16.4.18

MÍRAME







La vida no siempre está trazada con la edad, la pintamos mientras podemos; se colorea con un lápiz de ojos que a veces quiebra en el contorno de los párpados. Un tiempo se acelera en nuestra corta existencia y desconoces las razones; te asomas a otro mundo y entonces, resignada, es cuando decides dejar libre la mirada. La abuela Adriana algo abriga dentro de sí.

*

–¿Qué haces con la mirada metida en ese hueco? – le pregunta la nieta.

–Descansa– dice la mujer con un hilo de suspiro mientras pellizca con su mano derecha el reverso de la otra. 

–¿La vas a dejar ahí? - interviene la joven que no aparta su vista de ella; fija sus ojos en el retrato de la pared, después la mira y a su gran nariz griega; su cabeza le parece más grande y sus brazos son más largos. Sonríe. Se la imagina volando; le recuerda a Elsa, una muñeca de trapo que tenía de niña y que ella le puso alas de campanilla...

–Hay veces que me da miedo. En el lado oscuro de la noche, cuando apenas las farolas alumbran, ahí aparecen las primeras sombras; mi mirada las ve… -contesta ella abstraída con su espalda cifótica como caracola, y calla.-

– ¿De qué sombras hablas? - interviene la joven al abandono de su fantasía; pero la sigue mirando.

– Ellas. Ellas empiezan a aparecer como espectros oscuros, vestidos de harapos que van y vienen. En el jardín, cuando voy a mi paseo, allí las veo… están detrás de la vegetación, escondidas en las fuentes. Otras veces las veo tras el kiosco… – la abuela abre su boca como un pez, tragando aire– ... Ellas van y vienen, son listas, se agazapan para que al volver mi cara ya no las vea; luego en el pasadizo de la calle me las encuentro, también en el arco de la entrada...  y junto a la puerta, en el primer escalón, ese partido por el borde; en la cerradura, al abrir también… Allí se agachan... son figuras irreconocibles...no sé quiénes son... – la abuela traga saliva y temblorosa coge el vaso de agua que hay en la mesa. Bebe. Su respiración no acompasa sus palabras– ... también se meten en las ranuras, ¡no me dejan andar! ¡ni abrir la puerta! - se le acelera el pulso y gira su pupila como unas oxidadas aspas de molino -.

– Abu no te esfuerces más, tu vista ya no alcanza. Son imaginaciones tuyas- ella está quieta, sentada junto a su abuela. La luz de la tarde ilumina esa cara longeva haciendo más visibles sus rasgos; sus orejas grandes que sobresalen de ese turbante - (le debe quedar ya poco pelo y por eso lo guarda dentro de ese atavío)- piensa la joven mientras juega con algo que tiene en el bolsillo.

–Eso es porque no me acompaña nadie cuando salgo... tú... y tu padre... si viniera él, las sombras... ellas se irían... –replica mientras aprieta sus labios finos–. 

–Abuela, vengo cuando puedo- ella no deja de jugar nerviosa; el sonido parece de un bote de pastillas...

– Ayer las líneas de carboncillo de mi cuaderno de dibujo cobraron vida, las caras me miraban... las encontré tiradas en el suelo y se movían…

–¿Qué buscabas en el baúl? Allí solo hay cosas antiguas. Abu... - se levanta y mira tras la cortina -.

– …la mirada se me cierra como una valva de almeja siguiendo esos bultos de aquí para allá. Creo que me persiguen... igual que esas siluetas que se me insinúan... Me duelen los ojos…

–Eso es porque no te pusiste las gafas Abu; sabes que ves cosas raras cuando no te las pones- la interrumpe, se abstrae en un pensamiento. -

–La mirada no las necesita. Si me las pusiera ya no me hablaría el gusto, ni me escucharía el oído, ni olería el recuerdo…

– Abu, ¿no será que...?

