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29.5.16

EL CAÑUELO





Hay un lugar donde el atardecer enrojece con unos colores que en pocos lugares he visto. Hacía años que no había vuelto por aquí, algo imperdonable estando tan cerca de esta maravillosa cala. Recuerdo aquellos atardeceres de verano tumbados en la playa con los amigos de la juventud, los de la sonrisa alegre y el brillo en los ojos, con una ilusión fijada en el futuro…







Este rincón del mediterráneo se encuentra en Maro (Málaga). Aquí las estribaciones de la Sierra de la Almijara fueron troqueladas por el mar. Hay salientes y peñones que le dan un perfil muy característico a este paisaje. 

El nombre deriva de manantial, tal vez por que hay estrechos hilos de agua que bajan de la sierra y que se aprovechan en pequeños pozos e incluso andan libres entre carrizales.

Esta preciosa cala del Cañuelo permanece casi natural (algún vestigio humano hay, inevitable, sabiendo como somos). Su conservación es sostenida al formar parte del paraje natural de Maro-Cerro Gordo, un espacio protegido.





Aquí, muy cerca de la orilla, la alcaparra brilla entre lentiscos y amapolas marinas. Un lugar donde la cabra hispánica corretea y te mira descarada, sin miedo, libres por estos parajes cubiertos de vegetación de matorral y pinar mediterráneo. A este bóvido se le puede ver con bastante frecuencia comiendo al atardecer por la parte escarpada cerca de la orilla, o a la sombra de los algarrobos que hay dispersos en bancales, los que un día también se cultivaron. 


Alcaparra (Capparis spinosa)
Cabra montés (Capra pyrenaica hispanica)


Cañuelo es una de esas calas marinas que está escondida entre los acantilados. Se puede ver desde la antigua carretera costera N-340 con sus fondos transparentes entre el Peñón del Fraile y la cala del inglés. La arena tiene un color cetrino y las piedras de grava blanquean la orilla. Solo los días de poniente la oscurecen, cuando el mar arroja millones de algas coralinas envueltas entre la espuma del oleaje. También puedes encontrar algún rastro de Posidonia, de esas pocas plantas marinas que quedan en el Mediterráneo.



foto archivo  

La playa está también abrazada por un par de torres vigía: la torre del pino y la torre del cerro Caleta. Muchas de estas construcciones son del siglo XVI. 



Parque natural acantilados de Maro-Cerro Gordo


Había que imaginarse por esta costa a las galeras de los piratas berberiscos con remos y velas cuadrangulares doblegando las mareas, y estas torres encendidas, iluminadas por las hogueras que se hacían en el interior; y si era de día, entonces se comunicaban entre ellas con una columna de humo. Una a una se veían más allá de los cerros.



Torre de Maro





Estas torres nazaríes (que muchas después se rehicieron) aguantan las embestidas de vientos y de años. Fueron utilizadas hasta el siglo XVIII.






Este trozo de costa como podéis ver es muy especial, conserva el encanto del pasado y la belleza natural de hoy, y esperemos, que de siempre. Un abrazo


25.5.16

DEL CAOS AL BLANCO




DEL CAOS AL BLANCO

Se levantó con un caos en la cabeza, no encontraba el norte.

Con un intento gutural de risa pensó: “Qué curioso, últimamente yo era quién huía de estos textos de refugio personal y hoy mira por donde me embarco en uno de ellos. Siempre pensando que los demás no deberían ser enjugo de lágrimas ajenas y hoy pincho”.Tal vez pensara que si alguien leía su rompecabeza se volvería a componer pieza a pieza hasta que sus dolores y sus temores le abandonaran. 

¿Cómo comenzar a escribir? Quiso recordar versos sin palabras pero es que nunca las tuvo para los que no existían. Jamás escribió una sola sílaba que sintonizara. Había momentos en que solo la prosa le hechizaba. Pensó en construir con palabras ajenas. Rebuscó hojas, frases, párrafos escondidos para unir las suyas. Siempre quiso diseñar sus castillos literarios y soñar con alabanzas de quién, lejano, tal vez comprendiera y quizá casualmente compartiera unos minutos del regazo de sus más de mil seguidores virtuales. Se preguntaba si alguna vez escribiría, si sería capaz de descifrar su pensamiento para esgrimirlo en unas líneas.




