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30.8.16

JABALINA PLAYERA






Este verano la novedad playera han sido las figuras hercúleas con mil tatuajes al puro estilo “chinchorro” y también los sombreros, con un sinfín del modelitos, de todas las formas, hechuras y materiales. Aparte de esta moda “tátau” y los gorros (y conste que yo tengo uno de rafia modelo “blond” acabado natural) también están las entretenidas y triviales conversaciones de l@s vecin@s de arena. Pero hay algo que no cambia de un verano para otro: las sombrillas. No salgo de mi asombro como cada temporada veraniega, sobre todo en agosto, se invaden las playas de sombrillas de todos los colores en esas aventuradas horas con un calor de justicia, donde la piel se requema, pasándose por “el forro” cualquier ecuánime consejo médico. Y es que a estas horas no solo hay menosprecio a los daños solares sino también a la integridad moral, incluso diría que física por el grado de calentura verbal que se maneja en la orilla.

Un día de playa de la susodicha ensayista aquí presente:

-9:30 de la mañana (evitando fines de semana) a 29 grados, factor de protección 30, o 50, según que partes anatómicas. Mar en calma. Algunas personas pacientes dispersas con sus sombrillas medio ladeadas, toallas esparcidas a levante,  algunas leyendo, otras caminando en la orilla, nadando,….paz y tranquilidad, bandera verde.




Conforme van pasando las horas, las familias aparecen con los niños, los carritos de bebés y cachivaches varios para el entretenimiento; las parejas de abuelos arrastrando sillas y sombrillas, mesas de dómino, bolsas de playas repletas,.. en fin, todo lo necesario para ese maravilloso gozo de las vacaciones en el mar. Todos se atrincheran en el rincón de la playa “de todos los días” esté quién esté por medio, se lanza el palo de la sombrilla caiga donde caiga. Se empiezan a ver salidas apresuradas del baño placentero ante el asedio del espacio, -¡señora que estoy aquí! –oiga perdone, pero esta es mi toalla, hay más espacio en toda la playa-. Ante tales frases, los allanadores contestan -¡aquí pagamos impuestos todos por igual! a todo esto con un rictus agrio de amarguras condensadas de años. Y con este gesto avinagrado y unas cuantas frases muy cercanas al cacareo del redil de las gallinas, comienzan a “encajar” sillas y afianzar la sombrilla frente a los caretos de sorpresa de todos. Es un momento de tensión a considerar cuando se saca el palo del parasol y ver dónde va a ser lanzado para tomar posición del espacio; si te coge la toalla es lo de menos, lo peor es si te la hinca en el dedo gordo del pie, o frente a la cara, teniendo que soportar no ver los bajos fondos del vecino que se ha apoltronado en el trono frente a tu cara. Atrévete a respirar cuando la gente a regañadientes tiene que ir retirando sus bienes playeros mientras invaden la playa. Arriésgate a bañarte tranquila con esa acritud, sin anestesia ni nada. Las sombrillas comienzan a parecerse a piezas de puzle en una estrecha franja de dos metros de anchura de la ansiada y codiciada orilla. Es curioso, la playa puede estar vacía pero si alguien se ha puesto en un determinado sitio, allí es donde va a parar el siguiente, ahí juntitos y es que la especie humana es gregaria por naturaleza, y esto lo confirma. 





-12:00, mediodía, a 34 grados, factor de protección (mejor salir corriendo) viento de levante, marejada. Alerta. Invasión playera, desasosiego, bandera roja. Cerveza fresquita.

Qué estrés. La gente viene de VA-CA-CIO-NES, con ese grado de ansiedad, tal vez…, ¿serán los nervios del viaje? ¿qué pasa en este país que estas cosas no cambian? El grado de civismo en determinados momentos,… tzk, tzk, es que nos corroe el egoísmo. “Egoístas y descarrilados por antipatía” haría falta zarandear a más de un@ para ponerlo en su sitio, qué menos que respetar el aliento y el sudor ajeno, y más en estas horas. Menos mal que el mar baja la “tensión” ja - ja.  No soy una persona muy valiente para enfrentarme a estos acontecimientos estivales. Soy de las que coge su toalla a las doce, hora oficial; ocho y cuarto, hora sidérea; cuatro y cuarto, hora babilónica y las diez, hora solar, hora más que aconsejable para salir por patas arrastrando el resto del cuerpo dejando atrás la dosis solar y el apacible baño, y aquí no hay avezados consejos que valgan. Mi experiencia es que es mejor no tantear “territorio desconocido” por si te pinchan con la jabalina de la sombrilla y más últimamente, que no estoy para conmociones fuertes. Siempre puedes irte a playas con un acceso más complicado en donde se pueda disfrutar de un espacio donde nadie se abalance y te claven la garrocha en el sombrero; allí en la que la gente esté en la misma sintonía y que naden con la misma ola de alegría.