– ¡Ssshhh! ¡No! no son manchas como siempre dices...! Pienso que no eres mi nieta... no tienes sensibilidad para apreciar lo que te cuento... no comprendes... Mis ojos... mis ojos ya ven de otra forma. Ellos ven en sinfonía al oído, me sugieren sonidos, la música... se afina en mi mirada... como un violín - se sonríe moviendo sus largos brazos como si tocara; después vuelve a beber, le cuesta respirar - Mis ojos llegan a tocar incluso el acorde del gusto y me hacen oler aromas tan sutiles que tú no eres capaz de apreciar... es como si ángeles los dejaran sueltos... –deja sus manos tranquilas, inmóvil intenta calmar su respiración –.

–A-bue-la, A-bu - la tranquiliza; se sonríe mientras ve todos los cuentos de música que le deja sobre la mesa cada vez que va a la ciudad - ¿Te comiste todas las galletas que traje la semana pasada? - La nieta le pregunta mientras va a la cocina; le prepara la merienda. Saca de su bolsillo algo, el bote con el que había jugado antes; es de cristal con unas pastillas pequeñas rosas, Clonazepam... mira hacia el sillón con el rabillo del ojo y mueve la leche con la cucharilla ... 

– ¿Sabes hija? ya no huelen las manzanas como antes; pero las mandarinas sí conservan su olor y la flor de azahar del jardín... y la piel de membrillo... 

–Bueno, no es raro, todo está perdiendo los olores y los sabores –le acerca una bandeja con leche y galletas –. 

–Pues creo que a la mirada le pasa igual… – mientras habla, ella se limpia con el puño de la blusa el sudor de sus manos y de su frente –.

–¿Cómo dices? - acerca la leche a sus arrugados labios y observa su piel manchada mientras ella bebe. Ve una mujer envejecida, prematura a ese tipo de ojeras –.

–Los ojos también pierden la mirada con el tiempo.... Las imágenes se escapan a través de estas dichosas gafas... por eso me las quito... no puedo ver. ...Tú eres tan joven... –suspira e intenta tocar a su nieta... desiste –.

–Abu... ten– le interrumpe y le da de beber la leche de nuevo, evita tocarla–. 

–No veo con tanta nitidez las cosas, como cuando... era más joven -siente náuseas, malestar en el estómago–  los colores ya… no los veo... todas esas identidades con rostros deshabitados... y esas sombras que están ahí... las siento – la abuela deja de hablar y bebe de nuevo derramando algún trago sobre su blusa... ese temblor de sus manos; se limpia torpemente, le cuesta respirar –.







pintura de Paul W.Ruiz (comienzo) y Alexander Janson (final)




67 comentarios:

  1. Emerencia, es un relato triste y muy humano.

    Como hacer ver esa forma de mirar si se hace con ojos diferentes, con mentalidades diferentes, con estados de consciencia diferentes. Dos generaciones de por medio entre ambas y una insostenible dificultad de congeniar y entenderse a pesar del esfuerzo por hacerlo.

    Como explicar lo que sabes que no están en capacidad de sentir, de creer, de entender.

    Me ha traído recuerdos nostálgicos de un ser amado que estaba cruzando ese umbral entre la vida y la muerte y al igual que Adriana se sentía perseguida por las sombras que no le dejaban en paz, incluso tenia miedo de dormirse. La antesala de la muerte es tan extraña y tan parecida en todos... Supongo que debe guardar mucha similitud con la antesala a al nacimiento, a la vida

    Ese pellizcarse las manos o lo que sea, esa mirada perdida, ese ver alucinaciones o quizás no lo sean como tal, ese divagar..., en fin que has observado muy bien a las personas en transito.

    En tu relato se percibe un aire de amor y cariño de la nieta hacia la abuela a pesar de las quejas de esta, no es fácil enfrentar esta situación para ninguna de las dos, y lo has plasmado muy bien amiga.

