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Añoranza

inmigrantes de Rodolfo Campodónico
Este es un viaje que no he hecho pero que hicieron otros. Este es un país que no conozco pero, que conocieron otros. Este es un país donde no vivo pero que vivieron y viven otros…“En qué cielo, en qué aroma se perdieron el idioma y los gestos de otras tierras”





Viajeros andaluces que cruzan el océano Atlántico para mejorar su vida a miles de kilómetros de donde nacieron. “Hacen las Américas”, buscan “El Dorado del siglo XX”. Seducidos por una propaganda de promesas, allí quedaron para siempre. Ramas familiares que se llenaron de frutos con otro sabor, sabor a samba.


Hermano de Ramón y la familia de su hermana Concha












Sâo Paulo tiene un antepasado español, un descendiente de la inmigración masiva de finales del siglo XIX y principios del XX. 


Ramón





Cuando Ramón, el hijo de Manuela, marchó para Brasil dejó un recuerdo que ha llegado ahora, hace 92 años. La familia, sobre todo sus hermana Concha, siempre ha vivido con la incertidumbre ¿Sâo Paulo o Río de Janeiro o tal vez en Buenos Aires? ¿Volverá? No fue así, él murió allí. 


Gracias a Ramón (su hijo) ahora se puede reconstruir parte de su historia, su viaje, su llegada. Imaginar lo que pudo haber sido. Mi propósito: Soñar y hacer brotar una rama partida de un árbol genealógico.

Su hermana Concha (Mi abuela)

 Ramón vivía en Almuñécar (Granada). Marchó un 17 de noviembre de 1923 a los pocos meses de casarse con MªCarmen, él tenía 25 ella apenas 18 años. Partió acompañado de esposa, suegra y cuñadas: Josefa, Elisa y Concepción, la pequeña (Josefa) con 7 años. Abordaron el buque francés Aquitaine en Gibraltar con destino a Brasil. 



Manuela, su madre (mi bisabuela)

Llegaron a puerto de Santos el 3 de diciembre de ese mismo año. El éxodo familiar se completaría más tarde con su madre Manuela; ella partiría después para morir con su hijo en el año 1952. Para entonces, él tendría tres hijos: Ramón, Elisa y Carmen. 



 Este va a ser un viaje desempolvando anales y archivos con naftalina. Buscando libros de registros escritos a mano, con hojas descoloridas y bordes de celulosa corroídos por la humedad. Firmas de caligrafía temblorosa. La memoria se desentraña. Hay algunos registros de embarque y pasaportes pasados por escáner.






Ha sido un largo itinerario de meses entre organismos internacionales (consulados y embajadas), registros civiles, iglesias, casa de España, museo de La Inmigración, Memorial del inmigrante y las polifacéticas redes sociales.

Cuando Ramón emigra eran tiempos de subsistencia: propiedades pequeñas y poco rentables, tierras pobres y secas con viñedos, higueras, almendros,….. Muchos jornaleros sin tierra, sin trabajo. Una casa sin luz, ni agua. No existían carreteras y encontrar trabajo se alargaba en el tiempo. 



Un joven que sufre la situación política que había en el país. Una monarquía y una dictadura sin futuro de Primo de Rivera. 

Hermano de Ramón Jose María




En el pensamiento de Ramón no estaba el ser reclutado por la fuerza para la guerra de Marruecos. Un servicio militar obligatorio que podía retenerle de tres hasta siete años. En su mente no cabía ser militar o guardia civil como sus dos hermanos, José María y Rafael en una España con movimientos revolucionarios y huelgas. Emigrar a otra realidad, conseguir sueños en otras tierras.


¿Dónde oyó Ramón hablar de América? Muchos otros ya navegaron antes. Desde 1882. El gallego abrió puertas al andaluz. El andaluz de Málaga, Almería y Granada empieza a emigrar a partir 1900. Va a ser un campesino colonizador y se adapta bien. 


Unos subvencionados otros de forma clandestina, la oportunidad se les presentó. Ramón forma parte de una de las mayores emigraciones de andaluces hacia Saô Paulo. 


