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8.9.16

LA HABITACIÓN FLOTANTE






Siempre pasaba frente a este edificio de camino a casa. Volvía de la oficina con el ronroneo diario de lo que había sido la agotadora jornada laboral. Acercándome al número 4 de la calle Sister, el impulso de mi cuerpo se empezaba a ralentizar.. Y aquí, justo aquí, se paraba. Esta inercia ¡paf! me hacía olvidar todo cuanto traía en mi mente. Admiraba las balconadas corridas en el frontal y las contraventanas de madera blanca, su filigrana en las barandillas y ese portal de entrada. ….Una entrada con un viejo escalón de mármol gastado en su parte central. Era la nota principal del tiempo: miles de pisadas de entradas y salidas y de esperas en días lluviosos y fuerte viento de terral. Y un día, ya no pude evitar mirar adentro… Traspasé la enorme puerta de madera y entré en el zaguán. Había unos dibujos infantiles en ambas paredes que me recordaban los de la pastelería que solía frecuentar con mi madre. Una puerta acristalada con esquinas caladas y detalles grabados daba paso a la intimidad del edificio. Esta entrada también era abierta. Delante había un viejo ascensor y una escalera de mármol blanco con un pasamano de hierro pintado a juego. Había un gracioso detalle de madera al comienzo de subir, era un angelote sonriente… Casi podría pensar que al mirarlo me quería contar un secreto.


 


Con esa invitación volví a mi casa. Pasaron algunos años, años en que la crisis económica dejó mella en mi empresa. Me quedé sin trabajo y por esa suerte casual (aunque yo pensaría más bien causal) volví a este portal. Comencé a trabajar en el 4º piso de ese bloque de viviendas de la calle Sister. ¿Qué influjo, reflujo, embrujo me llevó entonces a entrar la primera vez en este zaguán? Porque desde el momento que empecé a trabajar aquí mi vida cambió. A partir de ese instante me vi muy diferente de cómo era. Siempre me había considerado una mujer bastante aburrida, apática, negativa. No sé si fueron las escaleras de mármol, el angelote, las paredes altas de mi lugar de trabajo o las contraventanas… alguno o todos me habían corrido las cortinas a una vista diferente de mi vida. Subir y bajar era un pulso divertido y estimulante. Yo siempre subía por las escaleras, saludando a ese ángel sonriente; saltaba de dos en dos los estrechos escalones. El impulso de darle más ritmo a mi corazón antes de acometer la tarea diaria. Me resultaba un ejercicio físico mañanero de lo más completo, me renovaba el aire de mis pulmones. También me era divertido encaramarme a mi trabajo tocando la suave barandilla e ir cliqueando todos los viejos interruptores de luz de cada piso. 



foto archivo


Pasado el tiempo, descubriría que el ascensor (el que tenía olvidado hasta entonces) me cambiaría la percepción de la realidad a pesar de que al principio me produjera un gran rechazo. Podría decir que este ascensor me recordaba a la madera de los féretros antiguos y serios con olor a podredumbre y medicamento de una vida que empieza a agonizar. Hasta que un día me fijé en él. Lo miré con mucho más detenimiento. Sus detalles. Su cartel de subida y bajada… esa media esfera de reloj que marcaba el número de pisos. Traspasé la cabina y miré dentro de la caja. Sus molduras, la lámpara en su interior, su espejo y su silloncito. Una pieza de arte, por donde no había pasado lija por sus maderas, conservaba toda la pátina original. Estaba diseñado para decorar. Un ingenio y un artilugio que subía a personas (y paquetes como no) pero que además estaba creado como una sala más de una casa. Parecía una habitación flotante. Un capricho costoso, muy acertado en su tiempo, exclusividad de gente antojadiza que dejaba en los pisos bajos a las personas más menesterosas y como no, al portero. Pertenecía a esos tiempos en que no se dependía tanto del fluido eléctrico, había gas, incluso carburo y acetileno. Y ahora, por increíble que parezca este noble cajón es la razón de que existan rascacielos.

 
foto archivo


Cada vez que entraba y me sentaba en su viejo sillón salía diferente. Si entraba triste salía sonriendo, si entraba enfadada con solo abrir su puerta ya cambiaba mi expresión: Bastante, mucho, más, menos, poco, algo. En su interior frente al espejo, el tiempo era como si fuera hacia delante, (en medio), detrás (atrás). Había algo mágico, el tiempo terminaba deteniéndose. Mi reloj dejaba de hacer tictac. Al principio era algo sorprendente, no me lo podía creer. Pero con el paso de los días se estableció un vínculo especial con aquel ascensor. Era ya una visita obligada. Después de terminar mi jornada laboral entraba en aquella salita especial y me dejaba llevar….Cada día ocurrían cosas diferentes, veía situaciones inesperadas de toda la gente que había subido y bajado. Me había convertido en un testigo de cuántas situaciones puedas imaginar. Vi personas y personajes, animales y animalajes. Escuché de todo. Palabras y palabrerías. Pedos y pedanterías. En su interior se habían tramado divorcios y se habían fraguado sueños de casados. En las paredes podías ver escritos lamentos y sollozos, fechas y fechorías, se escuchaban gritos de alegría, de orgasmos, de miedos y supercherías. A unos les había dado un infarto, a otros una bajada de tensión.


 
foto archivo


Este elevador, que bien podía ser una invención de Arquímedes (“Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo”) me tenía como hipnotizada. Cuando pulsaba sus botones era como si subiera y parara en un rellano del tiempo. Un día no quise parar y me dejé llevar por un viaje donde me perdí más allá del último piso. La luz se apagó entonces, la media esfera dejó de funcionar y el espejo se esfumó. Me di cuenta entonces que mi rutina y la vida que había llevado no era más que un artilugio de esa maquinaria imparable del tiempo, recobré mi consciencia y salí de ese SUEÑO. Había estado encerrada en aquella caja a-temporal donde perdí mi reloj de pulsera. Al fin, era libre, logré adueñarme del secreto que había guardado el inventor dentro de aquella habitación flotante: SUBIR Y PERDER LA NOCIÓN DEL TIEMPO.



