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6.6.17

SIN HACER RUIDO




Amaba aquel rincón de tal manera que parecía haber sellado allí su encuentro para toda la vida. Víctor era constante en aquel lugar, decía que «siempre que los sabores hicieran estremecerte en un lugar, allí el resto de los sentidos deben de encajarte».
Las paredes de piedra, la mesa de madera y ese plato sobre ella que siempre estaba dispuesto a invitarle a comer. Víctor tomó asiento y se quedó fijo a la copa que se encontraba frente a él. Allí estaba, en armonía con la luz de la estancia, sonriéndole con su boca insinuante y esas comisuras que tienen la medida exacta de dilución y en su interior todos los aromas confinados de su vino tinto.
Su hermano fue quién le llevó allí por primera vez; él tenía la sana costumbre de elegir los mejores lugares para disfrutar y éste era su preferido. Apreciaba la sencillez de una exquisita comida y le dedicaba el tiempo justo para poder evadirse en un comedor.
En este restaurante los camareros ya eran sus cómplices. Víctor apreciaba mucho su amabilidad. Los sabores amargos de la vida ya iban en sobres endulzados de sarcasmo e ironía, y aquí, este tipo de azucarillo no tenía cabida. Apreciaba la naturalidad y la sencillez de aquel lugar. Ese día fijó su mirada en la silla vacía que estaba frente a la suya. Le vino a la memoria las palabras de su hermano, lo que él consideraba “su buen comer”:
«No comas deprisa, hay que ajustar los sabores a la boca y recoger todos los olores. Mastica con cariño para apreciar un exquisito “Secreto”, unos frescos “Chipirones” o ese laminado de “Tataki de atún”. No debes oír nada cuando estés comiendo. El tenedor no suena cuando el paladar se siente y la cuchara no absorbe cuando resbala el gusto por tu garganta. Deja de hablar, después caerá la primera letra, pero tardará, para dar paso a todas las palabras que tengas que decir a continuación. Casi siempre serán los sonidos los que se adelanten y luego vendrán ellas; pero tardarán, porque se quedan buscando cada una su hipérbole».
Víctor se había ausentado de la ciudad durante un tiempo por trabajo. Estaba de nuevo allí. El lugar era el mismo, tal vez algún detalle en la decoración era diferente, pero mínimo. A él no le importaba si la fila de platos había cambiado de orden o si la columna de vinos estaba en la otra página. Recordaba cada instante que había pasado en este rincón del comedor; primero con su hermano, después con su esposa y amigos, y ahora con sus hijos. Se había dado cuenta que fuera donde fuera de viaje, los sabores le llevaban a la atmósfera de aquel restaurante. Allí podía disfrutar de treinta platos que le harían viajar a treinta lugares diferentes del mundo sin salir de Madrid. Allí comía en familia. Esos buenos ratos… Se sonrió, cogió su copa y saboreó su vino tinto. Comenzó a comer su pizza de boletus sin hacer ruido.


Relato presentado a la convocatoria de "Historias con sabor" Club de escritura Fuentetaja

22 comentarios:

  1. Pues le va que ni pintado el nombre del Club a tu relato porque es una historia con mucho sabor. Esa pizza de boletus, me está excitando todas las papilas gustativas.
    Un relato muy tentador para los que nos gusta la cocina y el buen comer y beber. Y para el resto también.
    Un beso.

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    1. Hola Rosa, gracias. Es un club al que soy ajena y seguidora. Por un lado, no soy alumna de él, pero ellos abren sus concursos a cualquier persona; y allí que me he animado a participar en algunas convocatorias. Está claro que tienen más preferencia sus alumnos; pero no importa, es motivador participar aunque sea por esos "aromas literarios" gracias por el comentario. Un abrazo

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  2. ¡Hola!!!!
    Opino como Rosa, es un relato muy tentador para los que nos gusta el buen comer.
    Besos y mucha suerte en el concurso.

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    1. Gracias Gema, no tengo mucha esperanza en premios por las razones que le acabo de contar a Rosa, pero es una motivación a participar y aprender a escribir. Cuesta expresar las emociones en un documento en blanco; a veces no se consigue decir lo que se siente y creo que esto es práctica y lectura. Un abrazo.

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  3. Un relato evocador y lleno de sabores y recuerdos, unos ligados a los otros para el protagnista. Dicen que si asociamos un recuerdo a alguno de nuestros sentidos es mucho más fácil traerlo a la memoria, que no lo olvidamos nunca. A Víctor le funciona, está claro :)

    Es un relato "delicioso", Eme, nunca mejor dicho. Por cierto que ya estoy salivando de leer sobre esa pizza de boletus, je, je.

    ¡Un abrazo!

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    1. Gracias Julia, siempre es muy grato leer tu comentario. Víctor establece un vínculo muy especial con su hermano y este lugar son de los que sientes como tuyo "el buen servir" es amigo del momento y alimento del instante. Un abrazo compañera

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  4. ¡Qué placer Eme! Se me ha hecho la boca agua, saboreando tu escrito.
    Me ha gustado como has mezclado los sabores y el tiempo con el vivir de la vida, la sencillez hay que apreciarla y disfrutarla esos serán nuestros recuerdos, los que nos harán mirar hacia atrás y sonreír.

    Perfecta sintonía de letras con platos, ;)
    Besos.

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    1. Hola Irene, gracias por los buenos sabores de boca. Yo intento aprender esta lección cada día, suelo "engullir" y ahora que lo pienso... tal vez sea ésta la razón por la que mi subconsciente me haya traído este relato... Un abrazo

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  5. La gastronomía, los sabores y los recuerdos una buena mezcla en un buen relato. Me ha gustado mucho y a mi también me a apetece esa pizza de boletus umm tiene que estar rica. un beso. TERE.