    Que tengas una agradable y lucida semana querida amiga.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Idalia, sí por desgracia he vivido la muerte de un ser querido, tal vez me hace más sensible al "deterioro humano" aunque intentes adaptarte al tiempo. Esta enfermedad que sufre Adriana debe ser horrible, vivir esa soledad, sin apenas presencia humana, qué mundo deben imaginar. Yo me las imagino consumiendo su tiempo, su energía y desplazando su integridad física a otro plano espacial en el que no eres consciente del deterioro. Te dejo una frase que acabo de leer en un texto de Eva Figueroa, me ha gustado mucho porque está en sintonía con las palabras de esta abuela: "reconozco el sabor en la boca, el eco de mis oídos de otra historia con el color de la luna". Gracias como siempre por dejar tus impresiones y sensaciones, es un gusto tenerte entre estas letras. Un beso

      Eliminar
  2. Un relato que nos cuenta las divagaciones de la abuela que ya no ve más que sombras y la nieta trata de calmarla. Le ayuda a que tome la merienda sin que se le caiga. La anciana ya está en el atardecer de la vida. Muy buen relato como todo lo que escribes Emerencia. Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Mi estimada Mamen, con tu sensibilidad hacia los seres humanos, como no ibas a comprender cada instante de esta mujer, no tan anciana, pero que las circunstancias de su enfermedad la han deteriorado físicamente ¿necesitaremos la presencia humana para sentirnos más jóvenes? se me ha ocurrido esto mientras te escribía, o realmente, llega un momento que queremos la soledad infinita, sentirnos libres solo el contacto irracional, deslizarnos sobre la naturaleza más pura de un jardín o un bosque. Es un relato humano, pero también reflexivo sobre la vida. Un beso preciosa.

      Eliminar
  3. Adriana y su nieta me han llevado de la mano hasta su casa. Un relato triste y precioso al tiempo. Pero la tristeza no la encuentro en el paso del tiempo, en la vejez... La tristeza para mí está en la soledad que se debe sentir cuando nadie a tu alrededor mira como tú. A veces hay que quitarse las gafas y creer lo que la mirada nos dice, tengamos la edad que tengamos.
    Un beso. Precioso

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias Eva!!! también hay que tener la sensibilidad para comprender y tú la tienes con tu "nariz de chocolate". mM da mucha alegría que me visitaras y que luego pasarás a la casa de la nieta y la abuela. Feliz semana. Un abrazo

      Eliminar
  4. ¿Adriana padece sinestesia? Eso de que vea, huela y oiga con su mirada es muy típico. ¿O tal vez se deba a las benzodiacepinas con que la trata su nieta? No sé, igual me paso de suspicaz, pero ¿no es un poco siniestra esa chica? Y esas nauseas y malestar en el estómago, ¿la está envenenando?
    Ja, ja. Me ha encantado, pero ya ves que no puedo quitarme la vena negra.
    Un beso.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Mi querida Rosa, voy a compartir tu comentario hilvanando ideas. Verás, será divertido. Adriana, la abuela, tiene algún desajuste en su mente, está claro: no llega a tocar los objetos, pero saborea y toca las emociones; y al escuchar la música ve los sonidos, ¿verdad que no nos extrañaría que esta mujer sintiera tristeza al tocar la madera de su puerta? ¿o experimentara tranquilidad cuando toca el pañuelo de su cabeza? La abuela también es una artista (algunos artistas son sinestésicos) lo deja claro con sus dibujos. Pero me despista que la Abu ya no vea los colores… uum… Rosa, dicen que todos nacemos sinestésicos ¿te imaginas sentir los colores? ¿Dónde hemos dejado esta forma de ver el mundo tan extraordinario? ¿y solo de ello nos ha quedado decir de vez “un comentario ácido” “una noticia amarga”, “un amarillo chillón” ¡entonces qué banales somos ahora! ¿no?
      Por otro lado, la abuela también pudo nacer con cierto autismo o epiléptica, o de joven sentir algún trauma o alguna desgracia familiar, tal vez ocasionada por su hijo, que influiría mucho en ella… Pero, también su estado actual ha podido ser producido por un tipo de droga. Muy aguda compañera, las benxodiazepinas (donde encontramos el clonazepan, el Klonopin; o el conocido Diazepan, el Valium; o el Alprazolam, el Xanax) son muy usadas para la ansiedad, calmar dolores, para tratar ataques de pánico, depresiones, convulsiones…) y sus efectos duran mucho tiempo, llegan a ser adictivos y ¡pueden producir la muerte! ¿es lo que persigue la nieta? Está claro que la abuela ha sufrido un deterioro general de su salud mental y física: se pellizca la palma de la mano y, además, su tensión, esa ansiedad, sus dolores de vientre, sus paranoias, sus sentimientos de persecución. Vaya con la nieta, si la está envenenando, esa no ha heredado la sinestesia (dicen que se puede heredar) porque sensibilidad tiene poca, muy poca…
      Ahí lo dejo, a ver que van opinando los demás. Gracias compañera por estos comentarios, son un regalo. Un abrazo

