16.4.18

MÍRAME







La vida no siempre está trazada con la edad, la pintamos mientras podemos; se colorea con un lápiz de ojos que a veces quiebra en el contorno de los párpados. Un tiempo se acelera en nuestra corta existencia y desconoces las razones; te asomas a otro mundo y entonces, resignada, es cuando decides dejar libre la mirada. La abuela Adriana algo abriga dentro de sí.

*

–¿Qué haces con la mirada metida en ese hueco? – le pregunta la nieta.

–Descansa– dice la mujer con un hilo de suspiro mientras pellizca con su mano derecha el reverso de la otra. 

–¿La vas a dejar ahí? - interviene la joven que no aparta su vista de ella; fija sus ojos en el retrato de la pared, después la mira y a su gran nariz griega; su cabeza le parece más grande y sus brazos son más largos. Sonríe. Se la imagina volando; le recuerda a Elsa, una muñeca de trapo que tenía de niña y que ella le puso alas de campanilla...

–Hay veces que me da miedo. En el lado oscuro de la noche, cuando apenas las farolas alumbran, ahí aparecen las primeras sombras; mi mirada las ve… -contesta ella abstraída con su espalda cifótica como caracola, y calla-.

– ¿De qué sombras hablas? - interviene la joven al abandono de su fantasía; pero la sigue mirando.

– Ellas. Ellas empiezan a aparecer como espectros oscuros, vestidos de harapos que van y vienen. En el jardín, cuando voy a mi paseo, allí las veo… están detrás de la vegetación, escondidas en las fuentes. Otras veces las veo tras el kiosco… – la abuela abre su boca como un pez, tragando aire– ... Ellas van y vienen, son listas, se agazapan para que al volver mi cara ya no las vea; luego en el pasadizo de la calle me las encuentro, también en el arco de la entrada...  y junto a la puerta, en el primer escalón, ese partido por el borde; en la cerradura, al abrir también… Allí se agachan... son figuras irreconocibles...no sé quiénes son... – la abuela traga saliva y temblorosa coge el vaso de agua que hay en la mesa. Bebe. Su respiración no acompasa sus palabras– ... también se meten en las ranuras, ¡no me dejan andar! ¡ni abrir la puerta! - se le acelera el pulso y gira su pupila como unas oxidadas aspas de molino. -

– Abu no te esfuerces más, tu vista ya no alcanza. Son imaginaciones tuyas- ella está quieta, sentada junto a su abuela. La luz de la tarde ilumina esa cara longeva haciendo más visibles sus rasgos; sus orejas grandes que sobresalen de ese turbante - (le debe quedar ya poco pelo y por eso lo guarda dentro de ese atavío)- piensa la joven mientras juega con algo que tiene en el bolsillo.

–Eso es porque no me acompaña nadie cuando salgo... tú... y tu padre... si viniera él, las sombras... ellas se irían... –replica mientras aprieta sus labios finos–. 

–Abuela, vengo cuando puedo- ella no deja de jugar nerviosa; el sonido parece de un bote de pastillas...

– Ayer las líneas de carboncillo de mi cuaderno de dibujo cobraron vida, las caras me miraban... las encontré tiradas en el suelo y se movían…

–¿Qué buscabas en el baúl? Allí solo hay cosas antiguas. Abu... - se levanta y mira tras la cortina. -

– …la mirada se me cierra como una valva de almeja siguiendo esos bultos de aquí para allá. Creo que me persiguen... igual que esas siluetas que se me insinúan... Me duelen los ojos…

–Eso es porque no te pusiste las gafas Abu; sabes que ves cosas raras cuando no te las pones- la interrumpe, se abstrae en un pensamiento. -

–La mirada no las necesita. Si me las pusiera ya no me hablaría el gusto, ni me escucharía el oído, ni olería el recuerdo…

– Abu, ¿no será que...?

