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29.2.16

¿DÓNDE ESTÁ ROMA?


Hola, por fin después de unos meses que visité Roma, he podido rescatar mis fotos de la carpeta. Seleccionándolas solo se me ocurre una palabra: HISTORIA. Y qué mejor fecha la de hoy, 24 de enero, para publicar esta entrada del blog y celebrar el cumpleaños del emperador hispano Adriano, sobrino de Trajano (ha sido una coincidencia). 

Si pretendía enseñaros esta ciudad tenía que ser a través de las páginas del tiempo imperial y de la mano mágica de dioses y dominas. 

Aquí está, mi particular inspiración de esta ciudad. Qué la disfrutéis.


Es Enero de 2016, el mes dedicado al Dios Jano, el dios de las dos caras, el que representa un comienzo y un final. 

Hay un cielo azul donde el eterno Júpiter se aburre. 

La inteligente Minerva lo observa y le hace muecas, siempre sabe cómo convencerle para que ceda a sus caprichos. 

La diosa lleva meses engatusando a su padre para que no suelte ni uno de los nimbos que tanto él aprecia. Lleva un año con Sol en el cielo (esto no pasaba desde 1880 cuando la luz eléctrica iluminó el reino celeste y Júpiter guardó sus nubes y rayos por temor). La vida en el cielo transcurre muy animada.

Hoy Minerva con sus juegos de arte entretiene a Júpiter y a las hijas de Pandora. Están jugando a las dóminas. A las jóvenes les encanta creer que son las piezas de este juego y Minerva las complace siempre. 

 Cornelia
 Verania
Las piezas son bellas estatuas de distinta época romana con delicada indumentaria y peinados sofisticados. Esculturas con el soplo divino de la vida rescatadas por la diosa de cada una de las sombras del reloj de sol de Augusto. 



El tablero de juego está desplegado como una alfombra mágica, es la gran ciudad de Roma. 

PANTEÓN DE AGRIPA


El juego ha comenzado en la plaza de La Rotonda, Verania y Cornelia, yacen en el suelo rodeadas de gente. Miran extrañadas a su alrededor, descubren el maravilloso Panteón de Agripa ( templo de todos los dioses) con su  gigantesca cúpula; y justo delante de ellas, el obelisco de Heliópolis. Oyen a duras penas el murmullo del agua de una fuente que antes no existía. Es mediodía y el aire huele a extraños perfumes. El miedo, la perplejidad les cautiva. Hay una muchedumbre a su alrededor pero… que extraño, escuchan un silencio irreal en la plaza y la gente no repara en ningún momento en ellas


No hay soldados romanos, ni senadores, nadie viste con toga,….  Se levantan, intentan caminar y entonces perciben que son invisibles a la realidad del lugar, excluidas del ir y venir, de ese caleidoscopio viviente de gente en continuo movimiento, de los clics de las cámaras, de los gritos, de los selfis,…
Verania mira sus sandalias de tacón, se levanta, e incluso siente que su caminar es extraño. El suelo no es de losas reticuladas de basalto y travertinos, son adoquines. Verania sigue con la mirada un pequeño reguero de agua que llega hasta las escaleras del templo. Frente a las columnas hay dos carros tirados por caballos, se sonríe.  Se acerca pero, no ve a nadie que le resulte familiar ¿dónde están los oficiales de caballería? ¿no hay esclavos que estén aguardando? pero ¿tampoco hay palanquines? 


La dómina Cornelia se ha quedado petrificada (más aún si cabe) se tapa los ojos para comprobar si todo es un sueño. El gentío la asusta, recuerda la inseguridad que tenían las calles de Roma y corre hacia el vestíbulo de Panteón, bajo las columnas, abraza su cuerpo sintiendo su palla y su colorido chal bordado. 


Verania, está patidifusa, rodea el edificio mirando las casas que están junto al Panteón, las ve diferentes, el color, sí, no es el color blanco-crema de las fachadas que ella conoce. Encuentra un edificio amarillo que le recuerda a las insulae romanas pero ¿dónde están los muros de arenisca? hay luces y cristales en las ventanas… No se ven ni criados, ni obreros, ni albañiles en los últimos pisos. No hay aguadores subiendo agua a las casas. Ni nadie tirándola por la ventana. No hay letrinas en las calles. Los caldereros y sus martillos no se escuchan ¿dónde están los comerciantes de Oriente y las casas de patricios con sus hermosos peristilos junto al templo?