      Eliminar
  5. ¡Maestra de lo intangible! Me fascina tu capacidad para plasmar y hacer "ver" al lector esas sombras, colores, sentidos... Haces de ellos verdaderos personajes. En este relato nos metes en la realidad de esa mujer, una realidad tan real como la de su nieta.
    Ella padece una enfermedad pero fíjate que me ha recordado un tanto al Principito, cuando nos enseñó a ver con otros ojos. Te comenté en el anterior relato que el mundo exterior se conforma con nuestra mirada, de los millones de informaciones que podemos percibir, nuestro cerebro selecciona para las que está programado. Y desde luego cómo "miremos" puede convertirlo en el cielo o en el infierno.
    Un excelente relato, Eme. Un abrazo!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola David, precisamente acabo de responder al comentario de Rosa (por cierto, creo que me he extendido) que depende como leamos el texto y nuestras apreciaciones podemos ver una enferma, una ciega o persona a las puertas de la muerte, eso por un lado con la abuela; y en el caso de la nieta, una dulce compañía, albacea de su vida, o una inocente asesina que quiere liberar a su abuela de esa vida de soledad y martirio, o simplemente deshacerse de ella, por quitársela de encima. Me ha gustado mucho este juego de comentarios vuestros, porque shhhh, y esto es un secreto, realmente se ha escrito para crear interrogantes. Gracias. Un abrazo.

      Eliminar
  6. Preciosa forma de mostrarnos una triste realidad. Un aislamiento impuesto por una enfermedad despiadada que hunde a la persona en el deterioro más absoluto.
    Menos mal que tiene a otra persona que la ayuda.
    Fantástico relato, Eme.
    Un besazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias Ziortza por dejar tu comentario. Un abrazo

      Eliminar
  7. Pues fíjate que creo que ahora es cuando la abu ve mejor, ella misma lo dice, que cree que ve de otra manera. Antes estaba ciega… ahora deja libre la mirada.
    Bien por el contrapunta del realismo de la nieta y las visiones de la abuela, es una buena técnica narrativa, el punto álgido-visionario lo rebaja la nieta, y el hiperrealismo de la juventud lo sublima el ojo clínico de la anciana. Un buen contraste narrativo.
    Ha sido también un buen recurso hacerlo dialogado, funciona bien.
    La explicación final creo que no se necesita Emerencia, escribes con tanta claridad que explicar lo evidente no es necesario señorita compañera, el que no lo sepa entender, es que no sabe leer, y usted escribe de maravilla. Olé mi niña.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Isabel, simplemente ciega, perder la visión de las cosas, para percibirlas de otra forma, oliendo sonidos y escuchando sabores. El cerebro tiene muy cerca las zonas neuronales de los sentidos; el tacto, el gusto y el oído, les separa poquísimo y podemos hacer que se crucen, percibiendo sensaciones diferentes. Gracias por tus apreciaciones. Sí, he dudado dejar el final o no, tú ya me lo has corroborado. Sabes que aprecio este tipo de comentarios. Lo voy a tener en cuenta. Un beso.

