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LOS INHALANTES DEL CALENDARIO

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Día 28 (…) Trabajar en una droguería ha sido lo mejor que he hecho. Hay mil placeres de formas y colores, diferentes tamaños y toodos ligeros: lacas, desodorantes, ambientadores. Duulces todos. Adoro los nitritos de amilo y butilo, son un amor... ¿El popper? ¿Conoces los poppers? Quién lo diría, mira la mosquita... también, esos me ponen alerta, aunque mis preferidos son las cápsulas desodorantes...   ¿Oye fumas? ¿Tienes fuego? Mira… bonito, se nota que tienes pasta ¿eh? Yo colecciono encendedores… Su olor… Si quieres, podemos quedar luego, tú olor tampoco anda mal del todo... vale, ¡qué estrecha! Hay que probar… También inhalo ambientadores, cloroformo y globos de la risa. Ah, los globos de colores, hermosos e inofensivos. (…) Todo comenzó con la repostería, la culpable. Empecé a usar el sifón, óxido nitroso, esas espumas frías y calientes, de mango, frambuesa, con nata, para hacer merengue ¡Calla, que estoy! los esponjosos bizcochos y las cremas batidas…pá comerte… ...

LA FLECHA DE NOTRE DAME

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Cruje la madera. Saltan chispas. El pesado entramado del ático se ilumina con un rayo crepuscular gris y las fibras de celulosa crepitan; su corazón interno se deforma como una falla. Los espíritus huidos de la revolución se movilizan, dejan la guarida, aquí fueron indigentes por siglos y ahora, huyen, salen por los huecos estrechos que dejan los pasillos de las buhardillas. El ensamblaje de vigas, apenas iluminado por los ventanucos, se comienza a deformar. El humo satura el vacío. La campana Enmanuelle enmudece mientras que el monstruo de cola larga que agarrado al tejado estuvo, ahora cae al vacío. El dragón apagado atraviesa el tétrico andamiaje, ese postizo de la renovación, del que ahora se sospecha como causa y origen. Las nubes de humo se enfilan desde el interior, salen por el orificio que ha dejado el estallido del rosetón. Caen lágrimas multicolores como bengalas apagadas, sin estelas doradas, ahora ya en el suelo los fragmentos son únicamente tizne. L...

EL TRANCE

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El único sonido palpitante en la sala es la cámara fría. Fuera, un sol abre el día con un piar y un viento batiente. Ella sola. Solas, ella y yo. Dos en una sala que aguarda y es una estancia vacía. Cuatro sofás negros, cuatro sillas y por el gran ventanal hay dos palmeras, dos cipreses que asoman como postigos de centinelas. Dos más dos son cinco, porque hay un cuadro, una pintura que arrastra ese color negro de la sala, un pictograma entre cielo e infierno, rasgado en azul y que a brochazos deja salir una nube amarilla, un sesgo que se oblicua en rojo y una uve negra que se agranda, en uve de vencida. El suelo gris de la sala se deja ondular por el calor mientras el azul del cuadro se derrama sobre el negro. Un lago escondido va tras la nube y un fuego fatuo está en espera a que pase la nave funeraria. Unas pisadas quiebran el espejismo, son los vínculos que llegan, entre ellos tantas vidas ajenas. Mientras que la vida y la muerte se abrazan, hay llantos que desp...

EL OJAL NEGRO DE LA SEMILLA DE TAMARINDO

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Selenkay se irguió frente a un paisaje azafranado, estéril, incluso parecía que el intenso calor le despertaba el día. Era irreal. La leona movió su enorme cabeza sacudiendo el enjambre nocturno de ruidos fantasmales, luego tensó la musculatura bajo su piel agujereada. Ya nada creía que podría alertarla en ese mundo falso y manipulador que le habían creado, pero ocurrió. Algo brillaba como los ojos de gacela en una noche apagada. Se le acercaron unos movimientos tan lentos como los del pangolín de la sabana. Aquello no emitía sonido alguno, sin calor, siquiera olor; sorprendida descubrió que todavía sus sentidos se le podían revelar y a pesar de que no regía sobre sus instintos, un segundo bastó para erizarse su lomo, aquel ser le inflaba de hostilidad. — Un extraño humano —pensó Selenkay— tan rígido como un palo y más frío que una Mamba negra … La leona se levantó y comenzó a rodear al extraño. Trazó círculos sobre él, círculos cada vez más estrechos. — ¿Qué ...

NOCTURNIDAD Y ALEVOSÍA

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         —¿Tú estás segura de que es por aquí? Intentábamos entrar allí todas agolpadas las unas contra las otras, me sentía como si formara parte de una masa de fideos a punto de reventar. Yo debería haber sido la guía del grupo y me desesperé, preferí entonces darme la vuelta y entrar por el sitio de costumbre. Ya en el interior fue entonces cuando lo vi. Aquel barrigón estaba con sus posaderas perfectamente encajadas en la apertura del trono y por un momento intuí que empezaba a alertarse. —¡Dichosa raja! —el barrigón miró al techo sin mover cabeza y luego los iris como pelotas de tenis pasaron de un lado hacia otro.  Su piso era uno más de aquella pequeña Venecia que tanto nos gustaba: bloques de tres y cuatro plantas que flotaba en ese suelo acanalado, emponzoñado y del que tras una imperiosa invasión intraterrestre nos hicieron salir en estampida. No habían pasado ni tres meses desde que comenzaran con las obras de mej...

COMO LA SAL EN EL AGUA DE RIEGO DE LAS BERENJENAS

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Por el último agujero alcé mi corto cuello y salí, tenía la confianza de que saldría mudado del pasado. Llevaba tiempo en que ya no sentía ningún movimiento nuevo a mis espaldas, solo el peso de la tierra que soportaba, una melancolía, como si estuviese en un otoño perpetuo día tras día, con un sentido caduco y a la vez permanente de las cosas. Harto de comer tierra y lombrices, deseé entonces arrancar con mis largas uñas algo más grande que aquel silencio, mi vista ciega se definiría entonces con un nuevo orden de conos y bastones para que la claridad no me dañase, pero sufrí otro daño diferente. Dicen que “ los poetas buscan la alquimia a través de un razonable desarreglo de todos los sentidos” . Yo era uno de ellos, un poeta, y esperé el momento. Al salir fuera ya no chillaría más, esa voz se apagaría en el túnel, la nueva sería más fuerte que el chirrío permanente de la cigarra, atravesaría montañas, aullaría. Estando fuera para siempre mis cinco garras largas y fu...

ABSENTA Y SABANDIJA

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«Nadie devorará mi joven corazón ni mi cerebro. Aborrezco el tiempo que me has dejado, con el frío gélido, con la brisa ártica. Ahora bebo jugos de manzana del Edén con espíritu alegre de Afrodita y me embriago de la virtud que todos ellos me dejan a su paso. Bebe y lagrimea cuanto quieras, cuando termines de ahogarte en esa vida fingida yo ya no estaré para recoger tus pedazos».  Estas letras se derramaban por algún agujero de mi cuerpo que no llegaba a ver. Cuando al fin las perdí todas, ese espacio vacío lo sustituí de rabia,   aunque tal vez fuese odio, entonces desconocía fronteras. * En excesos la Sabandija hacía su voluntad. Impune, desarmaba el amor como y cuanto quería; pájaros huían y olas gemían como gatos. Su embriaguez verde le alcanzaba a deducir exactamente donde estaba la distancia mínima al vaso, ese estrecho espacio entre la mesa y su hinchado estómago que evitaba inclinarse hacia la tierra en uno de sus tantos cólicos. No había ...