Ya en el pórtico, Cornelia abraza la columna corintia, siente como su fuente de rizos roza el frío granito egipcio; mira asustada hacia el arquitrabe del atrio e invoca a Venus, se adentra a la sala circular del Panteón buscando la diosa. Gente, gente por todas partes, pero ¿y sus dioses?…. ¿quiénes están en sus altares? 


Minerva con sus acompañantes observan a través del óculo de la bóveda. La luz de Sol se desliza brillante por los casetones de piedra volcánica porosa, ven todo lo que ocurre dentro. El gentío mira hacia arriba haciendo caso omiso a su alrededor,  como si de la bóveda celeste se tratara, la contemplan extasiados.
Verania acaba de entrar, se pregunta qué ha ocurrido, sabe que el Panteón sufrió varios incendios y casi quedó destruido pero, se reconstruyó para celebrar la victoria de Augusto sobre Marco Antonio. Algo insólito ha pasado….

CALLES DE ROMA

Las dóminas salen del Monumento, atraviesan las calles de la ciudad.







Aligerando el paso, mirando a su alrededor, no creen lo que ven ¿están en Roma? Esas callejuelas, pasadizos y arcos.... Hay detalles de este entramado de calles estrechas y pequeñas plazas, como esos patios escondidos con sus olivos y sus vides. Las dóminas reviven momentos.




No hay candiles de bronce dorado, hay farolas. Las casas ahora son coloreadas, con restos de columnas e inscripciones romanas en las fachadas que le son tan familiares, como esas trepadoras que caen entre las ventanas y los restos de ruinas romanas que aparecen en cada rincón de la ciudad. 







Deben subir a alguna colina cercana para ver Roma. Verania propone subir primero al mirador de Laniculum (colina de Gianicolo), un lugar fundado por el dios bifronte Jano. Andan deprisa, se encuentran con algo que les asusta ¿qué son esas luces, ese eco? Son autos, son motos. 


Suben las escaleras, una gran fuente de mármol aparece ante sus ojos (la fontana dell´Acqua Paola) pero, ¡si aquí había un acueducto! Corren por una alineación de pinos piñoneros hasta que se abre un gran claro ante ellas. El eco se hace silencio......


MIRADORES DE GIANICOLO, AVENTINO, PINCIO

¿Dónde está Roma? La ciudad del mayor imperio, el museo más bello de arte y arquitectura. Sólo se ve a lo lejos las ruinas de un circo, no, es el anfiteatro de los gladiadores ¿dónde están los colores de Roma: el blanco, rojo, verde y oro? Los tejados verde-oro de los templos y edificios imperiales. Los cuarenta arcos de triunfo, sus doce foros, sus cien templos y sus once acueductos con su millar de fuentes. No se ve nada de los bosques sagrados, los campos cultivados, ni los jardines públicos, solo apenas trazos de pinar….el corazón se les encoge, lloran abrazadas, mutismo.


La diosa Minerva había puesto en el tablero dos nuevas damas elegidas por las niñas: Son Virginia y Claudia, que al caer gritan; una busca su móvil, la otra casi pisa sus gafas ¿se habrán roto mis gafas graduadas de loock working? Virginia la manda callar. Ven a  Verania y Cornelia y han escuchado que hablan de una Roma que ya no existe. Virginia tras presentarse les cuenta que Roma sigue siendo eterna en su historia y en su arte; en ella hay muchas Romas, es ecléctica, y es lo que están viendo. El arte ha permanecido pero se ha creado a partir de los restos de otra Roma que existió antes. Claudia les comenta que su Roma fue la de la toga y el palio, después vino la de los peregrinos de la época medieval y después la del cinquecento y la barroca. Les describe las cúpulas, iglesias, basílicas, monumentos, y otros muchos que no se ven como fuentes y escalinatas. 


 Cornelia no llega a comprender como desapareció la hermosa ciudad encendida del imperio donde Sol iluminaba las blancas columnas y los frontones de bronce dorado ¿dónde se han ido sus miles de estatuas de bronce, oro y marfil?


Claudia le cuenta que en el siglo XVI Roma se convirtió en cantera. El Papa Julio II reestructuró la ciudad, hubo una expoliación, una demolición de mármoles, columnas y capiteles; muchos de ellos convertidos en cal para hacer ladrillos y mortero.



Las dominas transforman su cara entre asombro y cólera, pero ¿nosotras qué evocamos ahora? ¿a quién representamos? ¿acaso algo que ya no existe? Somos una obra creada y moldeada para exhibirse, nuestra actitud atrae la inspiración misma. Somos vínculo y narración, somos momento....


