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18.10.16

CINTAS DE CELADA





Lo blanco era negro. No hacía viento, pero ese mar estaba vociferando a la orilla y dejaba su saliva pegada en la cara. Ella estaba impávida, quieta, y sus brazos se ceñían a su pecho. Su figura se encontraba frente a frente a esa inmensidad de agua, intentando que los pensamientos que le rumiaban se fueran por un instante de su cabeza. La espuma de ese mar se deslizaba por la arena oscura hasta inundarla. La mirada se le quedó colgada en aquel instante. La decisión se iba a descargar como una pieza de dominó. 

Había tenido una sombrilla de colores que giraba siempre a su alrededor, todo le había ido acompasado: familia, trabajo, pareja, amigos... y ahora, se enfrentaba a una enfermedad que le hacía sentirse culpable, machacada. Ese azar invisible que la rodeaba había dictaminado. Estaba entre dos veleros, uno de ida y otro de vuelta, sin motor, a expensas de un viento impasibleEl mundo se le derrumbaba y la mirada seguía ausente en ese mar que socavaba en la orilla, que arrastraba las piedras y dejaba herido todo el margen de la playa. Una marea negra la arrastraba desde que su pecho, yuxtapuesto a su cuerpo, se quedara a expensas de pruebas, venenos, irradiaciones y mutilaciones. Estaba inmersa en un vendaval de sentimientos, emociones y contradicciones. Ahí, frente a ese mar, empezaba a sentir desprecio por esa parte de su talle que se había revelado contra el resto de su cuerpo. Un mecanismo de lucha y defensa puesto en marcha en una guerra que había comenzado a desabrochar su sujetador… Ahora se daba cuenta de la seguridad que esta sencilla prenda de vestir le había conferido desde que la usó por primera vez. Su torso, su identidad como mujer, se disgregaba como esa lava volcánica que toca el agua; masas nodulares que se reproducen en sus pechos por una llamada desacertada, por una alarma de un desafortunado reloj biológico. Gránulos celulares que crecen como un ramillete de frutos a la espera de caer poco a poco y dejar libre las cintas de esa celada.





Sabía que se le escapaban esos reflejos que le hacían ver la transparencia de las cosas, el brillo del cristal en un vaso medio lleno, esas sombras de los encajes adornándole el pecho; había perdido el sabor de cada líquido y sólido, pero sabía, QUERÍA, que fueran sólo destellos engullidos de una etapa de su vida. Ella, sin asomo de miedo, caminaba sobre un suelo carbonizado con paredes que dejaban respirar al resto de su vida, que a pesar de ese amarillo guardaba reflejos de verde esperanza. Superada las marcas de la alopecia inducida, se enfrentaba ahora a ver montañas nevadas con la ilusión de poder algún día abrigar su vida y seguir conduciendo su trineo.


21 comentarios:

  1. Me ha impresionado tu relato, Eme. Qué brillante manera de escribir sobre una enfermedad que, como el mar, se lleva por delante muchas cosas, algunas de las cuales no se aprecian en el momento en que se tienen.
    Toda una reflexión preciosa para este octubre rosa.
    ¡Un besazo!

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    1. Gracias Chelo, un abrazo grande compañera

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  2. Un relato sin duda duro ante una enfermedad muy dura a quien le toca, gracias por describir los sentimientos tan bien. un beso. TERESA

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    1. Hola Teresa, gracias, solo intento comunicar, concienciar. Un abrazo

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  3. Un relato impactante escrito con maestría. Qué forma de manifestar la angustia y la esperanza ante un drama tan personal. me ha encantado.
    Un abrazo.

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    1. Hola Josep Mª, me alegra verte por aquí, sobre todo por tu percepción como hombre. Es una enfermedad que la sufren mayormente mujeres pero los hombres no pueden quedarse al margen. El cáncer se vive como enferma y como cuidador, es el momento en que una mujer necesita más que nunca sentir todo el apoyo de su compañero. Un abrazo

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  4. Un relato precioso para un mar mareas negras que se lleva la vida de quien lucha por mantenerla firme. Apoyamos con eso lazos rosas para que la lucha no sea en balde.

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    1. Gracias Mamen, un abrazo grande compañera

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  5. El mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos (Casablanca).

    A ella el mundo se le derrumbaba y se acogió al verde esperanza, a la ilusión por vivir, al reto de enfrentar la azarosa enfermedad.

    Profundas y esperanzadoras letras llenas de sensibilidad que son una caricia para el alma.
    Bonito homenaje para todas las guerreras en lucha, un gran abrazo Emerencia.

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    1. Gracias Miguel, al igual que he comentado anteriormente, me alegra que haya comentarios de compañeros (hombres) al respecto. El sufrimiento es muy grande no solo por el daño físico de la enfermedad sino por que "herida" de la integridad femenina,verse mutilada de esta forma y verse frente a la mirada de un hombre con todo lo que conlleva. Un abrazo grande

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  6. Es impactante y magistral tu relato. La vida se derrumba frente a ese negro pozo tan personal que lleva a la desesperación, solo se necesita un tiempo para sentir que la esperanza nunca hay que perderla...

    Un inmenso abrazo

    Un inmenso y cálido abrazo.

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    1. Gracias Sneyder, qué alegría verte de nuevo por aquí. Un abrazo

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  7. Precioso tu escrito. Con una sensibilidad y una ternura enormes.
    La forma de enfrentar esa enfermedad es con valentía, esperanza y mucha fuerza y tu relato lo expresa todo de maravilla. Y me ha encantado la comparación con el mar y la lava...
    Un beso.

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    1. Gracias Rosa, un abrazo grande compañera

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  8. Emoción en estado puro en cada una de tus letras, Eme. Qué bien describes, valiéndote de imágenes llenas de fuerza, esos complicados y terribles sentimientos que sobrevienen cuando una enfermedad de tal gravedad hace su aparición en la vida de cualquier mujer.

    Brillante y hermoso, triste pero optimista: así me resultaron tus magníficas letras.

    Besitos de miércoles, guapa.

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    1. Gracias Julia, un abrazo grande compañera

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  9. Precioso relato, muy apropiado para el día de hoy.
    Un abrazo.

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    1. Gracias Kirke, un abrazo grande compañera

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  10. Emerencia, qué decir... vida de sacrificio y miedo, pero hay algo que siempre nos debería acompañar y es la fortaleza a seguir, en este texto nos lo muestras.
    El mar como sanador con su reflejo optimista y esperanzador.

    Muchos besos, :)

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    1. Gracias Irene, como tu bien dices, qué decir, un abrazo compañera

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