El café de Brasil llegaba a Europa, su demanda era grande y no había mano de obra para las plantaciones. El Ministerio de Asuntos Exteriores aquí en España ya venía difundiendo que se subvencionaba el billete de viaje y el alojamiento a aquel joven agricultor que estuviese constituido en familia para garantizar una mayor fijación de trabajadores en las fincas de café de Sâo Paulo. Muchos andaluces formaran familias ficticias con documentación falsificada. Muchos se casarán en la lejanía, por poderes. No fue el caso de Ramón.


 Por su parte La Sociedade Promotora da Imigraçâo desarrolló una campaña dirigida a potenciales inmigrantes para cubrir la demanda de mano de obra en las plantaciones. Desde 1886 dirigida y operada por productores de café, infiltrados en política, industria, bancos y ferrocarriles. Eran los propios agricultores quiénes contrataban a inmigrantes en Europa para sus haciendas. 


Raffaello Gambogi - Emigranti,



Difundieron folletos publicitarios y administraron contratos con armadores y compañías marítimas y administraron la Hospedería de los Inmigrantes. La campaña llegaría a España, como llegó a Italia, a través de los buques: “Un paseo a la oportunidad. Clima tropical y vida en abundancia. En Brasil puedes hacer tu castillo. El gobierno da tierras y utensilios a todos. Venid a construir el sueño con vuestra familia”.






(Siguiente etapa del viaje: 
De Almuñécar a Sâo Paulo. El embarque)



Barco de Inmigrantes de Juan Carlos Boveri

“Cada uno de nosotros compone su historia, cada ser en sí carga el don de ser capaz de ser feliz " María Bethania. 

Esta es la historia de un emigrante andaluz. Si quieres conocerle su historia comenzó en "De Almuñécar a Sâo Paulo. El sueño de América".




Ramón y su familia gozaban de buena salud y sin deformación física alguna. 
Éstas eran algunas de las exigencias para ser emigrantes. No era todo. Había trámites de inmigración y además tres niñas, sin edad laboral. Eran trámites complicados burocráticamente y caros (y conforme pasaran los años más).



Muchos conseguían pasajes y papeles a través de redes mafiosas que operaban en puertos. No sabemos si fue el caso de Ramón. Y tal vez no tuviera que presentar tampoco la carta de trabajo. 





En 1940 ya la necesitaban, era el contrato de trabajo para salir de España. Lo expedían los consulados hispanoamericanos ubicados en Cádiz u otros puertos de Andalucía. Un documento irreal, falso, que nadie reclamaba allá, pero necesario para entrar al puerto de Santos. A partir de 1948 la carta de llamada, visado por el consulado español, ayudaría a obtener el pasaporte. 



Pero estamos en 1923 aún todavía no estaba bien organizada la red de la inmigración entre España y Brasil. Sí estaban organizados los “ganchos” que recorrían pueblos andaluces prometiendo “El dorado”. Testaferros conectados con cónsules americanos y empresas de transporte. 
Engañaban prometiendo tierras en Brasil. También los que legalizaban esas cartas de llamada ilegales. Cobraban el pasaje del barco y todos los trámites burocráticos a precio de 10.000 pesetas (60 €, en estos años eran como 6000 €) por una familia de cinco miembros, matrimonio e hijos pequeños (el gobierno hizo campañas en contra de esta mafia incluso con ayuda de maestros, pero no se evitó).



La partida. Con dos baúles de madera, dos maletas, dos sillas, bufandas y jerséis tejidos, pantalones de paño, una foto de familia, estampas de la virgen de las Angustias y un rosario. Ramón y su familia partieron de Gibraltar. Había puertos más cercanos: Málaga, Almería, Cádiz, pero era Gibraltar el puerto que utilizaban los andaluces que iban a Brasil, a Sâo Paulo. 



Ahora toca esperar al embarque, días, semanas,…tiempo compartido con otros emigrantes y la ralea del puerto: estafadores, intermediarios, falsificadores y reclutadores atraídos por los ahorros de bolsillos y maletas.