Virginia las tranquiliza. Y es así, les comenta. Sois nuestra inspiración ahora, sois la estética del Renacimiento y el Neoclasicismo. 

Siempre habéis estado presentes, representáis la vitalidad de todos los tiempos. Siempre en Roma.

Os llevaremos a un lugar donde permanece el espíritu de vuestra Roma, donde nace y donde muere parte de la historia, es en el Palatino, en Los Foros y en El Coliseo.





Las cuatro damas marchan hacia la colina del Palatino es el origen de la ciudad y es donde se tomaron las decisiones que más influyeron en la historia de la Europa Mediterránea y parte de Asia.

Verania les pregunta si hay cerca unas termas para lavarse. La negación de las damas del siglo XXI les aflige. 

Roma tenía grandes termas que parecían villas, lugares para el esparcimiento y la mente con bibliotecas, ( “Mens sana in corpere sano”) fuentes monumentales revestidas de mármol y mosaicos. Toda la ciudad estaba siempre cubierta de una niebla matutina que marcaba las siete colinas por la actividad de las calderas.















No os preocupéis, que aún sigue siendo la ciudad de las fuentes.

Atraviesan el río Tiber pasan por el mausoleo del emperador Adriano y por el Pons Aelius (puente de Sant Angelo) ahora llenos de estatuas de ángeles. El río ya no tiene sus marismas donde los cangrejos se escondían en los cavernáculos de la orilla.


Cerca de aquí vivía Cornelia, junto al estanque central del cenáculo (apartamento). Lo describe con nostalgia. Tenía grandes ventanales para la luz, dos jarrones de flores sobre una mesa de madera exótica. Las paredes lucían en vivos colores, anaranjados, azul celeste o rojo pompeyano; una de ellas tenía un paisaje pintado con las musas de Apolo. A su mente le viene la mesa redonda de mármol de patas felinas con una pequeña Venus. El suelo de elegantes mosaicos en blanco y negro de basalto. Los mosaicos de colores de pastas de vidrio y mármol policromado con figuras humanas o de animales. La cocina humeante con el hornillo de bronce……

 sigue la historia en 



7.2.16

QUIERO SER VENCEJO





Quién ha dicho miedo, eso es porque no conoces a los vencejos.

La autoestima se te subiría a lo más alto, al filo de las pestañas, cogerías el plumón de tu cama lo desplumarías contra la pared y te harías un traje con él, abrirías la puerta y saldrías volando. Hemos nacido para volar!!! Ya lo dijo Dante. Y este es el momento de pensar en quién o qué nos hace volar.
  
Pronto tendremos con nosotros a esta ave, en la primavera, para quedarse todo el verano. 

Pintura de Francisco J. Hernández

Cuando llegue prepárate para volar junto a estos aeroplanos alados. Al atardecer con ese ir y venir, mezclados todos en el cielo, con golondrinas y aviones, y chillando de gusto!! Sabes, la longevidad siendo vencejo se alarga: comes la mitad, andas (bueno, vuelas) el doble y chillas (te ríes) el triple.

Esa silueta de hoz, cortando el azul del cielo, verdaderos cazas (no de guerra) de insectos, con una precisión asombrosa. Una boca de embudo para chillar y tragar, tragar y chillar, y….¿ a que no sabías que lo hacen en el aire?.. la cópula que va a ser, que síiii. Qué precisión amigos míos.


Dicen que no existe la perfección, bueno eso es porque no se conoce bien a los vencejos. Son una autoridad en el aire. Su forma aerodinámica está admirablemente evolucionada y es tan eficiente que os sorprenderéis de todas las cosas que os voy a contar.


Pintura: Vuelo de vencejos de Giacomo Balla

No solo se aparean en él, también duermen. Os imagináis, soñar en el aire,… Ahora comprendo a Frida Kahlo cuando dijo “pies, para que los quiero si tengo alas para volar”. Ni dolor corporal, ni cefaleas, ni depresiones, ni insomnios, ni ansiedad,….. todo desaparece volando y soñando en el aire.


Ahora viene lo más fantástico, cuando se van a dormir no lo hacen cerca de la tierra (y tal como están las cosas por aquí, mejor irse más lejos) empiezan a subir, todos juntos, en círculos, ayudados por las corrientes térmicas del atardecer. Suben, suben hasta los dos mil metros, allí su aleteo se hace más lento, la noche los abraza en lo más alto del cielo y con esa inercia del giro, se duermen. De un aleteo de diez movimientos por segundo a hacer siete.