– ¡Ssshhh! ¡No! no son manchas como siempre dices...! Pienso que no eres mi nieta... no tienes sensibilidad para apreciar lo que te cuento... no comprendes... Mis ojos... mis ojos ya ven de otra forma. Ellos ven en sinfonía al oído, me sugieren sonidos, la música... se afina en mi mirada... como un violín - se sonríe moviendo sus largos brazos como si tocara; después vuelve a beber, le cuesta respirar - Mis ojos llegan a tocar incluso el acorde del gusto y me hacen oler aromas tan sutiles que tú no eres capaz de apreciar... es como si ángeles los dejaran sueltos... –deja sus manos tranquilas, inmóvil intenta calmar su respiración. –

–A-bue-la, A-bu - la tranquiliza; se sonríe mientras ve todos los cuentos de música que le deja sobre la mesa cada vez que va a la ciudad - ¿Te comiste todas las galletas que traje la semana pasada? - La nieta le pregunta mientras va a la cocina; le prepara la merienda. Saca de su bolsillo algo, el bote con el que había jugado antes; es de cristal con unas pastillas pequeñas rosas, Clonazepam... mira hacia el sillón con el rabillo del ojo y mueve la leche con la cucharilla ... 

– ¿Sabes hija? ya no huelen las manzanas como antes; pero las mandarinas sí conservan su olor y la flor de azahar del jardín... y la piel de membrillo... 

–Bueno, no es raro, todo está perdiendo los olores y los sabores –le acerca una bandeja con leche y galletas. – 

–Pues creo que a la mirada le pasa igual… – mientras habla, ella se limpia con el puño de la blusa el sudor de sus manos y de su frente. –

–¿Cómo dices? - acerca la leche a sus arrugados labios y observa su piel manchada mientras ella bebe. Ve una mujer envejecida, prematura a ese tipo de ojeras. –

–Los ojos también pierden la mirada con el tiempo.... Las imágenes se escapan a través de estas dichosas gafas... por eso me las quito... no puedo ver. ...Tú eres tan joven... –suspira e intenta tocar a su nieta... desiste. –

–Abu... ten– le interrumpe y le da de beber la leche de nuevo, evita tocarla–. 

–No veo con tanta nitidez las cosas, como cuando... era más joven -siente náuseas, malestar en el estómago–  los colores ya… no los veo... todas esas identidades con rostros deshabitados... y esas sombras que están ahí... las siento – la abuela deja de hablar y bebe de nuevo derramando algún trago sobre su blusa... ese temblor de sus manos; se limpia torpemente, le cuesta respirar. –







pintura de Paul W.Ruiz (comienzo) y Alexander Janson (final)




31 comentarios:

  1. Emerencia, es un relato triste y muy humano.

    Como hacer ver esa forma de mirar si se hace con ojos diferentes, con mentalidades diferentes, con estados de consciencia diferentes. Dos generaciones de por medio entre ambas y una insostenible dificultad de congeniar y entenderse a pesar del esfuerzo por hacerlo.

    Como explicar lo que sabes que no están en capacidad de sentir, de creer, de entender.

    Me ha traído recuerdos nostálgicos de un ser amado que estaba cruzando ese umbral entre la vida y la muerte y al igual que Adriana se sentía perseguida por las sombras que no le dejaban en paz, incluso tenia miedo de dormirse. La antesala de la muerte es tan extraña y tan parecida en todos... Supongo que debe guardar mucha similitud con la antesala a al nacimiento, a la vida

    Ese pellizcarse las manos o lo que sea, esa mirada perdida, ese ver alucinaciones o quizás no lo sean como tal, ese divagar..., en fin que has observado muy bien a las personas en transito.

    En tu relato se percibe un aire de amor y cariño de la nieta hacia la abuela a pesar de las quejas de esta, no es fácil enfrentar esta situación para ninguna de las dos, y lo has plasmado muy bien amiga.

    Que tengas una agradable y lucida semana querida amiga.

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    1. Hola Idalia, sí por desgracia he vivido la muerte de un ser querido, tal vez me hace más sensible al "deterioro humano" aunque intentes adaptarte al tiempo. Esta enfermedad que sufre Adriana debe ser horrible, vivir esa soledad, sin apenas presencia humana, qué mundo deben imaginar. Yo me las imagino consumiendo su tiempo, su energía y desplazando su integridad física a otro plano espacial en el que no eres consciente del deterioro. Te dejo una frase que acabo de leer en un texto de Eva Figueroa, me ha gustado mucho porque está en sintonía con las palabras de esta abuela: "reconozco el sabor en la boca, el eco de mis oídos de otra historia con el color de la luna". Gracias como siempre por dejar tus impresiones y sensaciones, es un gusto tenerte entre estas letras. Un beso

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  2. Un relato que nos cuenta las divagaciones de la abuela que ya no ve más que sombras y la nieta trata de calmarla. Le ayuda a que tome la merienda sin que se le caiga. La anciana ya está en el atardecer de la vida. Muy buen relato como todo lo que escribes Emerencia. Un abrazo.