      Eliminar
    2. Ya sabes que al final los autores tenemos la potestad, tú no me hagas mucho caso si así lo consideras.
      Si tengo cierta confianza, contigo creo que la puedo tener, me gusta contar mi percepción... y además que ya sabes (porque te lo he dicho muchas veces Emerencia), que tu manera de escribir me encanta de los encanta!!!!!!!!!!!!!

      Eliminar
  8. Oye... qué buenos los dibujos!!!!!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí, estos pintores me gustan mucho, no siempre es fácil encontrar pinturas que describan lo que se quiere contar. Cuando tengo fotos las uso, pero a veces los trazos y los colores los veo más adecuados depende para que texto. Gracias Isabel. Muak

      Eliminar
  9. Un relato muy humano, y triste, por supuesto. Un placer leerte. Saludos cordiales 😁

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Binevenida Noegéminis Mónica, gracias por tu lectura. Un abrazo

      Eliminar
  10. Muy triste .Un saludo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Betty, por desgracia hay personas así, pero piensa que a lo mejor no ven la vida tan triste como crees o piensas. Gracias por tu comentario. Un abrazo

      Eliminar
  11. Tan verosímil, tan bien "dubujadas" las extrañas sensaciones y el desorden sensorial de Adriana, que podría pensarse que hablas de primera mano, pero sé que no. De ahí tu mérito, Eme.
    Me ha quedado la duda de por qué la nieta la medica a escondidas. Quizás sea piedad, deseos de mitigar su angustia... y es que claro, ellas dos no sienten ni perciben en la misma onda.
    Tu relato me ha dado que pensar :))
    ¡Un beso!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Julia, pues la nieta tiene mucho que decir, pero en este caso, la narradora solo le echa un guiño para dejarla actuar. Interesante, podría ser lo que tú quieras imaginar, piensa, piensa, noooo. Gracias linda. Un beso.

      Eliminar
  12. Un relato precioso, muy triste, pero muy bien hilvanado. No puedo dejar de sentir simpatía por esa anciana que, aún estando en la recta final y tan enferma, sigue queriendo oír, saborear, ver y tocar la vida. La nieta, sin embargo, puede que no sea de la devoción de muchos. En tu relato parece que le da a escondidas la medicación a su abuela, pero bien pudiera ser que sea recetada por el médico, que la necesite y le ayude a estar mejor, pero que tenga que dársela de ese modo para que la tome sin problemas... al principio me caía gorda la nieta, pero luego he reflexionado, todo depende del cristal con que se mire ¿no?
    Un gran relato que nos ha hecho pensar a más de uno :)
    Besos, Emerencia

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias linda, ayyy, es que se te quiere, lees lo que tal vez piense la nieta pero ves más allá, lo que la Abu es capaz de sentir, porque al fin y al cabo es la libertad del ser, ¡que maravillosa sinfonía de los sentidos! Un beso

      Eliminar
  13. Me maravilla tu capacidad para darle forma a un relato tan tierno y a la vez tan dramático sobre los sentimientos y sensaciones de una anciana, quizá decrépita, tal vez más lúcida de lo aparente, en esos momentos de una vida que se apaga o la apagan los demás.
    No suelo leer los comentarios que me preceden para no dejarme influir, pero esta vez, ante la incertidumbre que he sentido ante ese final, me no he podido evitar caer en la tentación. Visto lo visto y leído lo leído, prefiero ceñirme a lo que me han transmitido tus letras: asombro y placer.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias Josep Mª, es lo interesante de las historias ver como nos calan cuando la leemos. Depende también de nuestro estado de ánimo cuando lo hacemos. Sobre todo estas que no sabes bien lo que está ocurriendo, creo que es así como la narradora lo ha querido hacer, no sé, no sé... Un abrazo y gracias por tus palabras, alentadoras a un nuevo encuentro literario jeje.