Buques de más de tres mil toneladas (Provence, Spagne, Italie y Aquitaine) con ruta habitual desde Marsella y Génova hacia Argentina, pasando por Brasil. Ramón y su familia tomaron el Aquitaine. 



Eran tiempos de desarrollo de la industria naval y la marina mercante pero no exenta también de vilezas y engaños. 








Los armadores de compañías de navegación hacían de las suyas para obtener bajos costes de transporte. Ramón encontró un buque hacinado de gente, con poca tripulación, una comida de escasa calidad, insalubre, espacios reducidos y precarios y pésimas condiciones de higiene a bordo. 





Todo esto junto a la pesadilla de viaje: hedor de bodegas, la humedad de literas, ruido de motores. Mucho frío. Mareos y fiebres. Condiciones que llegaban a fomentar abuso y promiscuidad. Además, ese abismo social. Los inmigrantes en 3ª clase o en bodegas. En 1ª y 2ª  están quién paga más (comerciantes, clero, oficiales, médicos, gente pudiente). 


Desde su cubierta podían ver la cubierta de tercera, sentados en cajones, sillas y colchones de lana enrollados. 


El baile era una distracción que les hacía olvidar la realidad. 



Y pensar que los primeros inmigrantes en 1800 soportaron travesías de 50 días. La bodega con cuatrocientas y quinientas personas hacinadas. 

Ramón tardó unas dos semanas. 


Con el tiempo el coste del pasaje disminuiría y la seguridad y las condiciones de los buques mejorarían.





Acercando la lejanía. Mabel Lorenzo

“Ausencia, ausencia, si tan solo tuviera alas para volar a través de la distancia….pero solo en mis pensamientos puedo viajar sin miedo y mi libertad la tengo solo en mis sueños” Cesária Évora

Este viaje, este sueño, comenzó en la etapa de "Almuñécar a Sâo Paulo. El sueño de América" y siguió con "Almuñécar a Sâo Paulo El embarque" esta es la última etapa del viaje.

Ramón llega a porto de Santos. El desembarco y los trámites de la llegada, otro idioma y una larga espera con una familia exhausta de un viaje de dos semanas. Muchos desde comienzos de siglo pisaron este puerto y llegaron a esta tierra.






Pasar por Aduana, otro trámite más en el puerto de Santos. 



















Por lo general los emigrantes se trasladaban a la ciudad de Sâo Paulo, a la Hospedaría de los Inmigrantes (hoy el Museu da Imigracâo). Antes debían de esperar en salas acondicionadas para ir a la Hospedería.


De cuatro a diez mil personas llegaron a alojarse a la vez.



cruzeiros





No estarían más de ocho días. 








Descansar, dos comidas al día, tratamiento médico (había enfermería) y salas preparadas para los recién nacidos que habían visto la luz en alta mar. Un gran salón convertido en dormitorios con catres y esteras de paja en el suelo.




 
Hospedería, hoy es un Museo 







La comida estaba racionada por edades, si eran mayores o niños, los menores de tres años no recibían nada. 

Muchos emigrantes se quedaban en el puerto, en barrios pobres con un deficiente saneamiento. Otros en las colinas cercanas a los muelles o junto a las líneas férreas.




La Agencia Oficial de colonización y el trabajo responsable tenía intérpretes para ayudar. Informaban y  despachaban a las provincias donde iban. Había emigrantes que sabían de paisanos o familiares que vivían allí. Otros necesitaban contactar con futuros patrones en las fazendas cafetaleras.

Bolsa del Café en Santos
cargando café en el puerto


Algunos tenían billetes gratuitos de ferrocarril para llegar a las haciendas.


Allí encontrarían un cuarto con un banco de madera (la cama) mesa y sillas. Sembrarían maíz, judías, criarían gallinas y cerdos entre los cafetales. 



Una familia podía ocuparse de la recolección y cultivo desde 800 a 5000 plantas y podrían cubrir las necesidades básicas. Comprarían con su primer sueldo el sustento de meses: harina de trigo, grasa, sal, bacalao, jabón, carne en lata y queroseno y alguna cerveza (ocasional). 