Nunca tuvo libros como otros tenían, ni se refugió en bibliotecas, ni aguardó momentos en renglones de plateas literarias. Aun así llegó el momento de escribir con el alma.

Un día en que la niebla entró en su vida, cogió su lápiz y, a pesar de no ver más allá de su malestar, escribió. Con lágrimas turbadas, quiso poner puntada. Pensaba que era el momento de sincerarse con su interior y, con la garganta aún agarrotada, trazó las letras: 

“Qué frágiles son los sentimientos, solo se ven platillos sueltos sin el brazo de la balanza. Cuando la integridad se daña, en un instante quiero pensar en que mis palabras escritas puedan cicatrizar el alma”

Nunca llegué a saber si siguió escribiendo pero al menos intentó engañar su tiempo para ganarle vida a sus palabras. 




El siguiente relato inspirados en estas pinturas es: DEL CAOS AL BLANCO

Las pinturas son de la granadina Elena Laura de su exposición  "verversos" los detalles de sus cuadros buscan el lenguaje. Ella considera que la pintura y la poesía son hermanastras que tienen voz propia y una armonía secreta.


24.5.16

SERES TRANSPARENTES





Este post tiene origen en un encuentro, en un descubrimiento. Ha sido el deseo de compartir momentos como éste, donde te enganchas a escribir y contar. Hace días encontré algo que no sabía muy bien que podría ser y como bióloga más me intrigaba conforme pasaba los minutos. Invité a los compañeros (en este caso fueron compañeras las que respondieron) para que participaran en un “naming virtual” con el fin de encontrar un nombre ideal y a la par poder disfrutar de esta preciosa transparencia encontrada.

Había un de-nominador común, que era “marino”. Ahora tocaba buscarle algo que lo diferenciara del resto de los seres de este medio acuático. Y ha sido ahí donde ha estado el intríngulis.
Tras una itinerancia virtual,  hicimos un “roaming”, para ver cómo podíamos llamarle. Descubres lo complicado que es nombrar sin tocar las cosas y por mi parte, también era difícil transmitir los detalles y características de la “cosa” con imágenes y sin la sensación de ser manoseada. Con cada comentario me estaba convirtiendo más y más en una sinestésica, o sea que empezaba como a oír colores y ver sonidos, y casi (y no exagero) a recordar las sensaciones gustativas al tocar el objeto. Estuve tiempo observándolo, tocándolo y casi llego a sentirla como una gominola en el paladar. Con los comentarios y el poema que empecé a escribir (y que ha sido Sol quién lo ha hecho finalmente) comencé a “sumergirme” en las profundidades del mar. Pero esta guapeza la cambié por hazaña porque ahora tocaba investigar qué cosa era. Al final no lo he resuelto y sabéis, como que no me importa, creo que por primera vez en mi carrera de biología no me preocupa tanto llegar a saber su nombre científico.


Playa de Calabajío (Almuñécar)
Creo que fue Juan Ramón Jiménez que dijo “Naturaleza dame el nombre exacto de las cosas”.
Nosotros los humanos describimos la realidad de lo que vemos y lo que sentimos y de esa realidad viene el nombre. En este caso es Eristal (dado por Rosa Berros, por cierto también bióloga). Es un nombre que le viene como anillo al dedo: forma de erizo yacente y la transparencia del cristal. Los otros nombres dados por otras compañeras han sido recogidos en la descripción poética que ha hecho Sol Elarien y ahí, más adelante los veréis brillando en azul.
“Eristal”,…..Dicen que aquello o aquel que es reconocido por el nombre se dice que posee “buen nombre.”