      Eliminar
  14. Hola Eme nos traes un relato que da para distintas interpretaciones y me quedo con la que más me gusta y es con ese ver si sabes mirar. Me parece que era David que hacía referencia a Sant Exupery y a mí me recordaba también a ese ver lo intangible, aquello invisible a los ojos, aprender a mirar.
    Sobre la otra versión de ese deterioro, ese perder los recuerdos, la vida vivida, me parece mucho más triste y como se puede elegir yo me pido el otro.
    Besos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ay Conchita tú pide, pide y se te dará por esa boquita jajaja. Claro que es otra interpretación, por supuesto. De hecho el relato parte de una idea y ha terminado en otra; eso pasa con la mayoría de las historias cuando las vas creando puede que el desenlace no es el que te imaginabas porque en el camino el argumento ha dado un giro. La idea inicial es la forma de mirar sin ver. Me encanta "El principito", creo que es un libro estupendo; te cuento: ahora que empiezan las comuniones, siempre ha sido este libro el regalo que he hecho a los chicos y chicas en este día de fiesta. Aprender a mirar. Yo estoy en ese camino. No creo que vaya a ver azul la música, pero ya me gustaría. Un abrazo

      Eliminar
  15. Hola.
    Un relato muy triste pero le has dado una ternura...
    Opino como Tara, escribes tan bien que no necesitas explicar nada, a mí me encanta como está ahora, como yo lo he leído, no sé si lo has cambiado o no pero está genial.
    Besos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Oh, gracias Gemma. Sí le he quitado un párrafo final que explicaba un poco lo que le pasaba a esta abuela, pero en vista que yo también dudaba de ponerlo, pues Isabel me ha convencido del todo. Me alegro que te haya gustado. Un beso

      Eliminar
  16. Este es una de estas entradas tuyas estupendísimas por la profundidad humana.
    No asusta hacerse mayor, asusta, sobre todo, la pérdida de facultades y la soledad. Esta abuela, al menos, tiene a su nieta, pero ¡qué horrible debe de ser estar sola en el tramo final de la vida cuando una ya no puede valerse por sí misma! Hay muchísimas personas mayores completamente abandonadas.
    Es un texto que hace pensar...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hoooolaaa Milano querida!!! ¿y esas manos? Hacerse mayor, ay compañera, en este relato hay mucho de esa perdida de visión que sufres de pronto y tienes que plantearte vivir la vida de otra forma, ver a través de los otros sentidos. También me planteo alguna vez eso que dices de la soledad, pero lo borro rápido de mi cabeza. Gracias por dejar aquí tus impresiones. Un beso

      Eliminar
  17. Me encanta como ha quedado princesa :)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues, como me alegro ¡pardie, pardie! muak

      Eliminar
  18. Un relato conmovedor y trágico a la vez que se mueve entre la ambigüedad y la ternura. Qué bien contado y qué bien transmitidas tantas sensaciones. Fantástico, Emerencia.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias Marta por tu comentario, me alegra leerlo ¿te animarás a participar? Un abrazo

      Eliminar
  19. Tu relato es a la vez entrañable e inquietante, entrañable por esa escena entre abuela y nieta, e inquietante por esas sombras que la anciana dice ver. La historia fluye con naturalidad rodeada de un misterio, sutil e indefinido, con esa pérdida de visión de la abuela que agudiza los demás sentidos y le permite percibir cosas que los demás no ven.

    Suerte en el concurso de "El Tintero"

    Saludos cordiales, Emerencia.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Paco, no has podido resumirlo mejor. Nos vemos en ese encuentro con el Tintero y tu primera participación. Un abrazo

      Eliminar
  20. Ese diálogo entre Adriana y su nieta es enternecedor, la anciana en el ocaso de la vida y la niña tratando de alejar de ella esas sombras que la acosan la es el reflejo de una unión perfecta entre ambas.
    Muy bonito texto Emerencia. Suerte en el concurso el T. de Oro.
    Un abrazo
    Puri

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Puri. Gracias por dejar tu comentario. Un abrazo

      Eliminar
  21. Hola Emerencia. He quedado fascinado con la velocidad que toma el relato con la escena verbal. Pero en el buen sentido, porque el lector disfruta con la serie de sensaciones, con hermosos giros literarios, que solo percibe la anciana, matizadas con la realidad a la que la quiere traer la nieta.
    Es una delicia de relato, a pesar de la penosa situación de la abuela, en la penumbra de su sufrimiento, llegando a la otra punta de la existencia.
    Te deseo la mejor de las suertes en el concurso del tintero. Un abrazo.
    Ariel

