su preferido. En la mesa, un café brulé , brandy quemado con piel de limón y café solo. El café era su aliado; le rescataba de sueños pesados. Giraba la cucharilla sin hacer ruido en la taza. Según ella, se rompían los espirales del sabor. Solía sentarse cerca del ventanal. Le embebía la calle y hacía oídos sordos a conversaciones ajenas. Al observarla, daba la impresión de no espe...