Y aquí terminan mis momentos reveladores e inspiradores de esta animada exhortación de finales de agosto.








OTROS RELATOS EN BUENA SINTONÍA 





29.8.16

LA ALPUJARRA, ÚLTIMA MORADA MORISCA





Este es el barranco de Poqueira con Bubión y Capileira. Al fondo, Sierra Nevada con su pico Veleta, a 3398 metros sobre el nivel del mar. Al sur de Granada te encuentras estos maravillosos pueblos que están tan cercanos a la nieve pero también, en menos de una hora, llegas a la orilla del mar.

Este es un enclave aislado y montañoso, muy abrupto, que cautiva al viajero y que a muchos nos enamora. En cada estación no podemos pasar sin ir a visitarlo, cambia el paisaje, sus colores y sus matices. 






Una serpenteante carretera sube y baja entre innumerables barrancos y te va descubriendo un paisaje que te abraza, acogedor, salpicado de numerosos pueblos blancos  que están adaptados perfectamente a las curvas de nivel de las faldas montañosas; entre bosquetes de encinas, alcornoques, castaños y pinares. Hay otros pueblos que están entre matorrales dejando ver esa piedra gris plana y brillante tan característica de estos lares y que se desliza a la mirada.


Mecina Fondales y Ferreirola



La Alpujarra es una región con una identidad única. En los avatares de su historia ha hecho que sus moradores, primero hispano romanos luego musulmanes, moriscos y repobladores de distintas regiones de España propicien que se conserve una forma de construir las casas muy típica. Sucesivas guerras, rebeliones y abandonos han contribuido a conservarla. Son declarados actualmente, algunos de ellos, conjunto histórico, como es el caso del Barranco del Poqueira, pero todos ya tienen su patrimonio protegido similar al que pueda tener un Parque Natural. 






Bubión

Un aspecto importante de este barranco del río Poqueira es que es muy
visitado y en parte ha perdido parte de la identidad de su gente que se han adaptado completamente al turismo. 



  



Es tal vez más interesante ver el conjunto de la comarca y adentrarse en otros pueblos y aldeas para conocer otras facetas, la humana; esa idiosincrasia de los actuales pobladores que verdaderamente han apostado por vivir allí, los que siguen viviendo, generación tras generación. 

Hoy día te encuentras emigrantes mayores que han vuelto, hay extranjeros, budistas, escritores, bohemios, músicos, pintores, artesanos, nuevos agricultores,….Un lugar que, para muchos, se ha sobredimensionado, y para otros, es que ya ha perdido su identidad.  Para nosotros, la esencia del lugar permanece allí, es cuestión de verlo con otros ojos y con ese espectacular paisaje para admirar y contemplar tan diferente del que tenemos en la costa. Perderse entre sus laberínticas callejuelas, observar detalles de la arquitectura, de la labranza, de la ganadería, los hornos, las fuentes,...




















Estos pueblos tienen trazados adaptados a las pendientes del terreno y al frío que allí impera. Son características sus casas encaladas apiñadas con tejados planos. “Los terraos " son los tradicionales, están hechos con losas de pizarra de la zona y recubiertos con launa, una arcilla impermeable muy abundante por aquí. Sobre estos terraos, sus chimeneas, con “sombrero” y sus aleros de pizarra que sobresalen por los bordes. Las casas están sobrepuestas unas con otras, comunicadas por calles muy estrechas y por sus típicos “tinaos”, a modo de pasadizos entre las casas que dejan entrever las vigas de madera que lo soportan con losas de piedra. En todos los pueblos y aldeas destaca la sobresaliente iglesia mudéjar con su torre campanario.







Las huertas se ven cercanas al pueblo regadas con un sistema de acequias que se conservan desde tiempos inmemoriales; la mayoría llenan aljibes y fuentes y llevan el agua hasta los lavaderos que suelen estar en el centro del pueblo.