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Rául, te veo muy bien en tu nueva imagen. Gracias por tus impresiones, tu sensibilidad ve mucho más allá, eres capaz de sentir la piel de esa anciana cuando se pellizca o el tímido roce de la mano de la nieta. Un abrazo

      Eliminar
    2. Felicitaciones, Emerencia, por haber obtenido la mención en el concurso del Tintero con este relato tan refinado y trabajado. Ha sido fascinante leerlo, eres muy talentosa. Ahora, ¡a disfrutar de esa bonita mención! Un gran y afectuoso saludo.
      Ariel

      Eliminar
    3. Gracias Raúl, felicitaciones también para ti por ese nuevo tintero, a este paso el principito te lleva a un planeta para que le escribas tus hermosas historias. Un abrazo

      Eliminar
  22. Tu relato me ha transportado a mi infancia. A las tardes de charla con mi anciana bisabuela. Sus ojos ya no percibían los objetos pero su mente estaba totalmente poblada de imágenes y de historias. Lo transmites tan bien, Emerencia, que no puedo más que unirme a las alabanzas plasmadas en los comentarios anteriores y felicitarte.
    Suerte en El Tintero. Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Carmen, qué bonito ser capaz de llevarte ahí, a ese momento nostálgico, con tu abuela... eso es un regalo para mí, el mejor. Gracias. Pasaré pronto a leer tu "Confesión póstuma". Un abrazo

      Eliminar
  23. Qué bien la has descrito la soledad que sufren muchos ancianos. He recordado a mis abuelos y a mi padre, que por suerte no sufrió soledad porque le acompañé hasta el final.
    Hermoso en la forma, muy duro y triste en el fondo, por lo real.
    Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Ana, esa soledad vivida acompañando a un anciano, sobre todo cuando ellos ya no quieren estar con nadie, solo... o tienen miedo a la muerte y desean la compañía. Es así, la otra cara de nuestra vida. Me llevo estas palabras conmovedoras y esos recuerdos que me vienen a la cabeza con ellas. Un abrazo Ana.

      Eliminar
  24. Un relato buen triste... Y real, Emerencia. Sensaciones, dolor y soledad, mucha soledad.
    Mucha suerte en el concurso.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias Bruno, tengo pendiente tus "Sueños rotos" no se olvidan, ahí están, ya te contaré. Un abrazo

      Eliminar
  25. Hola Emerencia,
    He leído con atención esta historia de como finaliza algo que tuvo principio en presencia de algo que empieza a finalizar. Es un buen recurso tal como indica Tirma-Tara en su comentario, confrontar abuela-nieta.
    Buen trabajo. Que los votos te sean propicios

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Don, Javier, de nuevo nos leemos en este encuentro del Tintero. Tengo guardado ese "Pormenor"; a ver si saco un ratillo y también te comento. Un abrazo

      Eliminar
  26. Buen relato.
    Suerte en el concurso.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Chema, gracias. Tu novia tampoco deja a nadie indiferente, un abrazo

      Eliminar
  27. Hola, Eme: Coincido con todos los comentarios que has recibido. Me impresiona el espacio del cuento, como si hubiera dos mundos que giran en simultáneo en distintas órbitas: Adriana vive sus sombras y sus imágenes; la nieta vive su urgencia de vivir afuera, tal vez sin cargos de conciencia, tal vez con malas intenciones... pero apurada, hastiada, insensible. Probablemente sea más fácil aprender a vivir en soledad y desapego, que aprender a acompañar. Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Beba, Bienvenida veo que te has estrenado con tu blog, adelante a disfrutarlo, soy tu primera seguidora. Pasaré a dejarte mi comentario de tu "Desafío". Con respecto a tus palabras, que te agradezco. Has descrito muy bien esos dos mundos, cada una siente esa soledad diferente, me quedo con ese "aprender a acompañar" quien hemos vivido con ancianos hasta su muerte lo conocemos, sentimos ese vacío y esa desesperanza en ese final. Un abrazo y suerte con ese blog que inicia su camino.

