LA REDONDA LOZANA
¿Qué puedo hacer cuando alguien te dice que eres Lozana? Y no te engañes, no soy prostituta ni alcahueta; ni tengo rostro de gata ni melena larga. Es por mis redondeces, por el equilibrio perfecto conseguido entre el volumen y la forma de sostener mis senos. Otras veces él, mi amante, me susurra que soy la Juliette del Marqués de Sade porque respondo complaciente al claustro de sus deseos. En este caso no sé qué pensar, porque de monja solo tengo a mi tía Isabel de las Clarisas ¿Cómo puedes frenarte ante tales halagos amorosos, si hasta suenan a libro? Este amor es de reventar costuras, no solo por mi suculenta apariencia, es que no existe pudor en nuestra relación. Me rindo a este ardor con entera libertad y dejo que él, mi joven amante, alto y cargado de espalda, me devore entera. Por mucha piel mía que bese nunca se le reseca la boca. El tiempo no existe en sus labios y nos mordemos las ansias sin mesura. Nutrida de tiempo he ido engordando con esa constancia de lirón cuando lle...