16 comentarios:

  1. Me ha encantado el relato y como describes todo lo que esas casas de hace un par de siglos pueden transmitir y evocar. ¿Habías publicado antes esas fotos? Yo ya las había visto. Son preciosas.
    Un beso.

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    1. Hola Rosa, gracias por compartir esta habitación y subir en este ascensor del tiempo. Es un relato antiguo, lo rescaté, tal vez por eso te suena las priemeras fotos. No sé si a ti te ocurre, pero a veces cuando me vuelvo a encontrar con mis palabras no las reconozco. Apenas un año que las escribí... Los relatos también evocan momentos, esos en los que los creas, escrupulosamente indagas sin darte cuenta,.. Tal vez sea bueno mantener distancia con ellos para que maduren las palabras. Un abrazo

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  2. Ha sido con un "dejà vu" pero en lectura. De todos modos no estoy seguro de que el texto sea igual al que publicaste tiempo atrás.
    En cualquier caso, me ha encantado como me encantó la lectura del anterior.
    Un abrazo.

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    1. Bienvenido de nuevo Josep Mª, gracias por tus amables palabras, siempre es un placer. Sí, me volví a por él, lo encontré, y me hallé de nuevo yo...con él. Un abrazo

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  3. A veces es necesario reunir el valor suficiente y apretar el botón de ese ascensor que nos haga perder la noción del tiempo.

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    1. Hola Norte, sí, tal vez necesitamos esos momentos cuando nos invaden los temores y los miedos. La mente y los sentimientos, esta sincera combinación, que nos hacen parar el tiempo ¿para qué? para ausentarnos.
      Un abrazo

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  4. Cuando entras en un edificio antiguo que conserva la decoración antigua y bien conservada, refleja y perdura el paso del tiempo y piensas en la gente que ha vivido en él, te puede evocar más de mil historias y tú has escrito este relato maravillosamente. un abrazo

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    1. Gracias Mamen, sí estos lugares son evocadores, no hace falta musa, hasta los mínimos detalles te hablan al oído, abrazos

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  5. El botón del ascensor es todo un símbolo... Excelentes descripciones que hacen del relato un viaje en el tiempo del reloj y el de su principal protagonista.

    Un beso grande, Eme!

    Fer

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    1. Gracias Fer, sí ese tiempo que nos atrapa día a día que nos engulle y digiere..; una habitación así y además con vistas sería genial. Un abrazo

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  6. Bonitas y cuidadas las descripciones de tu relato que hace que me sienta impregnada de todo lo que puede contar ese edificio, ese ascensor y ese dejar volar la imaginación con todo lo que los objetos nos pueden contar si aprendemos a escuchar.

    Las fotos muy bonitas como bonito ese sueño atrapado por el tiempo.
    Un abrazo

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    1. Hola Conxita, un alegría verte de nuevo. Gracias eres muy amable. Es un placer siempre hacerla volar, aunque no siempre acompañan las musas, eso también es verdad. Un abrazo

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  7. El edificio es una preciosidad y merecía un relato como el que has escrito.
    Melilla es uno de los lugares emblemáticos del modernismo en España y fotografías e historias como ésta me hacen estar como en casa.
    Me alegra haber leído este relato al volver de vacaciones. Ya nos iremos viendo.
    Muchos besos

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    1. Hola Macarena, bienvenida, espero que tus vacaciones hayan sido geniales por ese mundo que siempre nos traes, espero tus viajes, que no serán pocos, seguro. Gracias por el comentario. Más besos jeje

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  8. Pues yo es la primera vez que leo tu relato (claro, hace poco que visito tu blog) y me ha gustado mucho. Tiene ese espíritu evocador que los viajeros (yo también me uno a esa pasión) descubrimos allí donde otros no ven más que un viejo edificio. A mí me encanta pasear por mi ciudad (cualquier ciudad) contemplado e imaginando en fachadas, portales, ventanales, balaustradas. Magnífico el momento que narras, y cómo lo narras, en el penúltimo párrafo. Y magnífico ese mensaje del tiempo detenido. Yo dejé de llevar reloj hace muchos años, sabes, cuando decidí que no quería ser esclavo del tiempo más que lo justo y necesario, ja, ja. A veces la contemplación no detiene el tiempo, sino que lo alarga hacia otra dimensión. Muy bueno tu relato. Enhorabuena
    Un abrazo

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    1. Gracias Isidoro, como me alegra tu estimulador y agradecido comentario, dan ganas de escribir sin parar. Ese párrafo también es de los preferidos por la autora ;)) de los que han fluidos solos en esa habitación. Un abrazo

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