      Eliminar
  28. Muy emotivo relato, Emerencia. Me ha encantado ese símil entre la pérdida de olor de las mandarinas y la pérdida de la mirada de los ojos de la Abu. El contraste Abuela-Nieta, vejez-juventud, está muy bien conseguido. La niña corrige con la impertinencia de la juventud la sabiduría oculta de la abuela. Es así. Siempre ha sido así y seguirá siéndolo. Y tú lo transmites muy bien, Emerencia.
    Nos vemos en El Tintero. Saludos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias Juan Carlos, en este caso "algo normal" suele ocurrir es la impaciencia de la juventud. Nos vemos allí, y nada menos que con el Principito, qué ilusión. Un abrazo

      Eliminar
  29. Hola Emerencia, aquí estoy, ya había leído tu relato, pero por un problema de salud se atrasaron mis comentarios. Esta es una historia que sobrecoge el alma. Los personajes que has trabajado a la perfección, cada uno plasmado en profundidad. La abuela, la imagino muy longeva con una enfermedad que se ha apoderado de su mente, de sus percepciones e incluso de sus sentimientos. Le dice a su nieta que no es su nieta..que no comprende, que no entiende lo que ella percibe. Y la niña, también en su mundo, por momentos no la escucha, con su juventud y toda su fuerza. Muy bien has creado la escena, narras mucho más allá de lo que dices. Siento pena, porque pocas son las personas que pueden comprender de verdad y adentrarse en el alma de alguien como la abuela. Todos tienen prisa, tienen problemas, hay que trabajar dicen...Un relato para pensar, sensible y emotivo. Te felicito. Un abrazo compañera.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Miry tus "susurros entre álamos" espero que te hayan ayudado a mejorar y tu salud se haya restableciodo. Gracias por tu estupendo comentarios que sacas la esencia del relato, compartiendo tus impresiones y emociones de la relación de esa abuela Adriana y su nieta. Me atrapó esto que cuentas "narras más allá de lo que dices" creo que eso es fruto de los diálogos entre ellas. Un abrazo compañera

      Eliminar
  30. La vejez arrebatadora que nos quita y no añade nada a nuestras existencias, pues eso que llaman sabiduría es simplemente el aprendizaje de la repetición. No nos convierte en maestros sino en aprendices de lo que vamos olvidando.
    La vista es uno de los cinco sentidos que perdemos por el camino de los años. Nuestra mirada solo ve muchas más sombras que se añaden a las muchas que ya de por sí tiene la vida agazapadas en sus rincones.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias Francisco así es, esa vejez que a unos provoca miedo y a otros tristeza. Me quedo con ese aprendizaje de la repetición, puesto que repetimos para recordar, repetimos para que la memoria no nos deje en un rincón viendo sombras. Aprendemos a andar cuando nos caemos con más frecuencia, tropezamos una y otra vez porque se nos quiebran las extremidades por los nudos como las ramas del árbol, se nos quiebra la columna y el cuello por ver y avanzar cuando el tiempo ya no nos deja salir tan frecuente a saltar sobre el charco que ha dejado la lluvia. Un abrazo compañero.

      Eliminar
  31. Emeeeeee....! felicidades niña, mira que... mira que... mira que no bajas del podio de nuestro ya mítico Tintero, ni con lejía ¿ehhh?
    En serio Emerencia (espera que me pongo seria jum), en serio enhorabuena de nuevo compañera

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ay Isabel, muchas gracia jeje a este paso tú ya pronto consigues que el oro brille jeje Igualmente esa plata, ya es la segunda, felicidades compañera. Un abrazo

      Eliminar
  32. Me sumo a las felicitaciones de Isabel, merecido cuarto puesto que pudo ser más. Enhorabuena Eme.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias Jorge, un abrazo, feliz día.

      Eliminar