Otro elemento del paisaje condicionado por la topografía, son las “paratas”, pequeños bancales agrícolas que aprovechan el suelo y que constituyen un verdadero pulso a la gravedad (algunas paratas se pueden ver cercanas al precipicio). Se comunican por intrincados senderos algunos esculpidos en la roca por el paso de ganado y la gente. Separando esto minifundios hay pequeños muretes de piedra y no es raro ver alguna que otra era donde antaño se trillaba el trigo.  






En los meses de otoño e invierno pueden verse las mazorcas de maíz, tomates u otros productos de la tierra extendidos sobre los terraos para su secado, o ristras de pimientos rojos  colgadas junto a las ventanas o en alguna que otra chimenea. 

Comprobarás que soy una apasionada de esta comarca. Aquí te dejo todo lo que llevo escrito sobre ella: en las diferentes estaciones, su historia, detalles de las pequeñas aldeas y un escrito recogido en 1920, de manos de un viajero entrañable, Gerald Brenan en su cuaderno de viajes. Un abrazo




 El Baile del Norte, nos habla de esta región en su blog"Pequeños pueblos, latiendo al compás de las estaciones, habitados por una curiosa mezcla de jubilados de nacionalidades lejanas y viudas apegadas a su tierra, que se resisten a abandonar las casas donde nacieron y criaron a sus hijos. Casas encaladas, de un blanco que hiere las retinas de los ojos, balcones en los que florecen los geranios multicolores, calles empedradas que trepan por las laderas y pequeños arroyos de aguas cristalinas alimentados por el deshielo de la nieve de las montañas."


OTRAS ENTRADAS DE LA ALPUJARRA








23.8.16

PLAYA DE BOLONIA Y BAELO CLAUDIA






Este es uno de los lugares más espectaculares que he conocido. Una franja de litoral mediterráneo excepcional. Yo lo visité cuando los prados estaban verdes y la playa estaba solitaria. Un lugar sorprendente, cualquiera diría que es el sur de Andalucía. Una carretera al noroeste de Tarifa me llevaba entre llanuras y pastizales sin perder el horizonte. Cuando divisas a lo lejos la ensenada de Bolonia y su monumental duna entre pinares nunca puedes imaginar el secreto que encierran: las ruinas de una completa ciudad romana situada frente al mar y al fondo el continente africano. 




De los restos romanos de Baelo Claudia lo primero que ves son sus columnas. 




Y ya dentro del recinto vas descubriendo y trazando la ciudad con la vista. 


teatro

Del acueducto al teatro, pasando por sus termas. Caminas por su calzada y muy cercanos a las olas están sus salazones. 


termas






acueducto

salazones

calzada





Puedes sentir el que fuera el bullicioso centro de la ciudad. Lugares donde se administraba justicia, se votaba, gobernaba, se compraba y se adoraba a los dioses Juno, Júpiter y Minerva. Y como en toda ciudad que se aprecie, en las afueras de la muralla, los restos de sus dos necrópolis










Intentas imaginar cómo debieron de sucederse los acontecimientos y cuantos avatares sufrieron estas  piedras, hormigones y estucos. Una ciudad que tuvo una gran importancia por la industria que desarrolló de salazones de atunes y por la elaboración de su codiciada salsa llamada "garum" que a través de su puerto comercializaba hacia el cercano norte de África. 






La ciudad fue desapareciendo en brazos de terremotos y maremotos dejando una estela de historia a orillas del mar.

Testigo del presente y ausente de este pasado se encuentra una hermosa playa de arena blanca. 

Te sorprenderás pero no es difícil encontrar por allí algún que otro rebaño de ovejas y algunos borricos en los prados. Sí, es así, esa autenticidad de los espacios conservados.









Y al fondo la gran duna, monumento natural, una de las más grandes que existen con más de treinta metros de altura, si subes verás como sobrepasa las copas de los árboles. Los vientos de levante depositan allí la arena al chocar con la línea de pinos y con el extremo de la ensenada. En definitiva, éste es de esos paisajes idílicos que se hacen muy difícil de describir y muy fácil de sorprender.