Este ser transparente ha sido un desenlace narrativo. No solo para contaros toda esta aventura que parece cinamatográfica “Buscando a Nomen” sino porque me he abstraído en poemas y reflexiones ¿por qué? Ni me lo preguntéis. Sintiéndola tan delicada suscita sensación a poesía y dan ganas de describirla con inspiración lírica (qué evidentemente no tengo) y por eso acudí a Sol que ya había dejado en el buzón de comentarios uno de los nombres.
Comienzo por la reflexión.
Viéndola (he decidido que la naturaleza y condición de Eristal sea femenina) me viene a la cabeza un aspecto de la condición humana y me invita a reflexionar sobre ello: la transparencia. Transparencia en la forma de ser y de actuar. Creo que es un valor humano que se está diluyendo. Andamos un poco confusos socialmente. Se mezclan y se funden cosas a la hora de escribir, hablar y pensar que llegan a equivocar, a turbar y a desconcertar.


En el fondo también hay seres que confunden con su comportamiento tal vez por sus vivencias, experiencias y algún aspecto heredable. Pero bueno, no voy a hablar ni de filosofía ni de bioética ni de psicología. Lo que sí percibo en estas personas es indiferencia hacia los demás. El ser humano, queramos o no, transmitimos con nuestra imagen, comportamiento y actitud, y debemos de pararnos a pensar si acaso ¿nuestros deseos y sentimientos se corresponden con el mensaje que recibimos cuando nos comunicamos? Ahora pues, lo de los seres marinos es “peccata minuta” comparada con los humanos ¿Acaso crees que la in-diferencia en los fondos marinos puede causar daño? El ser translúcido deja que pase la luz a través de ellos solo para confundir, un camuflaje con el agua para sobrevivir. Sus formas hacen comprender que tienen la libertad de vivir y quién lo ve así lo comprenden. Su aspecto se mimetiza con su medio, adaptándose a él con formas que solo el agua adora y modela.



Compruébalo, mira de cerca la transparencia. Observa con detalle cada celdilla de nuestra campana hueca, o de ese cuerpo alado del ángel o ese cuerpo aerodinámico del calamar o de la salpa. Son transparentes porque viven en el medio donde se originó la vida.
Bueno, y ahora pasemos a la poesía, al arte que inspira Eristal. Esta segunda parte me distrae de esta otra realidad ya descrita. La expresión artística creo que es el mejor antídoto para males rebeldes.
Edgard Allan Poe dijo: “Si me pidiera que definiera en pocas palabras el término arte, lo llamaría la reproducción de lo que los sentidos perciben en la naturaleza a través del velo del alma”

ERISTAL

Hay lágrimas de mar en la orilla,
lágrimas que lloró el alba
y que enjugaron las aguas
con una esponja marina.
Lamentos de luz que manan
del canto de las sirenas
en un llanto de burbujas
y un eco de brisa y agua.
Cristales de sal, diamantes,
arrancados de la sima
de las profundidades.

En el fondo del abismo,
Oceánida grita.
No llora, nunca volverá a llorar;
la bruja secó sus lágrimas,
la engañó con sus palabras
mientras guardaba su magia
en una esfera encantada.

Llora el agua que era libre
al verse esclava en el seno
de un globo de mesoglea.
Son sollozos prisioneros
en los que aún late con fuerza
un sol que se despereza.
Una campana que guarda
la esencia vital de Gaia,
y late al acariciarla
con memorias olvidadas.

En el litoral hay cuerpos
que ruedan entre las rocas.
Son reflejos de azul cielo
y mil destellos de aurora
que se bañan o se secan
al capricho de mareas;
son reliquias encantadas,
fragmentos de agua cautiva
que al luchar con su destino
flotaron hasta la orilla.
Celdas de lágrimas muertas
que navegaron a tierra
como una flor marinera.
Erizos de sal y cristal
aún yacen en el océano
inermes sobre su lecho.

Un fruto de mar parecen,
tiernos y jugosos granos
de la dulce gelatina
de una granada marina.
Al recogerla en la arena,
solo quise protegerla.
Le busqué un hueco en mi mesa
donde poder estudiar
mi hermosa fruta de mar.
Al mirarte, he de estrujarte,
como una gominola, morderte,
o colgarte en mi ventana
junto a la luz de otra gota
tallada en cristal de roca.