Para volar así habrá que renunciar a todas las cosas que pesan y además, conseguir el nirvana, con "karma" porque hay que ser capaz de mantener activo un solo hemisferio del cerebro, mientras que el otro permanece dormido. Sencillo. 

Pintura: Trayectoria de movimientos aerodinámicos. G.Balla

El vencejo se considera adulto a los dos años, bueno algunos son más precoces y salen de la soltería el primer año y hay otros que se le puede alargar varios años, todo el tiempo soltero y volando sin parar (al menos se divierten dando vueltas).

Como viajera, uhm, quiero ver todo desde allí arriba en el cielo celestial, hacer largas distancias, cruzar continentes, desprenderme de las barreras que me oprimen en la tierra, terrenal. La aventura la consigue el vencejo yendo liviano, ya sabemos que lo material amarra, la culpa ahoga, el rencor oprime, la libertad,….te da alas.


Pintura de: Francisco J. Hernández


Estas aves migratorias no necesitan brújula, ni GPS, “¿pá qué?” su navegador viene ya incorporado en su cerebro, sino ¿cómo harían un viaje de 9 meses volando sin parar? Sólo bajan del reino del aire para incubar sus huevos, hasta el material de sus nidos (plumas y vilanos) lo cogen al vuelo. Aquí es cuando tienen su particular “juego de tronos” por conseguir su rendija, alero, cornisa, resquicio, risco, talud, muro y atalaya. Si encuentras alguno caído y esperas que salga volando mal lo llevas. Son aves de altura, solo allí cogen impulso para volar. Su nombre “Apus, apus” lo dice todo, es “ave” cien por cien, sus patas están atrofiadas totalmente. 

Hay un tiempo para extender las alas y cuando lo hacen,… África: desiertos, montañas, mares,… El viaje hacia África central (dónde siempre es primavera) Os imagináis, más de tres meses viajando, de seis a once mil kilómetros: Liberia, Mali, Senegal, Camerún, Uganda, Tanzania, Kenia, Zanzíbar,… Ida y vuelta de España a África y viceversa.


Pintura de G.Balla

 Si encuentras un vencejo al final de su vida, piensa en un epitafio, dirá mucho de ti (y del vencejo) te dejo algunos:

“Aquí acaba mi viaje, veintiún años de buenos momentos”

“No estoy muerto, pensad solo que duermo”

“Fui vencejo, nadie es perfecto, pero superé mi miedo a la altura”

Nadie conoce mejor a las aves que quién las dibuja, quién pacientemente las mira, las observa con detalle, pinta su silueta y dirige su vuelo en un papel con el trazo de un pincel y de un lápiz. Mi agradecimiento sincero a este pintor e ilustrador naturalista y colega de profesión: Francisco J. Hernández. Si queréis conocer su magnífica obra os invito a ver su página: http://avestrazosgaleria.weebly.com/

Pintura de: Francisco J. Hernández

OCASO





Todo viajero busca su atardecer. 

Pasar del hemisferio visible al no visible como hace el sol. El astro maravilloso va bajando por el horizonte y a su paso se van acentuando los tonos rojizos. El cielo va haciéndose cada vez menos azul para dar paso a esa policromía.
Ese momento del crepúsculo, donde lo colores avivan el cielo llenándolo de mil matices. Ese amarillo, anaranjado, rojizo y violeta. 

Es considerado en sí un espectáculo y un momento de sosiego. Algunos de ellos es éste que os muestro, los que me conocéis sabéis que guardo más. 

Es posible que desnude mi alma porque he captado el instante mágico del día. 

Tengo predilección por los atardeceres marinos, creo que el lienzo del mar con sus gotas salinas hace que sean más espectaculares.

Es el momento en que los rayos de sol atraviesan esas gotas de agua, ese polvo nebuloso de la tarde, esa refracción de los rayos de luz como si de un arco iris se tratara.

Los rayos de tonalidades rojizas, anaranjadas, son los que llegan sin desviarse de su camino, son los primeros en llegar a nuestros ojos.

El ocaso representa realmente una despedida, el crepúsculo; por eso intentas cerrar los ojos para impresionar tu retina y mantener esa foto impresa en tu interior.

Cuando cae la noche volvemos a iluminar el cielo. Encendemos velas, hacemos volar farolillos de papel queremos que vuelva a brillar el cielo.