OTRAS ENTRADAS DE CÁDIZ



21.8.16

LA INDIFERENCIA





Creo conocer la verdad de mi vecina, pero desconozco cuál es su auténtico mundo. No hay que ser muy intuitiva para saber que ella, desde niña, solo ambicionó una sola cosa: ser tratada con respeto.
Su minusvalía le hace sensible a todas las miradas. Tiene un brazo que le cuelga como un péndulo sin control, va de un lado a otro cuando ella camina. Dice que lo tiene así desde que su enfermedad se acordó de ella, un convenio al que ha llegado sin ponerse de acuerdo.
Ella tiene una historia que contar, sí hablara,... Es dulce en su apariencia, de mirada serena y sonrisa enmarcada. Pelo blanco ondulado, corto, cuidado. Siempre con amabilidad recibe el nuevo día, lo hace fresco en los matices. Todos los días coincidimos, ella me habla primero y hacemos juntas diagnosis del tiempo: “Hoy el calor aprieta vecina, se ciñen las ventanas”, “vecina mañana tal vez llueva, hay susurros de brisa”, “sabes vecina, dicen los pájaros que se va a levantar un viento de polvo en ropa”, “el mar anda revuelto vecina, fresco en la cornisa”. Con ella he aprendido a poetizar lo cotidiano, yo, una despendolada trivial.
Ella tiene la sensibilidad de escuchar la naturaleza. Acalló rumores hace tiempo, y comprendió que debía de proteger su ser ante las personas. Siempre fue conversadora por naturaleza, pero ha decidido darle la vuelta a las cosas, prefiere hablar con la naturaleza.
Dijeron cantidad de cosas de ella y ¡hablaron tanto!, difamaron su verdadera verdad… Llegaron a decir de ella que era un “mal social”, que traía “mal fario” o que era un “mal estigmatizado”. Las personas atacaron su intimidad por puro morbo.
La causa de su deformidad fue la muerte de un nervio de su brazo que como consecuencia, quedó deformado y perdió toda sensibilidad. Alguien contó que esta deformación fue a causa de una tragedia familiar envuelta en rencor y envidia.
Cándida, que así se llama, con el tiempo ha aprendido a no cabrearse con la actitud de los demás. En su día a día intenta derrumbar tabúes, procura conectar con todo el mundo y sólo habla con palabras dulces. Es todo optimismo, tal vez por esa unión con la naturaleza. Nunca se siente sola, vive los pequeños detalles que los demás olvidamos: el canto de un pájaro, la caída de las hojas, el sonido del mar y sobre todo, la apertura de las flores. Su mayor afición es mirar sus plantas, siempre llenas de flores. Sigue el reloj floral de sus macetas, con los días, las horas, las temperaturas… Mientras cuida las plantas, habla con ellas, les susurra. Yo la escucho desde mi ventana; y mientras la oigo, siempre pienso en lo fácil que es respetar una ilusión.
Hoy me levanté triste, no tenía ganas de hablar, fui la primera en saludar. Con un ¡buenos días, Cándida! me alejé de ella. Cuando volví, Cándida estaba en su descansillo barriendo y tras hablar del tiempo, me dijo que hay que buscar la manera de hacer divertidas las cosas que nos ocurren día a día, no someterse a la estupidez del mundo, y usar el ingenio para vivir.

“Existe un ingenio natural en cada uno (como el que Cándida tiene) del que vemos solo la traza pero… ¿y si cambiamos la perspectiva? Somos nosotros mismos los que hacemos indiferentes a los demás, tal vez por el miedo de convertirnos en alguien irrelevante.


Ilustración de Catrin welz-stein



20.8.16

DILIGENCIAS Y AUTOBUSES





Esta entrada de mi blog la he hecho con la nostalgia de antaño. Cuando viajar era todo un privilegio, una gran aventura, que marcaba la vida de aquellos viajeros de entonces. No todo el mundo tenía entonces esa posibilidad de ver a familiares lejanos, encontrar un futuro o recorrer nuevos caminos.

Un viaje que debería ser todo un acontecimiento. Paisajes vistos desde el pescante con traqueteos infinitos y narices polvorientas y la emoción puesta en la incertidumbre del camino a rodar.

Las diligencias fueron los carruajes que más evolucionaron y las precursoras de los autocares de línea y autobuses interurbanos de hoy.




Cuando vemos alguna imagen de diligencias viajamos con la mente al lejano oeste, a las películas de indios y vaqueros o algún film novelesco. No hay que ir tan lejos basta con desempolvar recuerdos y colecciones de fotos de finales del siglo XIX y nos encontramos con alguna que rueda por caminos de tierra españoles. La de la foto es la diligencia de Alcoy, en Alicante, cualquiera lo diría ¿verdad? 

