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LA JAULA DEL CALCETÍN

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A veces me atraen las dudas y con esas dudas, veo rodar mi cabeza calle abajo. Ni me atrevo a decirte mi nombre. Porque, cuando ya otro en mi lugar venga tú, ya ni me recuerdes. Cautivado de ti yo ando desde algunos meses pasados. Y perdería mi aliento si pudiera quitarte ese mal que pienso, que tú llevas dentro. Ay, si robarte me dejaras. Y sin darte ni cuenta. Robarte ese preciso momento cuando alguien le dio a tu vida, ese amargor de berenjena. ¿Por qué encierras un calcetín de rayas, dime? ¿Perdiste acaso un pie o naciste con uno solo? ¿O simplemente, un mal pie diste con alguien que se interpuso entre ambos, quedando ese tal vez, solo? No creas que me siento afortunado porque tenga mis dos pies aquí, conmigo, colgando. Está el uno que manda y el otro que le sigue. El primero es el que tira de mí y el otro, el que me trocea lo andado. Mis pasos van y vuelven así. A veces se adelantan a mí porque, yo solo soy. Soy solo un cartero. Si no fuera por tu calcet...

SOMBRA AMARILLA Y ALICIA

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Pactar con el Tiempo no es nada fácil y solo ella puede hacerlo. Es Sombra amarilla. Para muchos desconocida e incluso ignorada, humanos la mayoría. Tal vez sea porque es solo cuerpo, con una capacidad de deslizarse, volar o quedarse quieta, asombrosa. Pues bien, Sombra es una gran aliada del Tiempo y ayer le pidió que avanzara rápido porque la dichosa monotonía se le estaba colgando a Sombra en las ojeras. Pero el Tiempo siempre pide algo a cambio: un reloj. Desde que Sombra se enteró que el Big Ben es el reloj más alto que existe, anda tras sus pasos. A Sombra le gusta verse grande y alta y con un poco de suerte, este reloj campanario lo consigue para el Tiempo. Pero en el mismo instante de comenzar esta aventura, ha ocurrido algo super, superextraño.   Cuando Sombra creía que ya estaba en Londres, de pronto, ¡Dong! ha aparecido en el País de las maravillas bajo un árbol Tamtám del revés y dentro del bolsillo de una niña que recita versos. Y no se parece a la Al...

HISOTRIAS DE MAYO

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ACUSE DE DERRIBO La casa estaba escasa en buenas costumbres. P ara que se habituara a nosotros t uvimos que vivir,  sin salir de ella, ¡ dos meses! Con sus habitaciones cada uno conformamos una guarida. Y solo le abríamos las puertas para salir a comer o cuando a cada uno le venía en gana, sobre todo, para lavarnos y gruñirnos saludos entre nosotros. También para aplaudir. Echados en las ventanas y balcones, puntuales a las ocho. En sus paredes, un día si y otro, le rebotábamos los ecos de nuestras discusiones. Ya harta de nosotros, la casa decidió agrietarse y simular agonía de derrumbe. Nos tuvimos que salir rápido a la calle.  « Desahucio forzoso » . Y ella fue la que aplaudió entonces.   BRILLAR CON LUZ PROPIA A Julieta le rueda el corazón, se le va a los pies. Lo hace todos los días desde que comenzó mayo. Allí queda él, varado en la punta de los dedos de rosa satén. Cuando sus manos empiezan a tener la lírica expresión de salir vol...

LAS MOSCAS DE LA GRISALLA

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Las motas de polvo aporreaban aquel cuarto de paredes grises; las únicas empeñadas en dar vida al abandono existente. Unas moscas desbocadas se unían a ese baile, acorralando al mudo silencio. Solo el viento chirriaba, parecía gemir a través del ramaje del cinamomo. Y yo debía de seguir buscando, tenía que encontrarlo, y no había otra luz en aquella maldita casa, solo las de aquellas rendijas. Quise forzar la apertura de las ventanas, fue inútil; estaban cerradas por fuera, selladas frente al intento de dar calor a la agónica casa. No me acobardaba buscar a oscuras, lo que no soportaba era tropezar continuamente con la orfandad que había allí. El tiempo iba en mi contra. Subí las estrechas escaleras como buenamente pude mientras las malditas moscas melladas no dejaban de perseguirme. Intentaba apartarlas, pero con ese gris casi negro a mi alrededor no veía donde pisaba. El suelo crujía a cada paso. El ajedrez de losas sobre el entramado de cañaveras parecía desmenuzarse ba...

TÓTEM FAMILIAR

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Tenía cabeza de patata. La enterraba en el huerto y allí pasaba el día con su azadón. Nunca llegué a saber de él más allá de su cosecha de uvas y tomates. Era mi abuelo. Él es el culpable de que la patata sea mi espíritu guía, mi Tótem. Mi línea familiar no la relaciono con ningún animal solo con la patata. Por mucho que se empeñen en contradecirme algunos fetichistas y caballeros de la luz mágica. A mi Tótem le pido ayuda cuando se me va el santo al cielo y quiero volver a tierra. Esta raíz la considero parte de mi escudo familiar. Todo un emblema. Si queda de ella una mínima simiente en la tierra, por muy pequeña que sea, esta será capaz de salir convertida en una nueva planta. Y es que de mi familia de féminas he heredado una gran intuición para sobrevivir, lo reconozco, pero de mi abuelo tengo esa capacidad de brotar. Mi abuelo no solo parecía, también vivía dentro de una patata. De ahí su forma. Donde más se le notaba era en la calva y en unos pocos mechones de...

HISOTRIAS DE ABRIL

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LA EXTRAORDINARIA La dama de corazones está en números rojos. Se ha quedado sin asignación. Es cuestión de tiempo le han dicho. Y tiene ya un plazo para la austeridad. Solo se trata de conseguir llevar una vida sencilla, común al resto de los mortales. Ahora es el tiempo para empezar a darle valor real a las cosas que son importantes. ¡ Tiempo, tiempo! —grita desesperada la dama. Se lo ha tomado al pie de la letra. Ha hecho una colecta para recuperar su dignidad y los domingos se va al rastrillo para intentar vender su colección de relojes. AUTOEXCLUSIÓN Algunas veces jugué a aplastarlos en la vía del tren. Comencé con los teléfonos fijos y luego móviles de generación inservible, y los recogía completamente aplastados. Recogía sus restos para ver que había quedado de todas aquellos mensajes hablados. Hasta entonces no había viajado en tren. Cuando los veía pasar imaginaba que era uno de aquellos pasajeros que se iban, como las palabras. Un día lo fui, vi ...

DIORAMA

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“Las cosas pequeñas, las más importantes”. Repite Frances mientras le echa al cadáver una y otra vez la cuerda al cuello. Examina el nudo con detenimiento y vuelve a colocarlo en el centro justo de la garganta. A continuación quita uno de los botines negros descalzando el pie izquierdo con sumo cuidado y deja, a medio sacar, el botín derecho con los cordones desatados. Por último, le sube los calcetines marrones de punto inglés; los ha confeccionado a medida para la difunta.  No muy convencida, Frances agarra el cuerpo y lo vuelve a observar en su conjunto con una actitud expectante, como si esperase un renacimiento y ese rostro comenzara a hablar. No le convence la colocación de la silla de anea que está volcada, la mueve levemente hacia el pié descalzo. Esparce y desordena de nuevo los montones de papeles escritos a mano. Solo Frances sabe si lo que parecen cartas son simples hojas con anotaciones, y si esconden alguna pista. Solo Frances conoce esa anciana difunta...