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    1. Mi estimada Mamen, con tu sensibilidad hacia los seres humanos, como no ibas a comprender cada instante de esta mujer, no tan anciana, pero que las circunstancias de su enfermedad la han deteriorado físicamente ¿necesitaremos la presencia humana para sentirnos más jóvenes? se me ha ocurrido esto mientras te escribía, o realmente, llega un momento que queremos la soledad infinita, sentirnos libres solo el contacto irracional, deslizarnos sobre la naturaleza más pura de un jardín o un bosque. Es un relato humano, pero también reflexivo sobre la vida. Un beso preciosa.

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  3. Adriana y su nieta me han llevado de la mano hasta su casa. Un relato triste y precioso al tiempo. Pero la tristeza no la encuentro en el paso del tiempo, en la vejez... La tristeza para mí está en la soledad que se debe sentir cuando nadie a tu alrededor mira como tú. A veces hay que quitarse las gafas y creer lo que la mirada nos dice, tengamos la edad que tengamos.
    Un beso. Precioso

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    1. Gracias Eva!!! también hay que tener la sensibilidad para comprender y tú la tienes con tu "nariz de chocolate". mM da mucha alegría que me visitaras y que luego pasarás a la casa de la nieta y la abuela. Feliz semana. Un abrazo

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  4. ¿Adriana padece sinestesia? Eso de que vea, huela y oiga con su mirada es muy típico. ¿O tal vez se deba a las benzodiacepinas con que la trata su nieta? No sé, igual me paso de suspicaz, pero ¿no es un poco siniestra esa chica? Y esas nauseas y malestar en el estómago, ¿la está envenenando?
    Ja, ja. Me ha encantado, pero ya ves que no puedo quitarme la vena negra.
    Un beso.

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    1. Mi querida Rosa, voy a compartir tu comentario hilvanando ideas. Verás, será divertido. Adriana, la abuela, tiene algún desajuste en su mente, está claro: no llega a tocar los objetos, pero saborea y toca las emociones; y al escuchar la música ve los sonidos, ¿verdad que no nos extrañaría que esta mujer sintiera tristeza al tocar la madera de su puerta? ¿o experimentara tranquilidad cuando toca el pañuelo de su cabeza? La abuela también es una artista (algunos artistas son sinestésicos) lo deja claro con sus dibujos. Pero me despista que la Abu ya no vea los colores… uum… Rosa, dicen que todos nacemos sinestésicos ¿te imaginas sentir los colores? ¿Dónde hemos dejado esta forma de ver el mundo tan extraordinario? ¿y solo de ello nos ha quedado decir de vez “un comentario ácido” “una noticia amarga”, “un amarillo chillón” ¡entonces qué banales somos ahora! ¿no?
      Por otro lado, la abuela también pudo nacer con cierto autismo o epiléptica, o de joven sentir algún trauma o alguna desgracia familiar, tal vez ocasionada por su hijo, que influiría mucho en ella… Pero, también su estado actual ha podido ser producido por un tipo de droga. Muy aguda compañera, las benxodiazepinas (donde encontramos el clonazepan, el Klonopin; o el conocido Diazepan, el Valium; o el Alprazolam, el Xanax) son muy usadas para la ansiedad, calmar dolores, para tratar ataques de pánico, depresiones, convulsiones…) y sus efectos duran mucho tiempo, llegan a ser adictivos y ¡pueden producir la muerte! ¿es lo que persigue la nieta? Está claro que la abuela ha sufrido un deterioro general de su salud mental y física: se pellizca la palma de la mano y, además, su tensión, esa ansiedad, sus dolores de vientre, sus paranoias, sus sentimientos de persecución. Vaya con la nieta, si la está envenenando, esa no ha heredado la sinestesia (dicen que se puede heredar) porque sensibilidad tiene poca, muy poca…
      Ahí lo dejo, a ver que van opinando los demás. Gracias compañera por estos comentarios, son un regalo. Un abrazo