La diligencia arrastrada por caballos fue el medio de viajar más utilizado por todo tipo de viajeros españoles y estaba muy de moda entre los ricos de antaño. Tenía gran multitud de variantes en su diseño según transporte rápido, trayectos cortos, larga distancia o el tipo de clientela.





La llamaron el ómnibus de tiro animal y tuvo una larga vida, casi un siglo, compitiendo con el tranvía eléctrico y el autobús de gasolina; el ferrocarril la delegó a los caminos secundarios, lugares más alejados de las ciudades donde aún seguiría siendo el único medio de transporte.

La diligencia fue muy popular y clasista. En ella se encontraban todo tipo de viajeros que emprendían una verdadera aventura entre vaivenes, saltos y crujir de huesos. Estaba guiada por un mayoral con grandes dotes en el oficio de conductor y conocedor de todas las triquiñuelas para llegar a su destino entre paradores o posadas. Este orgulloso personaje no solía ir solo, por lo general, iba acompañado por alguien para salvaguardar la seguridad de los viajeros ante bandidos y maleantes. Ya entonces se decía que algunas diligencias poseían indemnizaciones ante casos de pérdidas y extravíos, me imagino que las de la clases más pudientes, claro.




Y hablando de clases sociales, la diligencia tenía un sistema de tarifas para cada una de ellas, entre tres y cuatro, según posibilidades económicas. Se hablaba ya entonces de primera, segunda y tercera clase. Los asientos más cercanos al conductor eran considerados de primera clase, los traseros y los de la baca del techo eran considerados de segunda clase. Las más numerosas tenían hasta 22 plazas y las más rápidas podían hacer hasta 200 km al día.

La intimidad física tuvo que ser un hándicap importante porque ya por esta misma época al alemán Karl Benz le rondaba por la cabeza el primer autobús movido por combustión para que los viajeros tuvieran otras mejores y nuevas “experiencias sociales”.




Realmente a finales del siglo XIX y comienzos del XX la sociedad experimentó un profundo cambio. Los avances tecnológicos sustituyeron la tracción animal por máquinas de vapor y después por motores de explosión. El ómnibus, el todo para todos, ya es automóvil, más cómodo y más rápido, aunque aún seguirían los caminos sin asfaltar y plagados de baches.



Los primeros autobuses siguen teniendo carrocería de madera aunque ya con algunos asientos de cuero. Los bancos del pescante del techo seguirían siendo incómodos y el espacio estaría compartido con el equipaje.









El chófer aún tiene su cabina abierta por los laterales, bueno sí, fue un detalle que se cuidó más adelante, también para darle más intimidad, digo yo. En algunas fotos que he recopilado me ha llamado la atención la publicidad en los autobuses urbanos, un ejemplo de cómo se valoraba su popularidad ya en esta época. 



 



El autobús hispano suiza y los americanos ford y chevrolet fueron las primeras marcas viajeras, hechas a conciencia para sobrevivir a una guerra civil y a una posguerra hasta los años sesenta.

La llegada o partida de estos coches de línea en muchas poblaciones era el principal acontecimiento ¡Qué llega el correo! Aún lo recuerda mi padre que de vez en cuando llama así a los autobuses provinciales. Y es que donde paraba se reunía una gran cantidad de gente no solo a recibir a los viajeros, sino a llevar o recoger paquetes o recados. Para los niños suponía su sueño futuro: viajar en aquel artefacto que excitaba la imaginación y les permitía huir de sus monótonas vidas.




Con las fotos a color también aparecen los trolebuses,
 muy curiosos por cierto


Comentario de El Baile del Norte: "Tengo un tío muy mayor que me contó algunas de sus aventuras en autobuses con gasógeno, justo después de la guerra. Eran tan lentos que...en las cuestas de fuerte pendiente, el motor del coche se ahogaba con el esfuerzo y casi se paraba. Ya contábamos con este problema; bajábamos diez de nosotros y cooperábamos con el gasógeno empujando la camioneta hasta la cima de la cuesta. Durante la época de frutas maduras, mientras este vehículo de Zabala subía renqueante las cuestas, nos sobraba tiempo para bajar de la camioneta, robar la fruta de los árboles de la orilla y volver a subir terminada la pendiente." 