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    1. Hola Teresa, invitada quedas al plato, pues. Un beso

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  6. Hola Eme, pienso que todo concurso tiene cierto aire de injusticia. Un jurado aunque lo intente, no deja de tener su subjetividad. Y luego están la "preferencias", en fin no se escribe para concursar, se escribe como tú por amor a lo que haces y si ganas pues mejor que mejor.
    Y la pizza me vuelve loco de remate, a si que hoy toca pizza aunque no sea de boletus, de jamón serrano también está bien :-).
    Un abrazo y me ha encantado​ tu texto.

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    1. Gracias Miguel, me encanta escribir y compartirlo con vosotros, sois los mejores críticos, aunque bastante benevolentes con mis letras jeje. A ver si algún día me como una pizza de boletus, solo he comido la "fungi",creo que como todo el mundo. Estas exquisiteces... Un abrazo

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  7. Los sabores y el gusto entremezclados con la vida y es que con frecuencia un olor, un sabor, un lugar...nos llevan directos a una época o un momento sin paradas. Es muy potente el poder de los sentidos.
    Apetitoso texto, aunque estoy con Miguel que esos concursos que parecen poco justos me gustan poco.
    Besos

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    1. Hola Conxita, bueno los concursos hay que tomárselos como una oportunidad para crear, una motivación. También se intercambian comentarios con otros participantes y esto también es grato. Visto esto, creo que son las dos únicas razones por la que participo. Lo de ganar... a quién no le gustaría... es otro incentivo. Pero habrá que empezar por saber trasmitir lo que quieres a tu manera y después vendrá lo demás. Ahora entiendo lo del estilo propio, esto se consigue creo con escribir mucho, como un pintor con sus pinceladas. Ostras, vaya rodamiento que he cogido con tu comentario Conxita...jeje. Besos

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  8. Me ha encantado este relato tan bien narrado, con ese estilo tan elaborado que tienes, con esos toques narrativos tan finos y sugerentes. Con toda esta jerga solo pretendo decir que escribes de maravilla y que es un gozo leerte, así de sencillo.
    En este caso, el entorno gastronómico le da un toque sutil y especial. Podría decirse que eres una gourmet de la escritura.
    Un abrazo!
    P.D.- A veces llego muy tarde a leer tus entradas, como en esta ocasión y es que como tu blog es el último de la lista de mis favoritos (están por orden alfabético), pues si resulta que de los 40 blogs que sigo a diario hay muchos antes que el tuyo que han publicado algo nuevo, tengo que acabar cortando la lectura porque el tiempo apremia y me debo a otros quehaceres. Pero hoy me he saltado el orden, pues llevaba días queriendo leer tu post.

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    1. Mi lindo compañero, te comprendo, todos tenemos los días abreviados, ahora yo ando con los viajes compartidos de los blogueros y me llevan más tiempo de lo que parece, pero disfruto mucho elaborándolos. Así que ando desligada de las publicaciones que hacéis los seguidores incluidas las tuyas. Pero no importa, esto es como los "buenos amigos" cuando están, están de verdad, y pueden pasarse tiempo y tiempo sin verse (en este caso leerse). Gracias por el comentario y dejar tus impresiones, creo que desmesurada (me lo voy a creer) eres muy amable. Un abrazo

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  9. Una sinfonía de sabores, Emerencia. Un lugar que para Víctor no es solo un restaurante sino el testigo de toda su vida. Es una temática muy difícil con la que te has atrevido, plasmar en letras los matices del sabor, que este sea el protagonista del relato es algo que, al menos a mi, me parece muy complejo pero que has conseguido de manera excelente.
    Por otro lado, hace tiempo que le tengo echado el ojo a los talleres de Fuentetaja, precisamente uno de los mejores libros sobre narrativa que he leído lo ha escrito uno de sus profesores, Ángel Zapata.
    Un abrazo!

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    1. Hola David, gracias. Tengo en cuenta tu comentario, es una motivación que va más allá cuando se emprende el camino de escribir. No soy alumna del Fuentetaja solo participo en sus propuestas de concurso, para mi son un incentivo a la creación. Pero si tu lo comentas será un lujo recibir clases de él seguro. Pero no creo que participe en las selecciones de los premios, bueno en realidad no estoy muy segura de quiénes están detrás. A lo mejor algún día tengo la suerte de conocer a alguien...de ilusión se vive jeje. Un abrazo

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  10. Qué bueno Eme. La propuesta del concurso te ha servido de gran inspiración. La comida es uno de los grandes placeres de la vida y todos tenemos algún sitio especial al que acudir para comer, como tu protagonista. Es difícil plasmar con letras los sentidos y tu lo has hecho perfectamente. Ahora mismo voy a desayunar, jeje.
    Un fuerte abrazo.

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    1. Gracias Ziortza. Pues nada a saborear el desayuno que ya es hora jaja y si es con diamantes, mejor que mejor. Un abrazo

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  11. Hola Eme, he saboreado cada detalle del rincón del restaurante con Víctor, has creado una atmósfera intimista que cada sentido tenía su lugar. El momento del encuentro, con los recuerdos, con los sabores, con los aromas son una verdadera delicia que nos ha recordado a todos tus lectores, creo yo, que a veces nos olvidamos de saborear los instantes, ese lujo lleno de matices.
    Me ha encantado Eme, un lujo leerte.
    Muchos besos amiga.

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    1. Gracias Xus. Es un relato intimista con un toque de sabor familiar entrañable y un perfil de comensal sabio. Yo todavía no he aprendido a comer ¿te lo puedes creer? Un abrazo

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