LA ANORMALIDAD
La anormalidad es comenzar a escribir y ¡ups! se olvidó eso de manejar un texto (claro tanto tiempo ya). Ahí no queda la cosa. De pronto se agranda la pantalla (sí solo ha sido un simple roce en no se sabe donde) y no puedo controlar el plano de visión. Me pregunto ¿y si los pensamientos se niegan a fluir?
La anormalidad es seguir escribiendo en esta pantalla atravesada (de traviesa) cuando ya se optó en su día a hacerlo solo en papel, como se decía antaño, a puño y letra.
La anormalidad es que aún así con media sonrisa compruebo que a mis manos no se les había olvidado escribir, incluso se divierten con ese repicar de todos los dedos y pienso in instan (al instante) que esta es una gran ventaja para entrar a disposición de aprendizaje del ilustre tocar del piano.
La anormalidad es sentir placer cuando ves aparecer las primeras letras y después las siguientes con el corre que te pillo a cada pulso de tus dedos y a cada toque de teclas las palabras fluyen. Los pensamientos van siendo arrastrados a ese devenir de los acontecimientos.
Por que lo anormal es volver a verme por aquí pensando que lo normal es que haya alguien que lea esto después de tanto tiempo sin dar señales de vida. Es una imagen idílica de un papel que se dobla en avioncito, de esos que terminan en un rincón, plegado, escondido, pero que durante un tiempo voló por los resquicios virti (virtuales).
La anormalidad es que este texto no salga a la luz, ni lleve color, porque no tiene etiquetas y porque está en cursiva. No me gusta. Y no puedo cambiarlo.
Ahora debería releer lo que acabo de escribir. Lo normal sería corregir, pero es como si al pensamiento se le parara en seco, se le frenara del todo a la espera de que yo me fuese al aseo.
Ahí se queda perplejo (me refiero al pensamiento) después de sacarlo de su sin sentido, de su estado de confort, recluido en las ondulaciones de mi cerebro.
Lo normal sería poner a este texto atractivo para que alguien (tú) pueda leerlo y no lo abandone a la segunda frase, al segundo párrafo (que ya es bastante en los tiempos que corren).
Lo normal sería saludar, agradecer, sí agradecer (después de años sin escribir aquí). Que por esas casualidades de los buscadores, caprichosos, o simplemente por juegos de malabares aleatorios, se sigan viendo ciertas publicaciones de este archivo temporal de viajes, relatos, reflexiones, participaciones y demás de este mundo ilusivo (de ilusión no iluso).
La anormalidad es que esto lo haya escrito una inteligencia artificial buscando el término anormal; buscando donde más se repite, creyendo que dio en la tecla, que esto es cierto, que sea verídico. Y lo normal es que ella no piense, solo trate de hacer congeniar unas ideas y otras, cortar y pegar, subir, bajar; crear un puzle donde las piezas casen y sea de la satisfacción que quien es el buscador.
Ahora pienso que debería ir al principio; comenzar a borrar y atraer a aquellos ilustres (como el piano) pensamientos que se fueron de parranda y no quisieron quedarse por aquí.
Ahora es el momento. Debería subrayar, tal vez intentar (por segunda vez) colorear todo lo que es incorrecto, cambiar el orden, buscar sinónimos. Entonces puede que ya el texto no sea este sino que sea otro. Quizás aparezcan otros pensamientos llegando en tropel, pero esto puede dar lugar a desentendidos.
La anormalidad es dejarlo todo como está y no acabar en la órbita allí donde se pliegan todas las opiniones y se distorsiona la cruda realidad, la que duele porque eso es la vida, dolor. Esta es la anormalidad de la norma.
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