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  5. ¡Maestra de lo intangible! Me fascina tu capacidad para plasmar y hacer "ver" al lector esas sombras, colores, sentidos... Haces de ellos verdaderos personajes. En este relato nos metes en la realidad de esa mujer, una realidad tan real como la de su nieta.
    Ella padece una enfermedad pero fíjate que me ha recordado un tanto al Principito, cuando nos enseñó a ver con otros ojos. Te comenté en el anterior relato que el mundo exterior se conforma con nuestra mirada, de los millones de informaciones que podemos percibir, nuestro cerebro selecciona para las que está programado. Y desde luego cómo "miremos" puede convertirlo en el cielo o en el infierno.
    Un excelente relato, Eme. Un abrazo!

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    1. Hola David, precisamente acabo de responder al comentario de Rosa (por cierto, creo que me he extendido) que depende como leamos el texto y nuestras apreciaciones podemos ver una enferma, una ciega o persona a las puertas de la muerte, eso por un lado con la abuela; y en el caso de la nieta, una dulce compañía, albacea de su vida, o una inocente asesina que quiere liberar a su abuela de esa vida de soledad y martirio, o simplemente deshacerse de ella, por quitársela de encima. Me ha gustado mucho este juego de comentarios vuestros, porque shhhh, y esto es un secreto, realmente se ha escrito para crear interrogantes. Gracias. Un abrazo.

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  6. Preciosa forma de mostrarnos una triste realidad. Un aislamiento impuesto por una enfermedad despiadada que hunde a la persona en el deterioro más absoluto.
    Menos mal que tiene a otra persona que la ayuda.
    Fantástico relato, Eme.
    Un besazo.

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    1. Gracias Ziortza por dejar tu comentario. Un abrazo

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  7. Pues fíjate que creo que ahora es cuando la abu ve mejor, ella misma lo dice, que cree que ve de otra manera. Antes estaba ciega… ahora deja libre la mirada.
    Bien por el contrapunta del realismo de la nieta y las visiones de la abuela, es una buena técnica narrativa, el punto álgido-visionario lo rebaja la nieta, y el hiperrealismo de la juventud lo sublima el ojo clínico de la anciana. Un buen contraste narrativo.
    Ha sido también un buen recurso hacerlo dialogado, funciona bien.
    La explicación final creo que no se necesita Emerencia, escribes con tanta claridad que explicar lo evidente no es necesario señorita compañera, el que no lo sepa entender, es que no sabe leer, y usted escribe de maravilla. Olé mi niña.

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    1. Hola Isabel, simplemente ciega, perder la visión de las cosas, para percibirlas de otra forma, oliendo sonidos y escuchando sabores. El cerebro tiene muy cerca las zonas neuronales de los sentidos; el tacto, el gusto y el oído, les separa poquísimo y podemos hacer que se crucen, percibiendo sensaciones diferentes. Gracias por tus apreciaciones. Sí, he dudado dejar el final o no, tú ya me lo has corroborado. Sabes que aprecio este tipo de comentarios. Lo voy a tener en cuenta. Un beso.

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    2. Ya sabes que al final los autores tenemos la potestad, tú no me hagas mucho caso si así lo consideras.
      Si tengo cierta confianza, contigo creo que la puedo tener, me gusta contar mi percepción... y además que ya sabes (porque te lo he dicho muchas veces Emerencia), que tu manera de escribir me encanta de los encanta!!!!!!!!!!!!!

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  8. Oye... qué buenos los dibujos!!!!!!

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    1. Sí, estos pintores me gustan mucho, no siempre es fácil encontrar pinturas que describan lo que se quiere contar. Cuando tengo fotos las uso, pero a veces los trazos y los colores los veo más adecuados depende para que texto. Gracias Isabel. Muak

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  9. Un relato muy humano, y triste, por supuesto. Un placer leerte. Saludos cordiales 😁

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    1. Binevenida Noegéminis Mónica, gracias por tu lectura. Un abrazo

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  10. Muy triste .Un saludo

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    1. Hola Betty, por desgracia hay personas así, pero piensa que a lo mejor no ven la vida tan triste como crees o piensas. Gracias por tu comentario. Un abrazo

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  11. Tan verosímil, tan bien "dubujadas" las extrañas sensaciones y el desorden sensorial de Adriana, que podría pensarse que hablas de primera mano, pero sé que no. De ahí tu mérito, Eme.
    Me ha quedado la duda de por qué la nieta la medica a escondidas. Quizás sea piedad, deseos de mitigar su angustia... y es que claro, ellas dos no sienten ni perciben en la misma onda.
    Tu relato me ha dado que pensar :))
    ¡Un beso!