OTRAS ENTRADAS CURIOSEANDO LA HISTORIA 

14.8.16

SOY MAR Y CONFIESO








El pescador está ausente, pero DECLARO que es culpable. 

Culpable porque menea mis entrañas como si no le importara, porque solo me da descanso de meses y yo necesito décadas; por llenar mis fondos de anzuelos y redes y no permitirme arrancar su cable de calar. Culpable por hacer de las gaviotas sus aliadas y por su pacto con los dioses ("te arrancaría de buena gana tus supersticiones y amuletos que alejan mis torment@s"). 




El pescador está ausente, pero DECLARO que es inocente. 

Inocente por haber elegido oficio de vivir para caprichos del tiempo, hoy si, mañana tal vez no. Un sustento que nadie le da y robar no puede. Es inocente porque pacta a diario conmigo; conoce lugares que nadie sabe y que son secretos de confesión ("yo soy el único que ve dónde flotan tus artes"). Inocente porque su paciencia le hace digno, porque en sus momentos de espera juega a la fantasía del dron y del radiocontrol con ese pez volador, con esa aleta. Es inocente porque balizar mi espacio quiere con sus boyas y sus redes, ("iluso, como si pudieras dividir mis aguas"). Inocente porque conoce brújulas, timón, vela y motor. Me conoce casi como a mí mismo a pesar de mis desequilibrios de carácter, hoy poniente y mañana levante. Es inocente porque sus pocas pertenencias las ha visto destrozadas en rocas. Ha dejado que vientos se lleven sus amuras y aletas, proa y popa, y a pesar de ello, levanta su cabeza al día siguiente. Es inocente porque tiene manos marcadas por el roce diario de un trabajo que quema. Inocente por esos largos días sin familia y sin hogar, por aquel familiar que nunca más volverá. 






...."un alegato en favor de los pescadores que ejercen de una forma noble y legal su duro trabajo diario ... y una denuncia a su otro yo, al cazador inmisericorde".  El Baile del Norte

11.8.16

TROVO, FANDANGO Y VERDIALES





Es verano en Andalucía, agosto de fandango cortijero, trovo y verdiales. Vámonos pá Málaga, pá la As(x)arquía con los verdiales, o mejor no, que nos quedamos, en Graná, en Almuñécar, con su fandango cortijero o tiramos pá la sierra con el trovo de la Alpujarra. 

Son festivales, son alegrías. Noche de luna, noche de algarabía. Hay clichés del tiempo donde esta música se fijó y le abrió el camino al flamenco. Quién diría que un fandango fuera la antesala del cante y de este baile, pero ¡ay! que se le quedaron por el camino los platillos, el violín y la pandereta. Solo el flamenco enraíza en el mundo con la guitarra y las castañuelas; y a ese traje montañés de paño de fandango, con ese corset y esas cintas, se le llenaron de lunares, de provocación gitana y de escote bajo. 

¡Danzemos pues señores y señoras, por malagueñas o granaínas! Al compás de la panda y la copla. Y no es cualquier cosa esta modesta música de la clase campesina, que hasta Mozart hizo buen uso de esta melodía en su ópera bufa de “Bodas de Fígaro”.

“Trovadores que unieron la rima para contar lo que siente el pensamiento. Dicen que este trovar es gracia fundida en la luz del sentimiento, es guardar la rima y la medida y cantar en un momento un mensaje de la vida”. 




Antonio Soler Fandango Andreas Staier Harsichord


Versos que forman cuartetos y quintillas octosílabas, sin estribillos. Frases musicales, son cinco o seis las que son cantadas, que suben y en mitad van bajando terminando en una andaluza cadencia. Un cantar solista con sonidos y movimientos que se repiten en el tiempo acompasados. Son secuencias fijas pero que se han ido cambiando con la tradición local.

Plaza de los verdiales. Comares (Málaga)

“Una cuarteta te regalo hoy con rima y todo, pá entrarle al baile, con pájaros pá volar, que de amor hablamos, y con mucho salero y gracia que de los celos y la venganza lo dejamos pá luego”:

“Tú eres paloma torcaz
Y tórtola en el arruyo
Por donde quieras que vas
No hay salero como el tuyo
Ni cara tan resalá”.