Los contratos eran fijos o temporales como apañador de café, colono o transportadores de café. El trabajo era duro en plena selva virgen. Muchos de los emigrantes quedarían y otros se irían a la ciudad.

secando el café
Vivir en Sâo Paulo. Había emigrantes que optaban por la ciudad, pudo ser el caso de Ramón. 

Los barrios más populares eran: Brás, Moocá, Belenzinho, Tatuapé, Pari, Ipiranga. Conocidas en el barrio de Brás, la vieja Hospedería ,una pensión, Dos imigrantes de la rua Visconde de Paunaiba o el hotel El Andes.




Junto con portugueses e italianos, comenzaría a convivir Ramón y su familia. La primera oleada de emigrantes en el siglo XIX fueron mayormente italianos y mucho de ellos ya eran propietarios agrícolas o tenían negocios en la ciudad y contrataban a españoles.


Ramón vivió el crecimiento grande de Sâo Paulo. Los años 50-60 fue una época brillante. Trabajó en el transporte de grano, en el comercio, fue vendedor y algunos de sus familiares trabajarían (y trabajan) en las fábricas de automoción.

En 1950 esta ciudad era una gran metrópolis con rascacielos y con una urbanización bastante novedosa. La producción industrial creció: Acero, mecánicas, eléctricas, comunicaciones y equipamientos para transportes. Sâo Paulo era el mayor parque industrial de América Latina con sus grandes marcas: Ford Motor, General Motors, Volkswagen, Mercedes Benz, Phillips, Toshiba, etc.



Hijos de Ramón y Mª Carmen
Ramón envía cartas y fotos a su madre y a sus hermanos (las cartas desaparecerían con mi abuela). 

Fotos de sus hijos, su familia nacida en Brasil. Su madre, Manuela, se reuniría con él en estos años cincuenta. Moriría poco después.

Mi familia perdería el contacto a finales de los años 40. No se volvería a saber nada de Ramón.

Ramón con su familia. 1947

Para entonces el Instituto Nacional de la emigración de España controlaba la salida de emigrantes. Se firman convenios bilaterales con países latinoamericanos. El sindicato vertical franquista para la emigración controla la situación (en esta década de los 50 a los 70 hubo otra gran oleada de emigración española a Brasil). 
Se firma en esta época el tratado de emigración entre Brasil y España. Partían para allá emigrantes con familiares ya asentados, jornaleros no cualificados, obreros industriales. Ya permitían el envío de los ahorros a los familiares que quedaban en España.



Ramón aprendió a domar el lenguaje, un portugués con acento español. Pasaría el tiempo. Se casaría de nuevo en 1951 con una italiana Antonieta Magdalena. Tuvo tres hijos, de los cuales sólo Roberto vive. 

Foto enviada por su hijo Roberto, está con su padre Ramón
 y 
su madre Antonieta, con sus hermanos
 y una ahijada. 1955

Ramón años 70


Ramón murió en 1973 con 75 años y con él se cerrarían las maletas que llevaban aquellos otros paisajes que quedaron atrás. El deseo de volver se diluye con él. Brasil ya es considerado como la tierra que les acogió, de la libertad. Han hecho su porvenir, su hogar, sus raíces. Ya están aquí. Para la segunda y tercera generación la nacionalidad española es un pasaporte más.


Sâo Paulo es la ciudad más poblada de toda América Latina. Con una gran diversidad étnica. Corazón financiero y económico que impresiona por su modernismo y que atrae a todo tipo de negocios e inversiones. Aquí sigue viviendo la familia de Ramón y la de tantos otros emigrantes españoles.

Roberto, hijo de su segundo matrimonio, vive en el Estado de Sâo Paulo, en Sâo Bernardo do Campo, ha trabajado en la General Motors y gracias a él he podido reconstruir los pedazos de esta historia. GRACIAS


Etapas anteriores:

   De Almuñécar a Sâo Paulo. El sueño de América
   
   De Almuñécar a Sâo Paulo. El embarque




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