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    1. Hola Julia, pues la nieta tiene mucho que decir, pero en este caso, la narradora solo le echa un guiño para dejarla actuar. Interesante, podría ser lo que tú quieras imaginar, piensa, piensa, noooo. Gracias linda. Un beso.

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  12. Un relato precioso, muy triste, pero muy bien hilvanado. No puedo dejar de sentir simpatía por esa anciana que, aún estando en la recta final y tan enferma, sigue queriendo oír, saborear, ver y tocar la vida. La nieta, sin embargo, puede que no sea de la devoción de muchos. En tu relato parece que le da a escondidas la medicación a su abuela, pero bien pudiera ser que sea recetada por el médico, que la necesite y le ayude a estar mejor, pero que tenga que dársela de ese modo para que la tome sin problemas... al principio me caía gorda la nieta, pero luego he reflexionado, todo depende del cristal con que se mire ¿no?
    Un gran relato que nos ha hecho pensar a más de uno :)
    Besos, Emerencia

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    1. Gracias linda, ayyy, es que se te quiere, lees lo que tal vez piense la nieta pero ves más allá, lo que la Abu es capaz de sentir, porque al fin y al cabo es la libertad del ser, ¡que maravillosa sinfonía de los sentidos! Un beso

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  13. Me maravilla tu capacidad para darle forma a un relato tan tierno y a la vez tan dramático sobre los sentimientos y sensaciones de una anciana, quizá decrépita, tal vez más lúcida de lo aparente, en esos momentos de una vida que se apaga o la apagan los demás.
    No suelo leer los comentarios que me preceden para no dejarme influir, pero esta vez, ante la incertidumbre que he sentido ante ese final, me no he podido evitar caer en la tentación. Visto lo visto y leído lo leído, prefiero ceñirme a lo que me han transmitido tus letras: asombro y placer.
    Un abrazo.

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    1. Gracias Josep Mª, es lo interesante de las historias ver como nos calan cuando la leemos. Depende también de nuestro estado de ánimo cuando lo hacemos. Sobre todo estas que no sabes bien lo que está ocurriendo, creo que es así como la narradora lo ha querido hacer, no sé, no sé... Un abrazo y gracias por tus palabras, alentadoras a un nuevo encuentro literario jeje.

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  14. Hola Eme nos traes un relato que da para distintas interpretaciones y me quedo con la que más me gusta y es con ese ver si sabes mirar. Me parece que era David que hacía referencia a Sant Exupery y a mí me recordaba también a ese ver lo intangible, aquello invisible a los ojos, aprender a mirar.
    Sobre la otra versión de ese deterioro, ese perder los recuerdos, la vida vivida, me parece mucho más triste y como se puede elegir yo me pido el otro.
    Besos

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    1. Ay Conchita tú pide, pide y se te dará por esa boquita jajaja. Claro que es otra interpretación, por supuesto. De hecho el relato parte de una idea y ha terminado en otra; eso pasa con la mayoría de las historias cuando las vas creando puede que el desenlace no es el que te imaginabas porque en el camino el argumento ha dado un giro. La idea inicial es la forma de mirar sin ver. Me encanta "El principito", creo que es un libro estupendo; te cuento: ahora que empiezan las comuniones, siempre ha sido este libro el regalo que he hecho a los chicos y chicas en este día de fiesta. Aprender a mirar. Yo estoy en ese camino. No creo que vaya a ver azul la música, pero ya me gustaría. Un abrazo

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  15. Hola.
    Un relato muy triste pero le has dado una ternura...
    Opino como Tara, escribes tan bien que no necesitas explicar nada, a mí me encanta como está ahora, como yo lo he leído, no sé si lo has cambiado o no pero está genial.
    Besos.

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    1. Oh, gracias Gemma. Sí le he quitado un párrafo final que explicaba un poco lo que le pasaba a esta abuela, pero en vista que yo también dudaba de ponerlo, pues Isabel me ha convencido del todo. Me alegro que te haya gustado. Un beso

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