¡¡A bailar!! Que aquí el baile es el protagonista y los versos vendrán improvisados. Baile uno, o bailen dos, o bailen tres, parejas o tresillos, que de eso se trata, cuántos más, habrá más aire, más alegría, más salero. Si es uno bailará con la bandera, habilidad y donaire marcando mil filigranas. El tío de la vara, el alcalde-regidor, que mandará como director de orquesta, marcando el tiempo, y al aire con decisión dice quién toca, cuando entra y sale el compás. Ahí va esa vara de mando soltando sus cintas de colores. ¡Orden señores que empieza con ritmo! Que la panda de músicos el violín tocarán, soltando florituras y barroquismos, o si lo prefieren, el mismo laúd para ganarte con la melodía con esos suspiros de Ziryab.  Los acordes del rasgueo, los pondrá la guitarra; y los palillos y los platillos el pique y repique a ese compás del taconeo de ese hermoso pandero.



Baile con la bandera

Dicen que los orígenes se pierden en la noche de los tiempos. Mosaicos de Pompeya (en el Museo de Nápoles) se han encontrado, de panda no se sabe con seguridad, pero platillos y un gran pandero llevan las dos figuras al compás. Hay una forma de tocar muy familiar ¿verdad? Raíces moriscas seguro que tampoco le falta a este fandango y a ese cante aflamencado (como les llaman algunos) típico del folklore andaluz. 

Machado dijo que Málaga era tierra por excelencia “cantaora”, cuna de los verdiales. Transmitida de padres a hijos con un afianzada tradición ( hay festivales por todas las localidades)  y un mundo geográfico-local reducido que ha hecho que se conserve su naturaleza primitiva.




foto archivo google

“En Málaga por diciembre florece la primavera, cuaja el monte de colores las pandas verdialeras con sus sombreros de flores”. Un renacimiento que rayos de sol reflejan, con ínfulas, lazos multicolores.

Destaca del traje de los hombres “estas coronas”: los sombreros de palma adornados con cintas con los colores del arco iris, flores, espejuelos y otros abalorios. Dicen que se remontan estas coronas al pueblo frigio (troyanos) aunque hay quien alude que son romanas y griegas. Estos sombreros son usados en fiestas navideñas, en la fecha de los santos inocentes. También salen las agrupaciones en verano, por San Juan, pero el traje de verdiales se hace más ligero. Sin dudarlo el más bonito y llamativo es el ropaje de invierno. Hay una tradición que se ha perdido y ya solo queda la intención, es una curiosidad que os cuento: antaño cuando llegaba la panda a una cortijada para tocar, hacían notar su entrada soplando una caracola marina, extravagancia, no, solo un detalle de cortesía.


balcón de Comares (Axarquía malagueña)


foto archivo









Hay tres zonas de verdiales: la de Almogía, la de los montes de Málaga y la de Comares. En esta última incluyen el laúd como instrumento. Muchas de las fotos son de esta localidad las hicimos en pleno festival de Verdiales, 23 de Julio de este año.

La temática de las letras de los verdiales aluden a las cosas de la tierra, las costumbres de la gente del lugar, la naturaleza, la luna, el sol, los requiebros de mujer. Todo aderezado con ingenio, hasta con detalles jocosos.






“Hojita de limón verde
y flor blanca de azahar….
sale mi niña a bailar,
Y un rayo de sol se prende
En sus enaguas bordás.”

“Dicen que lo feo se pega,
aunque no es de asegurar.
Pero por si acaso fuera…
¡echa un poquito p´allá,
y arrímate a otro cualquiera!”

“Ni en Rusia ni en alicante
Ni en lo cobije el sol
Vas a encontrar a otro amante
Que te quiera como yo.”

“Qué vivan los verdiales,
Nuestros cantes primitivos,
Y esos “soníos” que salen
de los siglos de los siglos.
¡qué vivan los verdiales!”



 fandango cortijero de Almuñécar (Granada) 

El baile es un ritual (como la mayoría de las danzas) que simboliza la condición pagana del verdial. Una danza tribal, físicamente sugerente, donde las mujeres y hombres dibujan movimientos circulares a modo de remolino, seducción que puede terminar en cortejo y después algo más…

¡Qué viva la fiesta de Agosto! ¡A bailar, a bailar con el fandango cortijero! mira que son las fiestas de mi pueblo, venga esa virgen de la Antigua, la patrona, ¡a bailar, a bailar!



fandango cortijero en la procesión la patrona de Almuñécar, el 15 de agosto




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