Noto un nudo en la garganta
y en mis ojos brotan lágrimas
salpicadas de nostalgia.
Debes volver a la orilla
antes de que llegue el día
que dejes de ser... un agua viva.



                                               Sol Elarien


 ( las 6 fotos de los seres marinos abisales son bajadas de internet, son fotos de archivo de imágenes de google)

18.5.16

EL CASTILLEJO DEL JARDÍN ESCONDIDO


RELATO ILUSTRADO

Ven, llega, mira, contempla, entra y descubre.


Hoy los pasos se alzaron por caminos y sendas. 

Aquí es donde los moriscos aguantaron escondidos. Vivieron, bebieron y embebieron en lo alto de una peña. Hoy toca descubrir estas ruinas de trazos de historia.



Verás conmigo uno de esos paisajes que nos cuenta historias a escondidas y desvelan sueños del pasado. La historia la oirás acallando voces en una ruina, estarás subido sobre muretes desvalidos, sobre rocas que se encuentran huérfanas de padres. Unos también la escucharon y la seguirán escuchando otros, a la vez que esa erosión avanza y progresa esa quiebra en la cumbre.



 Ven. La historia que voy a contarte es de épocas islámicas. Te la contaré en el camino y te la terminaré allá en lo alto. Antes bajemos por estas calles encaladas de trazado en pendiente. Escucha los murmullos de las fuentes y el paliqueo de mujeres en sus terrazas. Es primavera en una comarca donde las lluvias han ido arrastrando ese dulce aroma de azahar. Los frutales de verano están en su empeño de engordar fruta; los celindos, las rosas y claveles en endulzarte el paso y las buganvillas en adornarte la vista. Bajaremos por olivares. Olivos con pedestales centenarios en campos de amapolas.



Llega al río, escucha la percusión del agua en la roca, desbebe y bebe porque comenzamos ya a coser por la falda de la montaña. Puntada a puntada, paso a paso, iremos juntos cerrando la estrecha senda hacia la cresta, dejando atrás bojes, enebros y brezos. Uf! Qué calor. Poca sombra en este rastro de  pinos.



Mira, atrás queda Guájar Faragüit, el lugar de partida. El “Wa-run” árabe, el “Guaxar” de los cristianos. El Guájar del jardín escondido. Cae por la ladera mirando descarado al sol, enfrentado al Castillejo y proclamando a voces la lozanía de su presente.

Contempla. El paisaje es ahora cuando te habla, oyes, hay silbidos que te acallan ¡shh!! Aquí vivieron moradores de otros tiempos ¿en este agreste sitio? Sí, es un poblado fortificada del Islamismo Medievo; amurallado en la cima del cerro con un baluarte defensivo. No se aprecian apenas murallas ya, pero existieron. Ahí, en ese recodo está la entrada de la muralla ¿la ves?




Entra. Ya llegamos a su embocadura. Una entrada en zig-zag, imagina qué puerta de costado hubo entonces. Estamos en el Castillejo. Un agreste sitio de piedras y roca de caliza blanca, de pinar bravío al viento, de tomillar arrastrado al suelo. Encontrarás una sola calle principal. Aquí, restos de casas construidas con la técnica del tapial. Muros compactados y ventanas y puertas hechas a cincel. Pequeños detalles de mampostería y suelos allanados en roca picada.



Descubre esa estampa de la ventana y esos peldaños de escalera. Sí, increíble ¿verdad? Eran pequeñas viviendas. Apenas una treintena de escasos metros y una doble planta de suelos de cal y cañizo descansando en vigas de madera.
Solo dos estancias para vivir, las que más, cuatro. Habitaciones construidas en torno a ese patio abierto al cielo.
Más abajo el aljibe con su bóveda y ahí, una alberca con restos de acueducto. El río de la Toba, donde siempre brotan manantiales, donde beberían las alquerías y donde hoy bebe los pueblos de la comarca de Los Guájares.


Adiós. Por que aquí termina nuestra historia de olla de barro humilde y alhajas de bronce y plata. Cuentan, dicen que el Castillejo antes de ser ruina se convirtió en mezquita pero,... esa es otra historia.



15.5.16

LE SACAN LOS COLORES..



 A LA ALPUJARRA





No es la primera vez que describo La Alpujarra, los que me seguís lo sabéis. 



 Son los mismos paisajes que conozco, pero me encanta verlos como cambian.




El otoño es espectacular. Viste de maravillosos colores la comarca. 
Es una verdadera paleta con todas las tonalidades posibles que sólo la naturaleza es capaz de dar.














Desde el barranco hasta la alta montaña. 

Los únicos y extensos bosques de roble melojo, arces, cerezos silvestres y castaños brillan entre los pinos y encinas. 
Más hacia los pueblos lo hacen las higueras, membrillos y granados, cerezos y viñas. 
Y en el barranco los dorados chopos, arces y fresnos. 
Y como no, esos majestuosos y omnipresentes plátanos de paseo, abedules, ailantos, alisos, almeces….de las carreteras.



 


Con la bajada de las temperaturas no sólo cambian de colores las hojas de los árboles, también se apagan las maravillosas hortensias que disfrutamos en julio junto a los geranios. Es hora de poda para la floración primaveral. Los tinaos y balcones se quedan solos.


 



 

Se secan los pimientos rojos, se guarda la cosecha de calabazas, a embotellar el vino y a recoger la leña. El caqui aún mantiene algunos frutos en sus peladas ramas y las huertas se quedan vacías.



 



Es tiempo de frío, de usar alfombras y mantas de rayas multicolores: jarapas elaboradas con lanas de diferentes colores. Su nombre se debe a que antaño fue un tejido funcional, una forma de aprovechar telas usadas o harapos.

 

Los numerosos telares de seda dejados por los moriscos fueron aprovechados para hacer jarapas cuyo uso era proteger los colchones de los roces del somier e incluso como manta para la recogida de la aceituna.


foto archivo

Algunas artesanas siguen haciendo demostraciones de cómo se tejía en telares a la antigua usanza a partir de ropa vieja, jirones que se entrelazaban en la urdimbre de hilos de algodón.



Dejamos el valle del Poqueira y vamos a la llamada Alpujarra de la Sierra de la que forma parte Mecina-Bombarón "La Medina del Buen Varón". Allí se encuentra un pequeño puente romano ojival que ha sido casi abandonado. Fue calzada, camino real y ahora es parte del sendero GR-7. Fue paso de la sierra uniendo Almería y Granada y ahora queda escondido en el barranco.






Esta Alpujarra más occidental es una de las principales zonas donde se producen frambuesas.

Me encantan. En las laderas soleadas con suelos esquistosos podemos ver como se cultivan. Suelen ser explotaciones agrarias familiares, una minuciosa mano de obra que empieza en los meses más calurosos del año y termina en invierno. 




De vuelta, nos encontramos con esta fachada maravillosa de color rojo bermellón. Tuvimos la ocasión de verla en verano vestida de verde.
Se trata de una parra virgen, la llamada enredadera de Virginia, la enamorada del muro o la vid de doncella.






Trepa y se agarra gracias a los zarcillos a modo de patas de salamanquesa. 

De sitios tan lejanos como Norteamérica, China y Japón, pintan de color las puertas de nuestro invierno. 

Hojas que pasan del verde brillante a este color que te deja sin palabras. Hay parras con cinco hojitas que producen un fruto llamativo azulado y hay otras como la de esta fachada con hojas más sencillas.



Dejamos ya nuestro recorrido por hoy, cae la tarde, se apaga el día con estos maravillosos colores y para retenerlos grabados en nuestra retina es hora de cerrar los ojos.

Si os gusta esta región granadina y queréis conocerla más (aparte de visitarla) os dejo estas seis entradas en mi blog: